Un mapa de la mañana

Es de mañana, hay que revisar Twitter, blog, mail, facebook. Prendo la computadora, conecto las bocinas, pongo una canción, me conecto a Messenger (contactos de trabajo, casi todos) y bajo a hacerme café, en ese órden. Pienso en mi día, en las juntas de trabajo, en mi viaje próximo, en que tengo que ir a la biblioteca, al gimnasio (a inscribirme puesn), al portugués, mi maestra hiper cursi que nos pondrá yet another song by Rita Lee, algo así como la Yuri brasileña.

En Facebook las primeras angustias reveladas. Mis amigos que viven en el extranjero son los primeros en comentar: “O sea que hoy no va Nadie a la escuela?” Ah chingá. Me vengo enterando. Esa diferencia de horario es la onda.

Otras angustias liberadas en forma de chiste o de reflexión chabacana, que si es enfermedad de puercos, que si se pega por facebook, que si qué mala onda que ya no soy estudiante para tener puente. ¿A quién escogerías para contagiar? Esta última ya me parece too much, pero bueno.

Aquí empiezo a buscar la cantidad de población que murió en México por la última epidemia de influenza. 100 millones en todo el mundo, 300 mil personas en la República Mexicana. Mis bisabuelos maternos incluídos. Soy una huérfana de abolengo (desde hace tres generaciones las mamás se mueren antes de que sus hijas menores cumplan los 15, incluyéndome). Creo que Puebla fue una ciudad fantasma a principios del siglo XX por ese virus. Le decían la Gripe Española. Seguro consideraban menos naco  enfermarse de eso que de gripe porcina, su origen verdadero (aunque esta, la que nos pega hoy, según investigadores gringos, es una combinación entre gripe aviar, porcina y humana, chínguense putos por pinchis posmodernos globalizados).

Regreso a mis planes matutinos: suena grave, suena a que los bisabuelos no tuvieron oportunidad, suena a historia personal, suena a mi novela,  pero la mente hace su tábula rasa y regresa todo a la normalidad. Ok, no hay clases. Got it. Go on with your life. Disfruta del sol. No iré al portugués. Ah, qué bueno, igual me puedo meter al cine y ver Wadley, el documental mexicano en la onda de Artaud sobre el peyote. Ah, no, espera ¿qué no era una epidemia? Entonces no puedo meterme al cine. Madres, es gravísimo!

Justo en eso estoy pensando cuando llegan nuevos twitts, nuevas actualizaciones en facebook. De la extraordinaria mente retorcida de mis cuates viene el imaginario cinematográfico revisitado.  Influenza 28 días después. “Yo ya tengo agua, leche en polvo, latas y una sierra eléctrica”. Me da risa, pues es que en esta ciudad siempre nos queremos matar unos a otros, nomás hace falta un buen pretexto.

Me encanta jugar en silencio con la gente, los leo a todos. Este es un momento de fantástica movilidad de la información y me da lástima tener que despegarme de la computadora, donde la influenza ‘va ocurriendo’. Es decir, hasta que no haya alguien conocido enfermo, todo es pachanga.

Ahí vienen ya las referencias literarias, las Ballardianas, las de los que aún no se enteran o no viven aquí. Están mis amigos que suelen despreciar el tema de hoy: a mí me interesa más el güey encuerado en Coachella que la influenza. Tómense mi desinterés como puedan, pinchis histéricos colectivos.

Pienso ‘qué mamerto’ y luego reacciono: necesitamos a todos, a esos y a los otros. Cuando el mundo funciona bien, se equilibra solito, como un organismo vivo con anticuerpos.

Hablo con las dos personas que buscaría en momento de emergencia. (Tengo que mandar mensajito a una tercera). Ambos enterados, ambos se lavarán las manos mil veces este día ante mis recomendaciones.

Imagino un cómic siniestro, una procesión de cabezas de marrano rebanadas,  como salidas de una exhibición en los mercados; cochinitos con ojos entrecerrados y esa sonrisa casi budista que les caracteriza cuando son cadáveres, burlándose de nuestro pánico  ¿con que les gusta el tocino eeeh? Vengadores sin antifaz.

Efectivamente hay una histeria enorme, pero considerando los 100 millones, los 300 mil y sobre todo considerando a mis bisabuelos, yo también podría enfermarme y morir.

¿Por qué no?

