Parcial, como siempre

No hay mucho qué hacer, la vista es pincheparcial, subjetiva, un viaje son unas cuantas cuadras, el aeropuerto, el coche que rentaste y el mesero que te tocó.

¿Qué pasaría si me tocara ser turista en esta ciudad?

¿Cómo volverla ajena para volverla a conocer?

Si algún día encuentro la fórmula, la patentaré para salvar matrimonios.

¿Cómo volverlo ajeno para volverlo a conocer?

Iuuu.

Bien, lo que quería decir es que por ahí me pidieron que contara un poco más del viaje a Sudáfrica y les adelanto un poquillo, sobre este viaje, este país, estas ciudades, de la primera forma que pude entenderlas: a través del cine.

Acá mi colurrrna pa Chilango (print), con la que intenté ordenar este extrañísimo viaje a Johannesburgo:

Cine y realidad, cuando se tocan

Tengo una vida paralela donde vivo de viajar. Cuando voy a un lugar donde se hizo una película, siempre busco locaciones importantes—tengo el recuerdo prístino y románticamente doloroso de la primera vez que pisé el Bradbury Building en Los Ángeles, reconocido por cualquier buen geek cinéfilo como el inolvidable set de la secuencia final de Blade Runner (Scott, 1982) y donde ahora se ubica una callada estación de policía—. Acudo a ‘pagar mis tributos’, a ver la diferencia entre lo narrado, lo filmado y la chata realidad por donde pasan personas normales como yo, hormiguitas a plena luz del sol que nos revela democráticamente feos y sin chiste. Recientemente pude ir a Johannesburgo (Jo’burg, como le llaman sus habitantes de cariño) donde próximamente se celebrará la Copa Mundial de futbol y comprobé que no todas las locaciones lo son. Me explico: en esta ciudad ocurren dos películas indispensables estrenadas el año pasado: District 9 (Blomkamp, 2009) e Invictus (Eastwood, 2009). Ambas, a su manera, hablan de nacer en un lugar donde no es que las razas y las castas se odien, es que ni siquiera se miran. En los restaurantes y en las plazas comerciales los colores no se mezclan; el apartheid está muy fresco en la memoria pues hasta 1994 se celebraron las primeras elecciones abiertas a los negros. Para entender Johannesburgo es necesario ir al escenario de District 9, que existe y se llama Soweto, el barrio donde viven esos ‘prawns’ (así se les llama a los camarones en Sudáfrica y así les llamaban a los extraterrestres en District 9), una multitud de grupos étnicos de raza negra que ni siquiera se sienten identificados entre ellos —en Sudáfrica hay 11 idiomas oficiales, sólo para darnos una idea de la diversidad—. Todo es paradoja allí: una Copa del Mundo organizada por blancos que siempre han preferido el rugby como deporte estandarte, exactamente como lo retrata Eastwood en Invictus. Blancos que han conseguido ser la primera sede africana (el continente negro) para la Copa del Mundo; que han construido estadios espectaculares, con dinero manchado de la explotación y el exterminio negro, uno de ellos muy cerca, por cierto, del barrio de Soweto. Por la forma en que está organizada esta ciudad, da la impresión de que los negros, el 80% de la población en su mayoría de clase baja, disfrutarán del futbol como turistas en su propia tierra. No tengo idea si la gente asiste al cine con ánimo de reflexión social, pero eso no importa: a veces las películas no preguntan, sólo derraman realidad mancha-manteles que no puede lavarse con ningún detergente. También por eso es vital que empiece a haber buenos cineastas en México…aunque ese es otro cantar.

Cielos

No fueron las cebras ni las jirafas ni el barrio-ghetto de Soweto, ni el inglés raro, ni una nación entera arreglando la casa para cuando lleguen las visitas en menos de un mes, ni una nación entera borracha de emoción que apenas se atreve a pensar en la cruda de cuando la próxima copa del mundo termine y ellos queden con el peor dolor de cabeza del mundo.

Fueron los cielos de Sudáfrica lo que me dejó boquiabierta.

