Quiero un golem

Extraño ser poeta. Ahora que mandaron una convocatoria para bloggers-poetas se me metió una basurita en el ánimo.

Cuando tenía 15 años escribía poesía horrible que me hacía sentir la muy mala, la muy subversiva. Como que tenía en mis manos un secreto o un golem de tierra diminuto que jugaba solo conmigo.

Entonces leo que hay eclipse de luna. Los periódicos madrileños explican que será visible desde América (también) y me dan ganas de ser poeta-blogger, poeta mala malísima, para lanzar mi golem hasta mi casa y estar allí y ver la luna con la gente que quiero.

Estar en mi casa un segundo, ver cosas con ellos y luego regresar a este café internet aquí en el barrio de Chueca, donde puedo extrañar mi casa a gusto.

***

Pues claro que me importa. He notado que mi blog se empieza a volver aburridísimo.

Y aquí en Chueca me acabo de dar cuenta por qué: estoy dejando entrar esa oficina en mi imaginación. Chueca es el barrio gay de Madrid y algo tienen los gays (dolor enterradito debajo de todo ese oropel barato) que me conmueve profundamente.

El paralelismo entre el baile espontáneo de los veracruzanos en Tlacotalpan y los cantaores de esquina en la frontera de Chueca y Lavapiés me devolvió algo que había querido poner a dormir.

*** 

O quizás haya sido Goya, el dios Goya y este perrito que se hunde en la arena indefenso. O que no está indefenso, pero que mira hacia el cielo (un eclipse de luna o a su amo que pa’l caso es lo mismo) como sabiendo que va a morir y que está solo y que no hay ni habrá nunca nadie en ese cuadro.

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Magnetic words

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(Sin acentos y solo para iniciados en esto de Feisbuk que apenas entiende nadie todavia)

Hasta ahora el Facebook me parecia un quita tiempo bastante regular. Pero ayer descubri las magnetic words.

No hay nada mas divertido que regresar a tu casa y que alguien haya movido las palabras de tu refri virtual.

Es extranio. Lo grandioso del jueguito es que te limitan: hay un cierto numero de palabras, muy pocas, y con ellas debes ser capaz de decir algo.

A veces hay que reconocerlo: los corrales, los barrotes, las fronteras te hacen mas libre.

Un puntito

La semana que viene me voy a un viaje laaaaargo y previsiblemente intrincado comisionada por este mi bendito trabajo. Un tour por más de diez ciudades que inicia en París y termina en Barcelona. Cuánto por abarcar. Cuántas cosas que ver y cuántas por, eventualmente, olvidar.

Hace rato, la chava de la oficina de turismo española me señaló algunos puntos en el mapa. Mientras ella circulaba la palabra ‘Oviedo’ yo me acordé de algunas cosas que he aprendido este último año viajero.

-En cualquier lugar que no conoces, eres un mosquito queriendo salir por el vidrio equivocado. Ahí está la ventanota abierta, pero como estás muy chiquito no la ves.

-El síndrome ‘soy un mosquito, qué desesperación’ echa a andar una extraña necesidad de desconfiar, echa a andar los prejuicios pero también los amores repentinos. Uno se enamora de una silla en un café internet, de cómo sabía la primera sopa que te tomaste bajando del avión. Hasta del primer precio en la primera tienda que, obvio mosquito tonto, era el mejor.

-Ni la primera tienda, ni la primera sopa son “cognoscibles” (como el ser). Mucho menos “revisitables”. Son como tus primeros amores. Estás condenado a tomarlos como mediducha de todo, como una reglucha de madera. ¿Así serán de aleatorios todos nuestros parámetros?

-Una ciudad es muchas cosas, tantas, que tú mosquito güey sólo tienes chance de conocer una calle, un café internet, un rinconcito, una puerta, un taxista y un dependiente de abarrotes.
De eso hablas cuando todos te preguntan cómo te fue. Hablas del dependiente y del taxista y de la puerta. Cuando mucho de la calle.

Cuando la chava de turismo señaló ‘Oviedo’ pensé: “¿Qué conoceré esta vez de Oviedo? ¿Qué calle, qué taxista, qué pasto, qué café internet?

Luego cerró el mapa y yo me sentí, como siempre un puntito.

Los feisbuks

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(Corbata de 8 bits tomada de Boingboing.net)

En esta editorial de élite, la gente lleva un mes que se comunica vía Facebook.