***

Espero no abrumar con esta crónica larguísima de mi mañana.  Pensé que alguien tenía que hablar de esas primeras dos horas de información fresquita,  cruda, sin editorializar, antes de que por la tarde se hiciera vieja y la opacara algún otro encuerado o un nuevo talento en Youtube.

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Minha irmâ

No lo digo seguido porque pos como para qué, pero estoy muy orgullosa de mi hermana.

Es restauradora y encargada de obra en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. La verdad no sé por qué no voy a verla más seguido, pues el Colegio, así nomás pelón me parece bellísimo. Me encanta ir porque además me siento como la hija del embajador: los de seguridad me ven llegar, con sus trajes negros luidos y sus corbatas de Looney Tunes y me dicen “¿tú eres la hermana de Ilya, verdad? Pásale, pásale por favor, orita encontramos a tu hermana que anda en las salas” y entonces me cuelo a deshoras y visito los pasillos con la luz apagada y las escaleras desmontables, con los cuadros a medio poner, antes que ningún turista o niño de secundaria.

Se nota que mi hermana es muy querida, sobre todo por esos de seguridad, que a veces la tratan como “a uno de los muchachos” aunque también he visto cómo se le cuadran. (Es cabrona mi hermana…supongo que con esa madre no se puede ser de otra manera, entre todos sus hijos, ‘el más chimuelo -o sea yo- masca rieles’, como dicen por ahí).

Lo que quería decir es que de los ¿5? años que lleva mi hermana trabajando allí, esta es, por mucho, la exposición más interesante que he visto. Se llama “Cicatrices de la Fe. El Arte de Las Misiones de la Nueva España 1600 a 1821″, y como me sé la historia detrás de la exposición, me parece un logro extraordinario. (Acá pueden ver la nota de periódico).

Se trata de veinte años de investigación de la Dra. Clara Bargellini quien fue recuperando piezas de arte misionero por el norte del país. Piezas que en la mayoría de los casos tuvieron que sacar de capillitas arruinadas o en contra de la voluntad “del pueblo”, es decir del sacerdote cuadradote del pueblo, quien, a veces, también tenía objetos del siglo XVII  ‘privados’, en la sala de su casa.

“No, pero cóooomo se va usté a llevar a mi San Francisquito, ¿y luego, si no nos lo regresan? ¿Y si noslorompe oiga?”.

En fin. Hay algunas piezas extraordinarias. No se pierdan el Cristo de marfil, labrado de un solo colmillo, sobre un cruz estupenda de madera tallada; ni las representaciones de la martirización de Cristo y el cuadro circa 1700 sobre el Juicio Final, francamente gore y  divertidísimo.  Este fin de semana me lanzaré otra vez a darle una revisada a los tomos de catecismo de 1800 traducidos a lengua indígena y a las túnicas sacerdotales bordadas con hilo de oro. Soy fans.

Casi a la entrada de la expo, pasen a verle los ojitos verdes a San Francisco de Asis, restaurado por la mano (santa) de mi hermana quien con este trabajo además realizó su ‘manda’ personal, pues nació justo un cuatro de octubre, día de SanPancho. Si le pueden ver esos ojitos italio-franceses es porque mi hermana se los limpió. Le quedó re bonito mano.

(Otra lectura de la expo la hice sobre el propósito del viaje. ¿No eran aquellos misioneros cristianos grandes viajeros? Los conocedores sin tregua del verdadero choque de culturas…pero de eso hablaré otro día).

La onda es que sinceramente ya y sin echar chayotazos a lo menso, si esta exposición salió así (sin obviar la extraordinaria investigación de la Dra. Bargellini) , tiene que ver con que mi hermana no durmió bien un mes. Le chingó como nunca la había visto y valió la pena.

Florea

El árbol de durazno de mi casa ya no se calla. Tiene unas boquitas rosas que hacen ruiditos por la mañana. Hoy me fui a ver qué decían…puros secretos familiares que no voy a repetir aquí.

Pero qué tal las boquitas, son una preciosidá.

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Ray Loriga

Mi regalo de Navidad para los que se regresaron a jugar escondidillas conmigo (déjenlos, el futbol no hace más que lastimar los tendones) son fragmentos de un texto de Ray Loriga que me encontré en la revista semanal de El País (gracias Mariana).

Es proto navideño y melancólico. Habla de la música de Cole Porter y se puede leer completo acá.