Aquí algunos:

Viajes con Herodoto y el buen Kapu

Como mi memoria apesta, para recordar cada viaje debo vincularlo con un libro. Jordania fue Jerusalén de Gonzalo M. Tavares.

Sudáfrica es “Travels with Herodotus” de Ryzard Kapuscinski. Para una que aspira a nunca ser turista en tierra visitada, Kapu es un gran transporte. Justifica esta locura de viajar para visitar los grandes zoológicos humanos pues, como Herodoto, piensa que sin nuestro reporte, toda esta memoria se irá por el caño del tiempo.

“Herodotus sets himself a most ambitious task: to record the history of the world. No one before him ever attempted this. He is the first to have hit upon the idea. Constantly gathering material for his work and interrogating witnesses, bards, and priests, he finds that each of them remembers something different –different and differently.

Moreover, many centuries before us, he discovers an important yet treacherous and complicating trait of human memory: people remember what they want to remember, not what actually happened. Everyone colors events after his fashion, brews up his own mélange of reminiscences. Therefore getting through to the past itself, the past as it really was, is impossible. What are available to us are only its various versions, more or less credible, one or another of them suiting us better at any given time.

The past does not exist. There are only infinte renderings of it.

Travels with Herodotus, Ryzard Kapuscinski, Vintage, 2007.


Los libros que uno se lleva

Iba en el avión, no podía imaginar que en Jordania me iba a nacer la necesidad del silencio.

Saqué de la mochila Jerusalén de Gonzalo M. Tavares, una edición nuevecita de Almadía que muestra en la portada superpuesta la ilustración de un tipo bigotón, un doctor caricaturesco, cayendo de espaldas desde un edificio viejo.

Ese doctor se llama Theodor Busbeck y dice cosas como esta:

“El próximo siglo será el de la seriedad, o bien perderemos todo lo que llevamos conquistado… Si seguimos gastando nuestra energía creativa en divertimentos inútiles, en prostitutas y chistes fáciles, no tardará en surgir otra especie animal, más circunspecta e incapacitada para el buen humor, que en poco tiempo se adueñará de nuestras principales instituciones”.

Busbeck es  el personaje que mete a su mujer a un manicomio y después le quita el hijo que procreó con otro interno. Busbeck es quien racionaliza sus visitas a los puteros, el doctor con una carrera intachable, el hombre que lleva décadas tratando de trazar la historia de la violencia, pues cree que algunos pueblos están destinados a ser emisores o receptores de violencia y no hay nada que hacer al respecto.

De cierta forma el Doctor Busbeck tiene razón: a dónde quiera que vayas encontrarás, como un agente infiltrado, uno de esos mutantes que nació con el sentido del humor rebanado ocupando uno de esos puestos que antes pertenecían a los humanos.

Se nota sobre todo en las garitas, las casetas con vigilantes que rara vez te miran a los ojos, no los vayas a hacer reír.

Por suerte, muchos de nuestros policías de tránsito todavía se ríen por las calles, abiertamente, como si no supieran de la mutación. Eso siempre me hace respirar mejor.

Viajé

Esta vez sí me fui.

Cuando eso ocurre, regresar es un proceso mental que dura al menos una semana. Estoy allá ahora mismo, el estómago sigue resentido del hummus y el tabuleh o cómo se escriba. Mis piernas desean volver a subir 830 escalones para volver a visitar esa casa de los muertos.

Petra.

Las paredes recién pintadas de mi casa están fuera y no dentro de mí. ¿Cómo puede todo seguir igual?

Entrar otra vez en la rutina de la computadora, la prisa, la escuela, el blog, el tuiter, lo que tengo que editar, lo que quiero terminar, lo creado, lo inventado.

Si un viaje dura suficiente para que tu estómago se queje, es que ha llegado a doblar la voluntad cerebral también. Entonces empiezan a entrar las palabras: shukran, shukran, cuando alguien te ayuda a subir un escalón, shukran, cuando alguien te trae un plato con ensalada de pepinos y yogurt, shukran, shukran, como si el estómago le ordenara (siempre es así) a la mente, abriera esos mares de dudas en dos para que el Moisés de las cosas nuevas pudiera pasar sin más retraso.