No está mal, tampoco es como si tuvieran cosas muy interesantes que decirse. Cuando mucho es preguntar qué antro está bueno, dónde te compraste esa chamarra, ya viste que este güey disfruta su fama impunemente, hagámosle la malhora

Mi generación ¿disfruta? de una variedad sorprendente de relaciones:

-Los carnales del blog: coblogueros, blogstars y uno que otro que todavía conoció en lo que ahora llamo “El desierto de lo real”. Puedes pensar que el blog con 30 comentarios es el más popular, pero esto no es necesariamente cierto. En la red hay harto voyeur. 25 comentarios pueden llegarle más fácilmente a una chava cuyo discurso esté claramente sellado con el ligue o a un ‘extra’ (esa gente que blande su conozco-gente-famosa-y-puedo-ayudarte-a-trepar).

-los contactos del Hi5: amigos de amigos, compañeros de la prepa, gente que no haz visto en 10 años y no tienes la menor intención de ver. En realidad sólo lo conservas para ver ‘en qué anda’ esa ex novia que te sigue gustando y cuya foto vieja es síntoma de tu propia vejez.

-los ‘vampiros’ en el Facebook: mucho güey ¡con ondiiiita gooey! En esta etapa aún experimental entre el alto pedorraje capitalino, todavía hay mucho exxcritor, mucho güero, mucho artista. En un par de meses el Facebook pasará de moda y la Condesa virtual encontrará un mejor time-waster. (Y si, ya tuve que abrir el mío porque el bombardeo estaba cabrón).

-los fans del MySpace: básico si eres creattiiivo goeey. Músico, pintor, cineasta, diseñador, fotógrafo, locutor, periodista, escritor. Si no tienes un buen fan base en el Maiespeis no rifas.

-los compañeros de banca del Messenger: lo que una vez sirvió para comunicarse con tus familiares en el exilio, hoy funciona para hacer la cita de “a qui hora comemos gooeey?” con el tipo que se sienta justo a tu lado. También nos relacionamos en un intercambio medio idiota de “holas como estáses” sin sustancia con personas a quienes no dedicaríamos ni 10 minutos por teléfono.

-los amigos telefónicos: con los que “putaa, a ver cuándo te dejas ver” es un eufemismo para decir “te guardo cierto cariño pero tengo cientocincuenta cosas mejores que hacer que oír tus tarugadas, incluyendo rascarme mis partes, así que ahí cuando me case igual hasta te invito”.

Y estas son nuestras relaciones sencillas.

Difícil hablar de la que tienes con tu pareja, con tu mamá, con tu terapeuta, con tu gato, con tus cds, con tus libros, con tus escritores favoritos o con aquellos a los que extrañas y quieres pero también te joden y ya no puedes volver a ver.

***

No quería hablar de lo que hace con nosotros la tecnología. Me acompleja la idea de que me oiga algún ‘dueño’ del cyberpunk, a saber, Naeif Yehya y sus carnales.

(Lo bueno es que Yehya, a pesar de los sueños húmedos que todavía albergo de mi postadolescencia oscura, no lee El Taza. Yehya entraría en mis relaciones imposibles de explicar, por ejemplo.)

La dictadura de la juventud

“…no vamos a detenernos a cada frase, pues si el mundo existe desde hace mucho tiempo, ningún hombre puede estar seguro de que acabará la lectura de este libro antes de la destrucción inevitable de la Tierra.”

 (Extracto de un texto de Jean-Claude Carriere que amablemente señaló este amable señor en un reciente post. Aquí el texto).

No quiero espantar a nadie, pero ser joven, duuh, no es lo mejor que te ha pasado.

-¿Que teníamos menos responsabilidades? Eso está por verse. Las que teníamos no eran ni siquiera NUESTRAS. La jefa nunca dejó de recordarnos que “nuestra úuuuunica obligación era ___ (llene aquí el lugar común que usara la suyita)” pero por alguna razón nunca la cumplíamos. ¿Por qué? Pos porque no sabíamos para que servía limpiar nuestro cuarto, estudiar, lavar el trasto, tratar bien a las visitas, etc.

No cumplíamos nuestras “únicas” obligaciones porque carecían de sentido. Ahora, al menos, sé exactamente para qué me paro temprano.