Estos son los regalos que yo recibí y que paso a las manos de otros para que se aprovechen bien:

“Qué importa en realidad que las canciones también se acaben y los cariños se abandonen, cualquier cosa que nos distraiga del rencor es suficiente.”

“En contra de la creencia popular (me consta que tal cosa no existe, pero me gusta cómo suena esa expresión), el encanto es una cosa muy seria. Las crías de todas las especies lo utilizan, sin ir más lejos, para protegerse de la muerte, y la vida, bien mirada, no es sino el triunfo del encanto entre las fieras.”

“No se me escapa que no todo se soluciona con un dry martini, pero está claro que un dry martini no empeora nunca nada. No es un asunto pequeño, teniendo en cuenta que la mayoría de las cosas que tenemos que arreglar las hemos roto nosotros. ”

“No hemos inventado más que la raya de los pantalones y todas las grandes palabras no valen lo que un cuchicheo cerca de la nuca adecuada.”

Y la última que es de una crooner-like sensibility que revienta el papel:

“¿Quién no prefiere el daño puntiagudo de unos tacones bien afilados al runrún de las cadenas que arrastran los fantasmas?

***

Por encargo de mi hermana, ilusa yo que hoy no pensaba cocinar, tengo que probar mi poca suerte con una receta de papas al gratín. Ay dios, ya quiero ver las caras esta noche.

Me considero buena para el Turista Mundial y para el Risk, aunque ya nadie quiera jugar conmigo, soy buena para reírme y para beber. Para la fiesta, para responder rápido (siempre y cuando el tipo no me guste o algo), para tirarme los domingos a leer en el suelo; soy la mensajitos sms más rápida del sureste defeño, me estaciono en dos patadas, a veces presiento cuando va a sonar el teléfono –lo más raro es que además sé quién es y qué me va a decir–, veo con los ojos redondos, de niña virgen, cada película en el cine, bailo mal pero con un chingo de ganas, si alguien va de mi mano me aviento casi a cualquier cosa: montaña rusa, paracaídas, amor. Todavía tengo cosquillas y me meto a ver películas de terror porque disfruto muchísimo tener miedo.

Pero eso de cocinar…

Domino la mitad del componente: el sabor nunca es tan deleznable. Nomás que mis platillos nunca nunca nunca están bien presentados. Es un problema porque no conozco a nadie a quien la comida no le entre por los ojos. Algo pasa que acomodo mal los ingredientes, soy capaz de meter las cosas en cualquier tupper feíto, sirvo a cucharazos como si estuviéramos en una línea de comida para presos de guerra.

Ah y otra cosa: tampoco domino bien el ingrediente tiempo. Mi comida es la última en llegar, se me cae en el coche la lasaña y está buena pero ‘ya no a alcancé a gratinarla’.

A ver cómo salen esas papas.

***

Hoy se empieza a acabar el tiempo para postear, seguir leyendo, doblarme de flojera en la cama. Ya están aquí los ocupadísimos días de fiesta. Los que la leímos siempre recordamos a Mafalda: “Estos son los preparativos de las vacaciones que nos tomamos para descansar de los preparativos de las vacaciones que nos tomamos.

Además, si me toca comprar y hacer colas hoy voy a tener a Susanita en la bolsa, lista para odiar a gusto:

“Amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente”

4, 12, 16, 26

Este año casi olvido Octubre, uno de los meses que más me gustan.

Otoño empieza con la misma letra (los cumpleaños de cuatro -o cinco- personas indispensables caen en el Big O).

Otoño es Octubre que anuncia con esa O grandota que algo se muere (el año y las promesas); avisa con sus estrepitosas lluvias de guardar que diciembre y febrero no perdonan y que más vale que hagas grasa en el alma pues se avecina un crudo invierno.

Octubre tiene R y por tanto podemos seguir comiendo charales y cosas del mar. Tiene R pero lo que sigue hipnotizándome es que tenga O. Si te fijas bien, a través de Octubre alcanzas a ver la Oquedad, el vacío el vacío el vacío, el agujero en la alformbra, el pozo en la regadera, la fosa común. Apenas el anuncio,

caída de las hojas ya viene el frío no me digas que planeabas envolver tus regalos

Asomada por la “O” quiero ver el futuro: un par de días en los que ya nada me calienta. Meto un poco más la cabeza (qué impudicia) y puedo ver hasta Marzo o Mayo: el calor ya hizo de las suyas y me encuentro hastiada de tanta fruta madura.

