Detonantes

“En cuanto la vi supe que estaba enamorado, perdidamente enamorado”, me dijo ayer un amigo. Era una historia de amor con final amargo, como casi todas.
“¿Estaba muy buena?”, pregunté, tratando de saber el tamaño y forma de la piedra que le había pegado. “O tenía todo tu tipo, una sonrisa inolvidable, era muy lista o muy simpática, ¿qué fue?”, insistí.
“Se parecía mucho a mi ausencia”, me contestó.
No tuvo que explicar más.
Nos quedamos allí sin saber cómo añadir a la plática.
Coincidimos en que estar loco por alguien es algo fuera de este mundo. Algo profundo, sórdido y un poco enfermo.
Puedes ofrecer muchas explicaciones, pero el detonante -lo sabes cuando todo terminó- pudo ser un simple tronar de saliva cuando pronunció tu nombre, el movimiento de su cabello o que te olió al jabón de tu niñez.
Para mi fueron un par de zapatos.
Hace algunos años el hombre que estaba sentado junto a mi cruzó la pierna. Me hipnotizaron las suelas de sus botas salpicadas de pasto. Un par de calcetines azul marino con dos frajas anaranjadas en el borde y más arriba, el hueso de la pierna asomaba como una cuchilla debajo de los jeans azules.
Estábamos en la misma reunión pero yo no había visto su cara ni sabía quien era. Y no me hubiera importado jamás de no ser por aquellas botas.

Perdí mucho en esa relación. No sólo mientras duró sino de manera indeleble.

Pero ese momento, el de las cuchillas, no voy a olvidarlo nunca.

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Cabezas tristes

Lo bueno de tener amigos listos es que son capaces de explicarte lo que qusisiste decir.

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Cuando se toman decisiones políticas y se tiran cabezas ¿las cabezas se entristecen?

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En un lugar del mundo alguien está siguiendo la política mexicana como si leyera un cuento de Stanislaw Lem

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Pocos libros me han hecho reír más que The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy. No sé si quiero ver la película.
La risa es, a veces, un tipo de nostalgia.

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Seguro a todos les pasa, pero me siento como adolescente de la vocación: no encajo ni con los periodistas ni con los escritores ni con los dramaturgos ni con los bloggers ni con los cineastas ni con los poetas ni con los intelectuales ni con los académicos.

Sé que todos los grupúsculos son una ilusión, que lo que parece cohesión es una variedad refinada de la envidia , pero sólo por un día estaría bien llegar a algún lugar y decir: “si caray, esta es mi banda.”

Creo que extraño a mis amigos para los que nomás soy Ira.

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Los Doves gobiernan.

De malas

Deberíamos leer cuando estamos hambrientos. Relegar la hora de la comida unos cuarenta y cinco minutos sin un distractor, hasta exasperarnos.
Con la panza vacía se es capaz, al menos yo, de odiar a toda la raza humana. Sólo así, con un humor de perros, me doy cuenta de que la poesía es absolutamente necesaria y no otra manifestación del desocupado.
Cuando soy un animal hambriento lanzo objetos al piso, no contesto el teléfono y el timbre de la casa se convierte en un histérico gendarme.
Pero sólo en ese estado es posible admirar la blancura de esta diosa de Gabriel Zaid:

NACIMIENTO DE VENUS
Así surges del agua,
clarísima,
y tus largos cabellos son del mar todavía,
y los vientos te empujan, las olas te conducen,
como el amanecer, por olas, serenísima.

Así llegas de pronto, como el amanecer,
y renace, en la playa, el misterio del día.