-¿Que nos divertíamos más? Ja. ¿A divertirte le llamas nunca tener un pinche clavo en el bolsillo para entrar a una librería/comiquería/tienda de discos y comprarte lo que te da la gana? ¿A divertirte le llamas tener miedo de hablarle a una mujer/hombre que te gusta; a paniquearte cuando alguno te mandaba al diablo; a tener que aguantar las tarugadas de tus so-called friends porque te daba miedo no encajar en ningún otro lado?

-¿Que éramos más hermosos? Ja. Por supuesto que éramos más hermosos, pero no lo sabíamos. ¿De qué diablos servía? Pensábamos que un barro en la nariz era terrible, la panza, los brazos flacos, los pelos parados…

Desde el reino de la juventud no se contempla lo que sí te da la edad: poder sobre ti mismo, el único poder que vale.

Cualquiera con dos dedos de frente se opone tarde o temprano a la dictadura de la juventud.

Dirán que no nos queda de otra, sobre todo los lectores de menos de treinta. Pero ya cambiarán de opinión.

Ok 1.: Es lindo tener 23 (sobre todo cuando te mantienen. Sé de mucho que no tuvieron tanta suerte) pero no es para tanto. Dejen de latiguearse cuando cumplen 30. Juro que luego vienen cosas más interesantes.
Ok 2. Acepto que extraño echarme una chelas en el auto destartalado un amigo dando vueltas por la colonia, pero creo que todavía podría hacerlo, si quisiera, la semana próxima. Nomás que… no quiero y como dice un amigo, (a quien la adultez me trajo y también me quitó) ¡qué bueno!

Me besó me besó me besó me besó me besó

Quisiera mantener una pizca de dignidad aquí, pero la dignidad no va muy bien con nosotros los die-hard fans.

Ni modo, otra vez fuera calzones y así, sin malicia, quiero contar como se siente cerrar un ciclo, realizar un sueño y que te tiemble hasta la cola cuando ves a tu héroe de toda la vida.

Fui besada (besuqueada ilustra mejor lo que me hicieron) por el todavía hija-de-putamente-guapo-inteligente-dulce-astuto Mr. Neil Gaiman.

No sólo eso, además estuve a 30 centímetros (bueno, tal vez 50 o 60) de su conversación con Matt Groening. Ahh, se me olvidó también besé a Matt Groening.

Como dijo Gaiman un poquito antes: eso es lo bueno de ser yo. (Claro, él se refería a levantar el teléfono y preguntarle a Ray Bradbury si le importaba que usara una referencia suya, pero igual, se siente lindo poder decirlo aunque uno, mortal que es no tenga el celular de Ray Bradbury).

Dioooos.

Me tembló la voz, me dolió la panza, se me aceleró el corazón, el aliento, la imaginación.

Me trataron tan bien que me invitaron un vaso de agua o un refresco. Dije que no, por supuesto. No puedo creer lo ñoña que soy para aceptar cosas que me dan. No puedo creer lo tímida que soy, lo físicamente enferma que me puede resultar la verguenza de sólo ser yo y sentirme encuerada frente a gente lista.

En eso estaba pensando cuando el dueto ¨abrióse¨hacia miguelita y me invitaron con el cuerpo a platicar.

Baba de perico para ellos, cosa del backstage, entre actos, para ellos.

Puuuuf.

Para ellos. Yo sí que me estaba (pardon my french) meando.

Como en automático le dije a Groening sobre la familia mexicana, de cómo los Simpsons de pronto se le parecían y se rió mucho.

Es un hombre gordito, canoso, con sonrisa franca y ojos cabrones.

Risa y risa. No sé exáctamente qué chingados dije (o cómo lo dije), pero los hice reír a ambos.

Puf, puf, y más puf.

Mañana sigo contando. Ahora debo irme. Usted solo debe saber que hoy voy a dormir como un recién nacido, con un beso de Gaiman y otro de Groening en la mejilla izquierda.

Puf.

Hablan los muertos

Hay días que los muertos no callan hasta que uno reacciona.

Es mejor que hablen, por cierto.

Si el ‘medium’ es además un amigo tan listo que lloras, tanto mejor.