Hala hala, vamos vamos. Hala hala, Ira. Hay que trabajar.

Hala hala, ocho horas de diferencia y un dolor de cabeza porque ya no cabe nada más: quisiera estar otra vez inmersa en aquella piscina con agua del Mar Muerto, flotar.

To float, perchance to dream.

Quiero decir que estuve en Jordania.

Fiebre

Tengo una extraña fiebre de imágenes. No puedo pensar en letras, leeeeetraaaas, la palabra leeetras, por ejemplo, se me convierte en un animal, una cabra que salta, que saaaltRA tra tra, salta. Es un animal salvaje que golpea a la siguiente palabra.

La sobredosis de cine y caminatas últimamente me ponen en guardia: quizás ya nunca más pueda escribir, quizás tengo que sacar fotos o pintar o volverme una de esas máquinas viejas que proyectaban diapositivas. Tacatá, tacatá, tacatá.

El bosquecito de la Unam, por ejemplo, es para darse un atracón de imágenes… tacatá, tacatá.

Como lo importante no es VER sino TRADUCIR, estoy maniatada, yo traduzco regularmente en palabras (ahora mismo la palabra ‘palabras’ se vuelve una parvada de cuervos blancos que se me escapa de las manos y me deja sin ellas) pero traducir a imágenes no es lo mío.

Es lo bueno de andar con un fotógrafo:

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Así se ven los grillos pre-navideños en el bosquecito de la Unam. Mejor dicho: así los ve Dante Castillo.

Perder cosas / que te las roben

En la familia sufrimos una pérdida material. Aún no puedo creerlo.

Una persona que trabajó 15 años con nosotros.

Absolutamente descreída, triste, reviso mi mail: la invitación a una exposición de Jimena Padilla (una chica extraordinaria y buena artista además) que al final firma:

Nothing is yours, No one is yours, Thieves prove that…

Tome chango su banana.

En caso de que nosotras todavía pusiéramos algo de valor sentimental a los objetos (se robaron, entre otras cosas, una moneda que pertenecía a mi padre, uno de los últimos objetos que teníamos de él), el ladrón nos vino a recordar que nada es nuestro. Quizás sólo el recuerdo de sus manos ajadas tocando aquella moneda.

Reto al ladrón a quitarnos eso.

***

Tampoco la gente que amas es tuya: se muere, se va o cambia de opinión. Un día decide que he/she no longer loves you. Así que, vamos valorando los momentos en que nos saca la lengua y habla con nosotros por messenger o que nos escribe un mail largo y amoroso. (cuando nos prepara el desayuno o cuando se queda callado para no lastimarte).

Digo, m’anque sea.

***

Con todo lo que está pasando, creo que también nos están robando lo que nos quedaba de país, en sentido literal, pero también en sentido simbólico:

-al permitir (abiertamente, vamos, que se permite hace mucho) la siembra de maíz transgénico están dando el último plumazo para el fin del padre-madre patria.

-al permitir que saquen a patadas a miles de trabajadores de LyFC, al justificar la violencia de estado, estamos viendo cómo boquea la última inteligencia que teníamos: nuestra capacidad para negociar. Con ella se nos va también nuestro buen humor, nuestra medianía que cuando no se convertía en mediocridad nos daba ese lugar chingón de mexicanos que no conocen un buen ejército, que no saben lo que son los policías ojetes, porque pus, nosotros éramos buenos para el choro. Negociábamos.  (Cuando eso no era corrupto, cuando, repito, no era mediocre, era una inteligencia involuntaria y funcionaba).

No sé. Yo empiezo a pensar SERIAMENTE en el exilio.

UPDATE: Creo que dije una pendejada: por supuesto que conocemos a los polis ojetes. A lo que me refería es a este tipo de cuerpo policíaco con el que se puede hablar, con el que se negocia: los polis de crucero…unos pinches chaparritos (ojetes) que en ciertos niveles nos los pasamos por el arco del triunfo. Me refiero a los polis que veo echando novia en las esquinas, los polis que todavía ríen o que te dejan ir porque se asustan, se avergüenzan, o porque los hiciste reír.