Cartas

¿Todo el mundo se siente tan perdido como yo cuando escribe una carta de motivos para ganarse una beca?
Estimado funcionario/dueño de la lana/cadenero cultural:
Yo, le juro, soy bien talentosa y me enteré de que muchos pránganas con los que me emborracho reciben una no tan despreciable mensualidad de parte de su institución, por lo que se me ocurrió que, por qué no, a mi también se me podría otorgar la subvención.
Casi le puedo asegurar que entregaré un producto cultural satisfactorio, pero sobre todo cacarearé el huevo como el que más.
A lo largo de este año/mes/semestre en que ustedes mantengan mis vicios, yo, le aseguro, trataré de reivindicar a la postjuventud creadora y a las instituciones culturales que la apoyan.
Juro que no usaré mis credenciales para morder la mano que me da de comer, ni para inyectarme drogas “fuertes”… puro sexo seguro.
De antemano, gracias.
***
Y ya en broma o ya en serio ayer en el homenaje a Kuri me acordé de Kurt Cobain. Guardemos proporciones, por favor, me recordó mi superyo.
Si, si, eso, dejemos de comparar porque nos jodemos a todos.
Pero no pude evitarlo después de que un imbécil me eligió para vomitar su estupidez:
“Ya ves, treinta años y ya inmortal”
Como decía Lucy “Aghhhhh”.
De regreso a mi casa pensé que era bueno eso de saber que algún día te vas a morir. La certeza de la muerte te encuera la vida, te la regresa sin adornitos. Supongo que ayer muchos, incluyendo a su servilleta, pusieron a remojar sus barbitas.
I know I was born and I know that I’ll die (Sé que nací y sé que moriré)
The in between is mine (Lo de enmedio es mío)
I am mine (Yo soy mío)
Es simplista el Eddie Vedder, pero efectivo.

La luz

Ayer se fue la luz por la noche. Para quitarnos lo aburridas mi hermana sacó un libro de Paul Bowles, un autor que ninguna de las dos conocía.
La práctica de lectura compartida ocurre más o menos seguido entre mi hermana y yo. Regularmente porque traigo una emoción atravesada por un autor que acabo de descubrir y no puedo esperar a que ella lo lea también.
Me quejo de su falta de pasión por la lectur hasta hartarla y sólo entonces me permite leer para ella. Algunas veces le gusta la historia, pero casi siempre tiene alguna amargura que espetar. “Ash, que rarito o que loquito”, me dice. Así pasó con Faulkner y con Melville. “Ash, mmmh, no sé, no es para tanto”, me dijo.
Esta vez la única referencia que teníamos del autor que le habían regalado (un tal Emilio que no conozco) era la contraportada. Que Bowles había vivido en Tánger, que había muerto en 1999. Que mucha gente lista había dicho que era buenísimo.
Empezamos a reir cuando el qauayi (algo así como un guía) magrebí le advierte al profesor que se enrede el albornoz en la cara porque el olor a excremento humano será insoportable. El cabrón de Bowles nos hizo interesarnos por la insolencia del qauayi para que, como el profesor, nos distrajéramos del peligro inminente.
No nos dimos cuenta, ni nosotros ni el profesor, de que esa vereda en busca de monederos de ubre de camella estaba llena de perros salvajes, ni de que sus dueños, los reguibat, nos harían prisioneros durante todo un año.
Puta madre, allí estábamos mi hermana y yo, a oscuras, junto al profesor que había perdido la razón después de que le cortaron la lengua. No sé qué pretendía Bowles al cortar la lengua de un personaje que era doctor en lingüística y que estaba allí precisamente para estudiar los dialectos locales. A nosotros nos pareció recalcitrante.
El profesor se convertía en un juguete de los reguibat hasta que escuchaba el francés, su lengua natal. Eso le devolvía el coraje para tratar de escapar.
Mi hermana estaba muda. Me veía con cara de angustia y el aire -peculiar de por sí cuando estamos ella y yo solas- se espesaba cada vez más.
“Ya voy a acabar”, le dije, como disculpándome por la presión en nuestros pechos.
Seguimos al profesor en su liberación que gritaba y agitaba los brazos presa del terror, sólo para recibir de frente la bala de un soldado francés, guardia de la muralla que separaba la ciudad del desierto.
Nueva York, 1945, terminé de leer.
Hubo un silencio, seguido de
-“Me dio miedo”
-“A mí también”
-“Estuvo feo”
-“Supongo que en 1945 no podían escribirse cuentos muy bonitos”.
-“Sí, supongo”
Y en eso, llegó la luz.

El jueves en la Alianza Francesa 8 pm

Llegó mi hora.

El cortometraje que escribí y dirigí el año pasado por fin se exhibe. La cita es este jueves 21 de abril a las 8 pm en el Cine Francia, ubicado dentro de la Alianza Francesa de Polanco.
Se exhibe junto a otros siete cortometrajes, entre ellos El Héroe de Carlos Carrera.

No tengo la dirección exacta porque todavía estoy esperando que me manden la invitación oficial. Sé que está a un costado del Palacio de Hierro que parece pirámide (dios, qué idea tan descabellada).
En cuanto reciba la invitación pongo la fotito.

No avisé antes porque ha habido un chorro de problemas con el máster de proyección y no estaba segura de la fecha.