Ayer recordaba cómo se consuela uno de niño, cómo somos nuestro único pañuelo posible después de llorar. Cansados de desear (juguetes, la atención de papá, a otros niños), moquientos, con ojitos entrecerrados y cara de incomprendidos nos encerramos en el baño. En ese momento creemos que es para odiar discrecionalmente a los demás, pero el odio se olvida pronto, olvidamos lo que deséabamos y alzamos la cara al espejo para hacer muecas. Es la primera vez que uno se cae bien solito.

Es la primera vez que se hace humor, la primera vez que descubrimos el placer de las cosas futiles. El rito del consuelo propio es semilla de notas musicales y de versos, hervidero de fórmulas químicas y gestos de generosidad.

También allí comienza el dolor… ‘De todosmodosjuantellamas’.

Pues bien, ayer pensaba en eso y cuando revisé mi correo me desarmó un muerto, me dijo “arriba las manos”, me llenó de orgullo y de amor por los demás. El nombre del muerto importa, pero no tanto como el medium del que hablaba unos renglones arriba. El EP revivió a Herr Doktor para nosotros y no quise que nadie se lo perdiera. El medium dijo esto ayer:

El téorico del consuelo: (copiado a mano de su propio librito por Yours Truly, nomás porque eres tú)

“The life imposed on us is too hard for us to bear: it brings too much pain, too many disappointments, too many insoluble problems. If we are to endure it we cannot do without paliative measures. (As Theodor Fontane told us, it is impossible without additional help). Of such measures there are perhaps three kinds: powerful distractions, which cause us to make light our misery, substitutive satisfactions, which diminish it, and intoxicants, which anaesthesize us to it. Something of this sort is indispensable. Voltaire has distractions in mind when he ends his Candide with the advice that one should cultivate one’s garden; another such distraction is scholarly activity. Substitutive satisfactions, such as art affords, are illussions that contrast with reality, but they are not, for this reasons, any less effective psychically, thanks to the role that the imagination has assumed in mental life. [el énfasis es mío]
-Herr Doktor Sigmund Freud, “Civilization and Its Discontents”, 1930.

(Lo pongo para aquellos que no revisan los comments, era imposible perderse éste).

Luego revisé y el buen medium lleva hablando de eso algún tiempo. Así que llevamos platicando, sin saberlo, con el mismo muerto durante meses. Sus reflexiones se pueden leer aquí.

Me tomo la libertad de reproducir un fragmento de su extraordinario post en One Hundred Bars, en el que además, se da el lujo de hablar de los nombres propios, uno de mis temas favoritos.

“Se sabe, nos dice herr doktor, de las tribus que prohiben pronunciar el nombre de sus muertos, por temor a que renazcan y vuelvan a caminar entre los vivos, que pensaban que ya los habían dejado atrás. El exorcisimo es siempre una tentación, pero no soluciona nada. Todos nuestros nombres nos habitan y lo harán por siempre. Si me pudieran ver como realmente soy, sus ojos mirarían todos mis nombres, el cuerpo como mapa. Me he dado cuenta que es mejor así, mostrarlo, encararlo, aceptarlo antes que esconderlo. Somos nuestros nombres y no hay modo de negarlo…”

Más que mandar un cebollazo, la neta estoy sorprendida. Ernesto es un medium que todos necesitamos leer.

Crueldad

Pocas cosas tan crueles como una noche poblada de mosquitos.

Debe haber al menos igual número de textos dedicados al tormento-mosquito que a las guerras. Sobre el desvelo-por-animal-zumbante se me ocurren al menos dos:

El buenísimaonda… /Pican, pican los mosquitos, / pican con gran disimulo, /unos pican en la cara /y otros pican en el cu… hasta Mosquitoes, la segunda novela de Faulkner.

Creo que nunca terminaremos de preguntar exactamente qué parte del plan maestro universal cumplen los cabrones moscos. Para esto está la literatura, creo. Para saber qué parte del plan maestro cumplimos todos o qué parte pensamos que cumplimos, porque, después de muchos libros, uno acaba por preguntarse ¿cuál plan maestro? ¡He sido engañado como un chino!

Y como mosquito zumbante que ya picó, el pensamiento vuelve a detenerse, da una vuelta con la panza cargada de sangre, ¿y si los dichos contra chinos forman parte de ese plan maestro? ¿Y si el mosquito me fue enviado por el hacedor del plan maestro para escribir sobre él?

En fin.  Algún sesudo estudiante de letras ya habrá hecho una antología. Seguro Harold Bloom le dedicó un año a este tema, suena probable.