Sé que es una inconsistencia y que precisamente esa falta de profesionalización los hace tremendamente peligrosos, pero también los hace un brazo menos amenazador de la ley.

Es difícil explicar esto, pero todos hemos visto un poli así en México. Igual pienso en los otros lugares del mundo en donde he sido abordada o detenida por un policía (Estados Unidos, Hungría, España); me han puesto el susto de mi vida nada más de acercarme sus caras de perro, me han gritado, me han escupido y me han tomado del brazo del modo que nunca un policía mexicano lo ha hecho.

En París, por ejemplo, tuve chance de ver cómo atrapaban a un magrebí en pleno camellón de Pigalle, como a eso de la 1 am. La forma en que lo golpearon a macanazos en el suelo es algo que no se me olvida.

En fin… qué digo, aquí los extorsionan por años y luego les cortan la cabeza. Polis ojetes hay en todos lados.

La Soul

Quiero mucho a una persona que no cree en el alma humana. No pasa nada, me parece que un acercamiento lógico a la existencia es tan válido como cualquier otro. Mis mejores amigos no creen en dios y a ninguno puedo venirle con la onda de que tenemos vidas paralelas o que reencarnaremos. Es aquí y ahora, son los químicos en el cerebro, las enfermedades preexistentes, la exposición a la educación, está allí, es el cuerpo, el ADN y esas cosas.

Pero yo, mano. Yo soy esa que nunca va a dejar de tener 8 años, esa edad en que le pregunté a mi mamá ¿oyes, cómo sabemos nosotros que no somos los personajes de un sueño, cómo sabemos que alguien no está soñándonos? Ella me hablaba de la realidad, con una certeza que todavía me da un poco de miedo.

Mi creencia en el ‘concepto álmico‘ tiene que ver con esto que se me pincheinflama en el esternón cuando leo algo hermoso o la garganta que se rellena de algo cuando oigo música. Al final, mi creencia es una manera de paliar la duda.

Las Vegas me hace pensar en el alma, cabrón. Esas mujeres gordísimas con una Corona en la mano y una permanente que les encrespa el pelo y la vida, solas, fumando, sentadas en una de estas máquinitas de engaño. Gente doliente y dolida en los casinos. Gente con esa horrible necesidad de creer en la fortuna. Pensando seguramente si somos un sueño de alguien más.

Esta ciudad es una dorada esta máquina al atardecer, una envoltura de chocolate, un espejismo. Como si en ‘la realidad’ esa de la que hablaba mi mamá, pudiéramos todos los flotantes de Las Vegas despertarnos caminando desnudos por el  Strip, vernos los  cuerpos reales, estilizados o no, rotos de las esquinas, despostillados de tanta vuelta.

Ayer fui al lugar donde filmaron el video de Do you realize? de los Flaming Lips.

Es así Las Vegas, para mí. Como esa canción. (lástima que no la puedo postear, sólo está en el sitio de MTV).

Tortuguera

Tanto que hacer, tan poca gente con ética.

Le pregunté “Oiga, ¿y por qué tortugas? ¿Por qué lleva usted haciendo un trabajo sin paga veinte años (por el que el gobierno le debería un premio o dos, o un ejército de ayudantes bien pagados, al menos)? ¿Para que viene a esta playa cuatro o cinco veces a la semana a mal pasar la noche, esperando que las tortugas desoven, compacten, se vayan, esperándolas a que hagan lo que instintivamente deben hacer, para luego desenterrar los huevos y replantarlos en un lugar seguro, donde no se los puedan comer los tejones o los humanos?”

A ver, me dijo, yo nací aquí, mi padre arreaba vacas a las orillas de esta playa; yo alcancé a ir a la Universidad de Guadalajara. Cuando hacíamos prácticas yo propuse hacerlas acá y cuando terminé, pues me quedé.

Son seis kilómetros de playa que antes me caminaba a pie, todas las noches buscando nidos (las tortugas desovan cuando se esconde la luna, por ahí de la 1 am y terminan como a las 6 o 7). Cuando empecé desovaban unas 4 tortugas al año, hoy ya logramos que sean 1000.

