Apolítico

Mi sentir es que la matanza (mágica desaparición) de Ayotzinapa-Iguala hizo que la conciencia mexicana retumbara en sus centros, como dice el comercial de guerra que es nuestro himno.

Mi sentir es que algo se quebró, algo que ya no se puede pegar y acabaremos caminando sobre vidrios rotos, descalzos, heridos, empujándonos unos a otros para no picarnos las plantas de los pies. Si no barremos bien, esto será un lodazal viejo pero no habrá manera de sanar: allí van a estar esos pedacitos rotos.

Hay algo que no deja de sorprenderme: la acción automática de matar que atestiguan todas esas fosas clandestinas. No importa si es uno o cuarenta y tres: nuestra policía (nuestro pueblo) transformó ya el asesinato en línea de producción.

Como si estuviéramos parados en una línea de ensamblaje; la banda sin fin nos pasa por enfrente y debemos apuntar el rifle automático antes de que el humanito (¿un juguete?) pase de largo. Allá, quién sabe dónde, lo usarán vivo o muerto de alguna forma. Allá, al final de esa banda de engranajes viejos, usarán a los humanitos para algo y no sabes, maldita sea, para qué.

Se mata como si se encajara el bracito de una muñeca china que no alcanzas a ver completa.

Por eso es que comprendo el azoro de los polis y los gobers y los alcaldes: ¡Y ahora por qué tanto escándalo! Hemos matado cientos, miles y nunca nadie se había enojado tanto.

¿Cómo? ¿Que sean normalistas cultos los hace diferentes? ¿De cuándo a acá leer un libro te hace un muerto más valioso que otro?

Deben estar sorprendidos. ¿Por qué estos, precisamente estos, son tan importantes?

Nosotros sólo estábamos poniendo bracitos. Ojitos. Pelucas. El engranaje pasaba, la banda sin fin se iba y había que matarlos. Son órdenes. Al final, quizás esos humanitos se convierten en algo. Hay un motivo. Aunque nosotros no podamos verlo.

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Deténganse

Ora que Banksy ya no está hot:

“One of those magical media transmutations has taken place. Banksy is no longer hot. Only six months ago it was the bane of a critic’s life to be asked to comment on Banksy every couple of days. Now it’s hard to persuade editors to let me mention him. You live by the media, you die by the media”.

Jonathan Jones, The Guardian, 15 abril 2009.

Hace 6 meses sí, ora no. Ay yaaa, por favor, ¿hasta dónde podemos estirar esta manía del mundo por lo nuevo? Nos hemos vuelto y convertimos todo lo que nos rodea en moscas de la fruta, hemos perdido las ganas de tener memoria.

Los blogs son oh-so-very-2004, el facebook oh-so-very-2007 y el boom del Twitter nos llegó (atrasado) en el 2008. Estoy un poco harta de aburrirme de todo tan pronto.

Por ejemplo, acabo de descubrir una banda que me gusta mucho, se llama Tune-Yards y el rarísimo disco se puede bajar acá. Lo que me encabrona es pensar que será una cosa de una tarde, que en tres minutos podría llegar a ser una banda muy famosa, en cuatro decadente y en cinco, sólo cinco minutos los batos tendrán que dedicarse a otra cosa porque ya nadie los pela.

Me preocupa porque al rato la gente va a pensar que así son también los amigos y los estudios y los libros y las enfermedades y las felicidades. Todas estas cosas están hechas de tiempo, no hay fórmulas inmediatas y uno paga muy caro pensar que son mágicas. Y si el siglo XX nos enseñó algo es que nosotros no vamos tan rápido como nuestros inventos.

Un pequeño manifiesto: démosle a lo nuevo un poco más de tiempo.

***

Aparte y ya en terrenos del “self-righteous prick” quiero expresar mi total desacuerdo con este miembro del jurado de premio Turner (el que se da a artistas británicos) que escribe en The Guardian:

…I believe in education. The reason I don’t like street art is that it’s not aesthetic, it’s social. To celebrate it is to celebrate ignorance, aggression, all the things our society excels at. For middle class people to find artistic excitement in something that scares old people on estates is a bit sick.

Que no mame.

Mexico D.F.- al que regreso, al fin

La furia es uno de mis grandes capitales.

Tengo un chingo.

Dice un amigo muy querido y muy listo que justo mis días de furia son insufribles, pero yo digo que ya enfurecido el ratón, what the hell.