***
Por la mañana escuché en el radio a una pobre chamaca de 19 años a la que el novio había botado el día anterior, tenía gripa y para colmo, los pinches moscos le habían picado toda la cara.

Hinchada, botada, cuerpo cortado, desvelada, triste y mocosita. Mendigando canciones a los locutores más mamones que ha dado este país.

¡No sean manchados, pónganle su canción de Porter!

Me dieron ganas de abrazarla fuerte.

Enséñame a pecar

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(FOTO de Dante para ilustrar la ubicuidad. Nada que ver con este post, pero no tenía algo con qué ilustrarlo y ¿a poco no le quedó chispa?)

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El FICCO 2007 se quedó cortísimo.

Películas que nunca llegaron, invitados jetones, problemas técnicos (producto de la flagrante desorganización), énfasis en tarugadas.

La manchadez de Cinemex Antara fue mayúscula. Algunas películas estelares se mostraban en las Salas Platino, con un sablazo de 96 pesos. ¿De qué hablan sucios? ¿100 varos por una peli? ¿Pues cuánto le van a dar al director? El cinéfilo promedio también iba a pagar estacionamiento, palomas, el capuchino de la novia y otros enseres. Hijos del diablo constrictor.

Y qué decir de la bella locación. Lo intenté, lo intenté. Intenté no sacar mi rencor social, pero acabé en un altercado con un estúpido escuincle fresa que se metió en la fila. No tengo nada contra la Ibero, quiero decir, nada contra el edificio. Los ladrillos (ni los jesuitas, en el mejor de los casos) tienen la culpa. Algunos maestros, tampoco tienen la culpa. La estupidez de algunos ‘pudientes’ no es más que un síntoma pustular de cómo esta sociedad surdefeña se cae a pedazos. Tenemos lepra carajo. Hasta que no nos corten una mano vamos a aprender.

Para ser fieles al sentido común, debo decir que hubo cosas rescatables del Ficco. Una película silente del cineasta canadiense Guy Maddin narrada por Geraldine Chaplin (a quién hi-ho, fue un lujo entrevistar). De no ser porque casi le rompen los tímpanos a la pobre. Los master technicians del Teatro de la Ciudad hicieron la broma de prendernos aquellos indispensables micrófonos ya empezada la función y en las orejas.

Por ahí vi a la Paula Astorga. Ups. No me saludó. Ojalá ya no se acuerde de cuando la felicité por su embarazo. “Ya lo tuve”, me contestó con cara de Frankenstein. Ups. “Bueno, pero hace poco ¿no?” “Si, hace cuatro meses”. Ups. Ups. Ups.

Que metida de pata chingao.

En fin. Que valga este chiste para hacerle sabe a la gente del Ficco que siento mucho lo que le dije a Paula Astorga, pero ella debería sentir más hacerle esto al público mexicano.

Así se van deteriorando las cosas. Así se juega en este país al ‘compromiso’, así se hizo el PRI, el PAN y el PRD. De puras buenas intenciones perdidas en el tiempo. La corrupción mis queridos cineastas wannabes, dueños de periódicos, reporteros, administradores culturales, no empieza, como Fox les hizo creer, por la mordida en el semáforo. Empieza con un ‘qué tanto es tantito’ y justificando la desorganización. Por ahí me dijeron (un reportero, nada menos): ” Oooo, pus es que todo quieres, es México, no Cannes”.

Apuesta tus pompis que quiero todo. Y lo quiero ahora. Pus qué.

El FICCO fue un festival insuperable los tres primeros años, el que se merecía esta ciudad con todo respeto y amor por tantos hambrientos de cultura, pero si no nos quejamos, el que sigue será un verdadero timo.

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Otra gran gran gran peli, gracias Paula Astorga, (ahora que me perdone la vida) o a quien la haya traído, del realizador taiwanés Tsai Ming Liang “No quiero dormir solo”. Si un día la cachan, dejen cualquier cosa, incluso a la novia, para ir a verla.

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Chtsssale. Se murió Pompin Iglesias. No me lo diga, no me lo diga, no me lo diga.

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Ah y no sé si lo había dicho antes, pero ahí les va de nuevo: la terapia gobierna. Con la que se sienta detrás del diván soy casi tan sincera como con los lectores del Taza. Y eso ya es decir.