¿Veinte años después?

Si, veinte años. Es que de 1000 huevos, sólo una llega a ser adulta…

…pero si usted me pregunta por qué tortugas y no otro ser vivo, no lo sé. Me enteré hace poco que a dos pueblos está el segundo lugar más pobre de México, de esos donde la gente se muere por agua sucia y esas pendejadas.

“A veces me pregunto por qué vengo todas las noche a salvar tortugas, mejor debía ponerme a ayudar gente”.

Esas fueron sus palabras exactas. Este cabrón biólogo me estujó el alma completa.

***

El biólogo, tan acostumbrado a entender cosas sin que se las digan, apeló a una niña que todavía vive en mí, la misma que decidió con fuerza a los 8 años que estudiaría biología y se puso a leer El Origen de las Especies. Me dejó recoger los huevos de un nido mientras la tortuga compactaba la arena (y yo escondía mi conmoción)  me habló de los nombres científicos, de las constelaciones, los periodos de la luna y decenas de ciclos naturales que pasan sin pena ni gloria en las ciudades.

Tuve una regresión, casi toqué a mi papá.

El mar tan punk golpeando los riscos, vigorosa, amigablemente, como si estuviera en medio de un mosh pit queriendo celebrar la música de la noche, las estrellas fugaces cayendo como migajitas sobre nosotros, suish suish el cielo se desmoronaba. La risa de los tortugueros, sus memorias de mojados, la alegría agridulce de estar de vuelta en una tierra que llaman suya, aunque no lo sea. (A veces está bien cabrón no creer en dios).

Esta foto le hace un flaco favor a mi experiencia, pero igual es puro registro:

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De tanto no poder hasta se puede

Fui a la Costa Alegre en Jalisco.

Los complejos hoteleros están muy bien, los ricos…puta, ¡las casas de los ricos! están requetebien. Cuando el dinero sobrepasa algunos topes siempre asumo que por ahí hay narco pesos.

Creo que en el único lugar donde nos damos golpes de pecho es en el Defe. Allá todo el mundo sabe que pudo llevar a sus hijas a la Universidad de Guadalajara, “¿pos por dónde cree usté? ¿Yo solito? ¿Con mi sueldito?”

Me encantaron. Más preguntaba y más me contaban.

Aquí hay gente que tiene ‘negocios’. Uno ‘invierte’ con ellos y te dan una parte de lo que le saquen a ese negocito. Pero tú no te metes, ellos se arriesgan. Aquí viene a comer Luis Miguel, es buena onda. Pero los que verdaderamente dejan billete son ‘los otros’: a esos sí los tratamos bien, pues.

Parece, sólo parece otro mundo con su arquitectura mediterránea, su patrón italiano, sus mamás esculturales paseando en tetas operadas.

Pero por abajito, todos lo saben. Que allá vive Seal con su novia la modelo, que por aquí enfrente pasan los botes usté ya sabe con qué.

Un 70% de la gente con la que platiqué ha pasado dos o más años en Los Ángeles o en Phoenix. ¿Y aprendió inglés? Ja ja, ¿en Los Ángeles? No, verdad. Allí se habla español. Pus sí.

Yo trabajaba de cargador de hielo. Yo pizcaba. Aesti pendejo lo metieron a la cárcel tres meses /Carrilla/ jaja/¡sicierto, cuéntale cómo te ofrecieron un maricón rentado! Ah que chingona es la vida acá. Allá no tanto, sólo si eres soltero. Allá si eres soltero te vas todas las noches al baile y te pegas unas divertidotas.

Pero casi todos se sienten mal, tienen familia acá, pues. Si gastas en el baile y en el chupe ya no alcanzas a mandar nada.

¿Y usted? No, pues yo trabajo en una revista. ¿A chingá, a poco se puede vivir de eso? No joda señor, que yo también me lo pienso diario /Carrilla/ jaja, cuéntales cómo escribes en las mañanas eso que sí quieres escribir, cuéntale tus sueños, ándale, cuéntales cómo te ofrecieron un maricón rentado.