(Querida persona del otro lado de la pantalla: si está ud de buenas, sáltese este post)

Furia 1.
El regreso a esta ciudad es un pinche balde de agua fría. No sé por qué llegué tan desencantada.

Primero, a todo el mundo le caga cuando le cuento cómo me fue. No sé. Esperan que les diga algo así como “bien bien, Londres es precioso y las florecitas ni se diga” o “llovía…encontré unos cuadros de Bacon formidables”

Cuando a mí me preguntan cómo me fue contesto: “Aprendí muchas cosas. Aprendí que la mugrosa sociedad mexicana es, además de racista, clasista, segregadora y alarmantemente conservadora, una sociedad cada vez más aburrida. Pienso que estar aburrido es peligroso. Se te ocurre cada pendejada”.

¿Y Londres no? se me pregunta. Posiblemente, pero no de la misma forma y eso es lo importante.

De cualquier forma, por más que sean unos brutos imperialistas inventores de la piratería, yo no vivo en Londres. Vivo en la Ciudad de México.

“Qué casualidad que estando aquí no te dabas cuenta. ¿Tuviste que irte tan lejos para pensar eso?” Pos la neta si. (Platicar con Ernesto y robarle sus ideas, ayudó, of course).

Furia 2.

Justo le decía a Ernesto que cuando el asunto vial comenzara a arreglarse en México, la cosa cambiaría. Tómela, por andar de hocicona.

De regreso a mi casa me encuentro con que, así, sin colocar discos preventivos ni avisar a nadie, de pronto empezaron a desaparecer autos en la Calzada Las Águilas. Todos al corralón y hágale como quiera. Había unas tristes lonas colgadas en los semáforos que lanzaban un ambiguo “respete los sitios de no estacionarse”. Nomás que nunca nos dijeron cuáles eran esos lugares.

Ayer se llevaron mi coche de la rampa de MI CASA. Por supuesto, nunca me enteré que mi casa era un lugar prohibido (Me hubieran dicho, hasta ganas de llegar del trabajo me hubieran dado).
Antes, el DOMINGO a las 12 del día se llevaron el coche de mi hermana, estacionado en la puerta vecina. Domingo a las 12.

Hoy quise cambiar mi llanta en una vulcanizadora y casi se llevan mi coche, así, sin llanta.

Llegando a la oficina me enteré de que ya hay no sé cuántas miles de quejas en las delegaciones por este ‘operativo’ que también se lleva a cabo en San Ángel, Narvarte y otras colonias. Ahh y pronto cerrarán TODO Río Churubusco.

Bueno, ¿pero es que tenemos que ser tan pendejos para implementar cierto orden? Al rato van a votar en referéndum la silla eléctrica para el que se pase un alto.

Pinche ciudad, pinche país. Perdón, pero no damos una.

Y ya hasta me sentí mal: estos imbéciles vendiendo el petróleo o lo que nos queda del triste petróleo que nunca fue nuestro y yo quejándome por sus grúas.

Furia 3.

A propósito de Hillary Clinton, en E.U. descubrieron que la furia de las mujeres no es tan bien vista como la de los hombres:

“Brescoll and Eric Uhlmann at Northwestern University recently completed
three separate studies to explore a phenomenon that may be all-too-familiar
to women like New York Senator Hillary Clinton: People accept and even
reward men who get angry but view women who lose their temper as less
competent.

The studies, published in the March issue of Psychological Science, provide
women with recommendations for navigating emotional hazards of the
workplace. Brescoll says it pays to stay emotionally neutral and, if you
can’t, at least explain what ticked you off in the first place.”

Cuando un hombre azota cosas, “aguas ¿no ves que está enojado? Es que tiene caracter fuerte”

Cuando yo no soporto un día más en estas aguas de me-trago-todo-lo-que-me-embuten quiere decir, por fuerza que “ando mal con mi novio (es decir malcogida)”, o “soy una histérica y se nota que voy a cumplir años”.

Vayan al diablo, imbéciles. (Tú y tú y tú, no son imbéciles. Ya saben de quién hablo).

***

Y ya. La furia me regresa a mi centro, escribir de ella es la neta. También hay cosas fantásticas en todos lados: tengo amigos muy inteligentes; quiero mucho al hombre con el que duermo; aquí en la oficina hay un tipo que escribe teatro con quien me llevo de poca madre; esta noche me desvelaré escribiendo mi novela, tengo una casa, una compu y una conexión a internet en la que puedo hacer eso. Leche en el refri y galletitas en la alacena. (Ah y aquí en México hay algo que en Londres se la pelan: los precios de todo, especialmente de la leche, las galletitas, la conexión a internet y el de los amigos…según mis cuentas, acá son más baratos).