Por eso me gusta Octubre, es el viejo que te apura a que cierres la puerta pues se avecina el vendabal.

***

De estar vivo mi papá habría cumplido 80 años hace unos días.

No me lo imagino con el pelo blanco. Medía 1.80 o un poco más. Tampoco me lo imagino disminuído, ni pequeño, ni encorvado, ni amedrentado por la tumba como dicen que te pones.

Lo he extrañado mucho últimamente. Qué caray.

Celebrating (pochito post) *tres toros tres*

A veces me gusta ser yo. Me gustan mis cuates. I like them, pues, de que me caen bien, no de que me gustan-me-excitan, aunque igual uno que otro quien sabe… Una se reconoce cuerpo, cómo madres no.

(No me gustan todos todo el tiempo, vamos. También conozco gente a la que adoro pero que tiene una postura -política- ante la vida que me parece irreflexiva y simplona…¿No les caga darse cuenta que tienen un amigo tan conservador que ni siquiera se percata de ello? ¿Qué pedo con la conversión a buenas conciencias que nos ha dado últimamente? ¿A qué horas los 30 y something nos pegaron de a gacho? Y lo digo por tres amigos, no sólo por el que están pensando.)

***

1.

Decía que mis amigos me caen re bien porque hacen cosas super ultra hi fi plus con tres monedas y una cuerda.

Por ejemplo este, que de unas pinchis fotitos que yo postié en la semana (que realmente ni estaban tan chics) él encontró algo bellísimo:

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Se llama Ernesto y ya tiene una recámara con dos cajones para calcetines y calzones en mi blog/corazón. Tienen que seguir su bló, porque trae varias de estas joyitas gráficas, aunque inspiradas en otras imágenes. Dice que las ‘roba’, pero creo que las re-crea.

Ay si, tú. Muy pinchi semiótica.  

(Bueno, me tiene conmovida, qué quieren.)

***

2.

Otro de mis cuates se llama Benjamín Torres Towers y con él tengo historias viejas y privadas. TOP SECRET.

Otro día las cuento, hoy no puedo porque me encuentro ‘trabajando’ en una sala de prensa en Madrid, España (cubriendo la feria de arte ARCO ¿no les dije?). No me da tiempo.

La neta iba a decir ‘la madre patria’ pero me re-caga la gente que usa este término para referirse a España. ¿Madre de quién? ¡No mamen!

La onda es que jooooo, como dicen estos vatos, el Benja la hizo bien y es uno de los pocos artistas mexicanos que este año se pudieron colar en ARCO.

Es la neta el pinche chaparro. Buen artista, pero además re listillo para eso de la conceptualización de sus obras.

Total, que cuando yo anduve con Benjamín (no que no les contabas güey) hace 10 años, el chaparrillo apenas empezaba. Era un artista ‘en ciernes’. Es decir, tenía grandes problemas de credibilidad, sobre todo donde el artista suele tener grandes problemas de credibilidad: en su propia casa.

A su papá, por ejemplo, le parecía que estaba usando su cuarto para producir, y cito chale, cómo me caga la gente que dice “y cito”: “basura incomprensible”. Un día le dijo que nunca iba a poder vivir de eso y que lo que hacía ni siquiera podía considerarse arte. “¿Por qué no pintas un cuadro, como la gente normal?”, le espetó.

Total (ahora si, total) que yo aguantaba vara con mi chaparrito, no porque yo fuera la gran visionaria y supiera nada de arte, sino porque pensaba que esa basura incomprensible era lo único que lo hacía realmente feliz. Me acuerdo que le dije: “Tú síguele, chingá. Igual somos teachers pobres el resto de nuestras vidas, pero ¿estás dispuesto a no volver a pensar en arte, estás dispuesto a convertirte en espectador?” Nel.

Yo tampoco, le dije.

Me caga ser extra de mi propia vida.

Así que aquí estamos (10 años después de que Benjamín se negó a pintar un óleo o una acuarela, ‘como la  gente decente’ ) juntos en Madrid por azares del pinchurriento destino que a veces se porta lindo conmigo.

Juntos haciendo lo que teníamos que hacer: mandar al diablo a quienes les pareciera incomprensible.

Acá algunas fotos de su obra (que luego comentaré con más calmilla):

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***

3. 