De cualquier modo, me va a dar un gustazo verlos allí.

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Comunidad frustrada, publique usted el motivo de su frustación en la revista Chilango:

Aquí la carta que me envió el editor:

La gustada sección final de Chilango, “Lamentada Ciudadana”, se encuentra por el momento un poco carente de quejas.
Por lo tanto, los exhorto a que hagan catarsis y se lamenten y se la mienten al servidor público / comercio / institución que les haya provocado más bilis recientemente.
Las notas deben ser breves, de 600 caracteres aprox, y deben consignar:
€ Nombre y datos (domicilio, teléfono, etc) del comercio, dependiente, encargado, servidor público o institución culpable.
€ Descripción del hecho lamentable.
€ Sus datos.

Ya saben, el espacio está abierto permanentemente (mientras dure la revista, claro está).
Estas notas no las pagan pero la venganza es dulce, dicen.

***

Sobre Jorge Kuri y el suicidio.
Alguna vez tomé una chela con él pero no puedo decir que lo conocí. No me entristece su muerte. La muerte no es algo bueno o malo, la muerte es.
Puede sonar cínico, pero hay muchas cosas peores que morir.
Vivir en la ignominia es una de ellas.

Lo triste es que cuando se colgó se le rompió el mecate y todavía tuvo tiempo (y ganas) de ir a comprar uno de plástico a la ferretería. Dejó el roto allí, pensando tal vez que una de las ventajas de morir sería nunca más tener que hacer la limpieza en su cuarto. Sus amigos eran escritores, así que no sería raro que hubiera pensado en un regalo póstumo. La mar de historias que se pueden pensar con una escena tan bien planteada.

Ni siquiera sé si la historia de los mecates es completamente cierta. Eso cuentan las lenguas que se han dado importancia dando importancia a este suicidio.

Fernando de Ita dice que la luna era el sol para Kuri.
“Se ahorcó cuando Selene estaba en lo más alto de la noche”.
También dice que vivió para hacer la Revolución, no la de Villa o la del 68 o la de la grilla de pasillo, sino la de su sistema nervioso.
“Como persona, más que como dramaturgo Jorge se colocó a la orilla del desastre”. (Suplemento “El Angel”, Periódico Reforma, domingo 17 de abril 2005)

Yo solo espero que hacerle un homenaje no sea un pretexto para sacar de la ignominia a los homenajeadores.

Para Evelio

Sucedió un irremediable electrónico con los comentarios del post anterior. Algo hice en mi falta de pasión por la técnica del blog y de pronto ¡shussshh!, se borró… sorry.

Te respondía esto:

Hombre, que linda imagen esa de casi provocar una mancha en tu camisa. Ahora que estoy por terminar Bartleby y Comapañía de Vila-Matas se me ha ocurrido hacer una lista de porque SÍ escribir.
Razón núm. 35:Tirarle el café a alguien sin necesidad de estar presente.

Gracias por la lectura. Que tengas un día calientito y aromático.

Ira.

Se te acabaron los quince minutos

Las partidas de dominó fertilizan el cinismo. Cada vez que me sale la mula de cincos se me va una oportunidad de salvar al mundo.
En lugar de ir a Phuket a levantar escombros, yo camino en la cuerda floja que une a todas las cantinas de la ciudad.
Tenía la intención de viajar para ver tailandeses morir de diarrea o de angustia después de que el Tsunami les aventó sus barcos pescadores al bosque. Sus árboles de hule no van a resistir, la tierra está salinizada. Ya nadie quiere sus hoteluchos sin paredes. No hay donde jugar futbol.
La playa es un recordatorio de cómo será el infierno: un paraíso que simplemente no puedes disfrutar.
Y no es falta de dinero. Es, creo, que las líneas de mi mano no son lo suficientemente largas, claras y profundas. Sobre todo la de la inteligencia.
Esa como me trae problemas.

Soñé contigo

Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron;
no sólo las camas que tuviste,
sino también los deseos que brillaron abiertamente
en los ojos que te vieron;
las voces temblorosas, que algún obstáculo frustró.
Ahora que todos han pasado,
parece como si en realidad te hubieras
entregado a esos deseos.
Cómo deslumbraban.
Recuerda los ojos que te vieron,
las voces que temblaron por ti.
Recuerda, cuerpo.

Constantino Cavafis (trad. del griego de Cayetano Cantú), Ed. Diógenes, México 1979.