Yet another one I like very much-a es el Témoris. Es un periodista fantástico, de esos que todavía creen en el oficio (no como yo, que me caga el periodismo m’anque viva de’l).

Este travelling journalist llegó hace unos meses de un viaje de dos largos años por el continente más pobre del mundo (me cagan los eufemismos).

En una de esas ni la cuenta: casi se nos muere de una infección de hígado en Tanzania. In the middle of fucking nowhere, pa que nos hacemos mensos. 

Algo tiene que hacer todavía acá, porque después de estar internado unas semanas en el middle of lo que les digo, regresó.

Ahora tiene un blog personal, con mucho texto y muchas fotos de sus viajes. Se llama temorisblog en wordpress, ahí ta.

Adios al Citroen

Ayer maneje la carretera que une San Feliu con Tossa de Mar, en la Costa Brava espaniola.

Son 20 kilometros de curvas pronunciadas y tarde mas de una hora en salvarlas todas. Como aqui en Europa nada es gratis, pense que cobrarian peaje y me sorprendio comprobar que iria, for a change, sobre una carretera libre, sin casetas. Iba feliz, pensando que me habia jodido al estado espanol hasta que me percate del precio: contemplar los estupendos despenaderos besados por el azul del Mediterraneo cuesta nada menos que una refrescadita de tu fragilidad.

No eres eterno. Un viraje estupido y adios. Costa Brava, Muerte Brava, como dijo un cuate.

Iba pensando que los autos y las carreteras, a pesar de que han matado a mis seres queridos, nunca me han dado miedo.

Iba pensando que yo aprendi a manejar oyendo las indicaciones que mi papa daba a mi hermana, cuando esta era adolescente y yo todavia una mocosa en el asiento trasero. Cada vez que la necesito oigo la voz clara y tranquila de mi jefe subrayando “en las curvas no se frena”, “sigue la linea de la izquierda”, “el miedo es tu peor enemigo en las carreteras”, “si le vas a pegar a algo, que sea de frente, hay que centrar a los perros y a las vacas”.

Esas lecciones robadas retumban todavia en esta viajera que en 15 dias ha recorrido un tramo nada despreciable de peninsula iberica. Todo en un Citroen C2 nuevecito, una chatarrita de esas que parecen banos Sanirent, chiquitilla, pero alta y con dizque clase, de esos autos apantalladores pero completamente urbanos, con la estabilidad de un gobierno africano.

Hoy dejo el auto en la agencia. Mi papa tendra que aprender conmigo a viajar en metro. Le dire, como si estuviera en el asiento contiguo: “El miedo es tu peor enemigo en los vagones”, “en los andenes no se frena”, “si le vas a pegar a alguien que sea de frente, hay que centrar a estos hijos de puta xenofobos de mierda“.

Como cuando se vive, el problema en los viajes no es la distancia al punto de llegada, sino el sutil abismo que opera en un viraje estupido. Creo.

La Boda

Nunca pensé que iba a decir esto: las bodas son la neta. Un momento épico, cursi, tirado al melodrama. Lo más parecido a interpretar tu propia vida mientras todos aplauden. Lo más parecido a hacerla de clown por una noche.

Un carnaval transformador donde las máscaras grotescas son bien vistas, necesarias por unas cuantas horas.

Ritual mata habitual.

La herma, mejor conocida como la hermiqui, estaba re-peda, re-feliz.

El marido de la novia se comportó.

Mi novio se veía guapísimo con su cámara en las manos y esa paz interna que no puede ocultar cuando camina.

Mi vestido fue el buzz in town. (Se pagó solo cuando el chef, un baturro deseadísimo por las hembras casaderas y no casaderas, me hizo plática con ojos lascivos, suculentos).

La canción de los novios All I want is you de U2. Previsible, pero romántica, ni qué decir.

And all the promises we make, from the cradle to the grave, when all, I want, is you…Lloré, por supuesto.

Qué agradable crecer y que te valga madres que otros te vean ser tú.

Mi escote rojo daba vueltas, mis zapatos de princesa hacían que las piernas se me tornearan. Todos abrazaron la nueva promesa, yo abracé a mi hermana.

A veces la felicidad viene en cajitas de música con brillantes falsos y bailarinas de plástico.
Que así sea.

El apellido

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Chicago me recibió nevado. Blanco. Blanqui. blanqui. Hacía frío pero dejó de importarme en menos de diez minutos.

Entendí que un viaje a los 15 ocurre en lo físico. Es que uno apenas está aprendiendo a usar el cuerpo.

(Hace ya tanto… veo mis manos, como quien se graba a sí mismo en película Super 8. Veo mis pies con zapatos inadecuados. La cocina de mi prima Laura. El vagón de tren abandonado en que nos subimos a tomar chela. Recuerdo el vértigo. Nunca fui avezada en lo físico).

Ahora los viajes me ocurren como piezas sueltas. Son accidentes, intermitencias, excepciones. Me interrumpen como interrumpe el sonido de un avión en la Jardín Balbuena.

No quiero decir que no me guste. Hasta Buñuel usó un avión para interrumpirse.

Quiero decir que interrumpir es tan interesante como continuar.

Se me ocurre que:

La interrupción es masculina.

La continuidad es femenina.

Masculino es enseñar tu pasaporte, poner tu dedo índice y tu cara de no-quiero-quedarme-en-tu-país-ni-que-estuvieran-tan-buenos-hijo-de-puta a la hora de cruzar la aduana.

Femenino es caminar con una sonrisa por el aeropuerto, jalando tu maleta lentamente mientras esperas al familiar que no has visto en 20 años.

Fue chistoso: nos vimos pero no nos reconocimos. Supongo que la sangre se tarda en llamar.

Así que di tres vueltas y cuando ya empezaba a desesperarme vi un hombre que me miraba las tetas.

¡Irita! Me abrazó.

-No te reconocí, hasta que revisé de qué tamaño tenías ‘el apellido’. Jaja.

(Nomás imagínense a todas mis tías tetonas juntas)

Chequé que tuviera un lunar verde en la mejilla derecha. Un lunar que según cuentan las fábulas, se lo hizo una de sus hermanas al encajarle una pluma fuente.

-¡Primo! Ehhhhhh, cuánto tiempo, eee, si, si, ya estoy grande ¿erdá? si caray, ya no soy una niña, mm, si, je, hola, je, mm, ¿qué decir? Chale. ¿Qué decir en estos casos primo?

-Pues no sé, prima. Podríamos empezar por ‘mucho gusto’ soy el hijo de tu tía.

-Si, eso.

-Y luego me puedes empezar a contar los chismes familiares. ¿Supiste que tu sobrina se casa…con tu sobrino?

Lunar o no lunar, pensé, éste seguro es de mi familia.

The Windy City

corriganfortunately.jpgPos me voy a Chicago. Estaré allí hasta el domingo.

La primera vez que fui a esa ciudad era una niña que pensaba que era una mujer. Tenía la edad en que todo me parecía viejo y sebo. Mis papás propusieron una fiesta, pero a mí lo de ponerme vestiditos y andar en carroza nunca me gustó. Corrijo: me gustaba, pero ya tenía edad para hacerme la ruda.

Claro, tampoco me dejaron hacer exactamente lo que quería en mi fantasía rudísima (irme sola a NY je je), pero me fui por carretera con mi mamá y mis tíos del DF a Chicago. Uf.

Cinco días en carretera.

Tome su road trip quinceañera.

Algún día tengo que escribir ese guión.

No se parecerá a Little Miss Sunshine porque yo nunca tuve un abuelito cool. Mis tíos se fueron peleando todo el camino. Sin lugar a dudas, ahí fue donde aprendí a abstraer mis pensamientos, aún mientras me hablaban.

Por eso luego mi novio dice que doy ‘el sydbarretazo’. A la mitad de una frase me quedo mirando al vacío (o al lleno, como se quiera ver) dentro de mí.

¡Sígue contando!

Ahhh, si, perdón.

Mmmh. Ahh, si, perdón, Chicago. Bueno, de ahí eran Al Capone, John Wayne Gacy, Los Smashing Pompies, David Mamet, Michael Mann, Ray Bradbury y el festival Lollapalooza. Allí está situada la mayor parte de Jimmy Corrigan, the smartest kid on earth.

De ahí es Mr. Philip K. Dick, el autor de ya todos saben qué clásicos. De él compré un libro de cuentos en Portland que estaba en la lista de los más deseados para leer con calma. Ahhh cinco horas de avión, “The preserving machine” ahí te voy.

En todo caso y resumiendo el sydbarretazo con el que empecé: me gusta que el pasado no me deje en paz.

Este será un road trip to my adolescence. Ya veremos qué puedo contar de regreso.