Ujú.

La inefable

Cada dos o tres años conozco a un compañero de juegos. Una partida de ajedrez telefónica o un frontón de palabras hacen nuestras tardes deliciosas durante un tiempo y luego, irremediablemente aparece una mujer, eventualmente su novia, que se cansa de esperarnos fuera de la cancha y de plano detiene el partido imaginario porque ‘oh dios’, no vaya a ser que yo le quite los calzones o no sé qué pitos a su viejo (como si de haber querido no lo hubiera hecho hace tanto).

Nunca se le ocurre tomar una raqueta y meterse a jugar. Nooooo. Tampoco se le ocurre proponer otro juego donde quepamos los tres o de plano entender que el otro jugará con ella toooodas las noches y que esta es una onda ocasional y necesaria para ellos no se aburran.

*Sigh*. Esta es la tercera vez que me pasa.

Por supuesto, uno no puede enojarse con la escuincla, porque generalmente es eso, una escuincla, cuyo único interés en la vida es ser ‘la mujer de’, pertenecer a (o más bien ser dueña de) un vínculo (el romántico) que supone, se compone de un perro y un dueño.

Uff.

¿Con quién entonces?

Con el amigo. Con él hay que encabronarse.

Porque aunque uno no preste nalga también tiene su corazoncito, su dignidadcita y su ganitas de no ser blanco de peladeces inmerecidas.

Como aquí es el único lugar donde no miento (ah, y en la terapia, pero este es gratis) tengo que decir que yo he hecho muchas estupideces presa de los celos. Por fortuna, mi idiotez es temporal y acabo pidiendo perdón casi de rodillas por tener tan poca imaginación. Y es que hay que tener poca imaginación y estar muy desocupada para ponerle tanta atención a una amiga de tu viejo. Total, el día que quiera se irá con cualquiera (o sin cualquiera) y no hay NADA que puedas hacer.

Una vez me leyeron la carta astral. La mujer me dijo clarito: “por tu vida pasarán personas muy importantes por periodos limitados que después de un rato se irán sin remedio. Aprende de ellas y déjalas ir”.

Sé lo que están pensando: “¿Tuviste que pagar para que te dijeran eso?” Bueno, yo no pagué, me la regalaron, pero carta astral o no astral, eso ocurre en todas las vidas. Eventualmente, todos tendremos que aprender a dejar ir. Más vale que se haga sin amargue de por medio.
There you go. All yours.

Em

Varias cosas:

1. Cómo me molesta qué alguien conteste mi celular. ¿Qué no es d’iuno mismo propio? Quiero decir, ¿qué acaso no es último resquicio de intimidad con que se cuenta en esta ciudad de dos pisos y tres morales?

2. ¿Es coincidencia que yo me espere un minuto más en mi coche hasta que Eminem acabe de berrear (ah, cómo disfruto enojarme en garganta de Eminem), apague mi coche, entre al consultorio y la secretaria ponga en su iTunes la misma rola de Eminem?
Le dije que estaba escuchando la misma canción hacía un minuto y ni se inmutó. Seguro que no coincidimos en nuestras lecturas y Paul Auster le viene guango.

3. Cómo me molesta que la gente juzgue por género. Y no hablo de ser hombre o mujer. Hablo de ser melodrama o de autor. Pieza o road movie. De acción o de arte. Por cierto, ¿DE arte es un género? No chinguen. Cuando mucho es un tema. ¿O no?

Pobres géneros son las grandes putas de esta década. Todos se los pasan por donde les place y ni les pagan.

En música es peor. Hablo de la gente que no puede escuchar a Celso Piña porque es ‘guapachoso’ o que piensa que el surf, toooodo el surf, es para californianos tarados.
En este país si no es Pink Floyd es música para imbéciles.

En este país la gente ve cine por género. Seguido me agarran de cartelera ambulante. (Tengo una seria adicción con el cine, lo admito y veo TODO, absolutamente TODO). Al que se entera les da por decir: “Seguro ya viste tal peli, ¿está buena?”

En lugar de contestar si, no, más o menos, siempre tengo que calibrar al ‘preguntante’.
Si se cree intelectual es una respuesta, si se cree divertido, es otra.
Si es demasiado fresa ni le contesto.

Desgraciadamente siempre tengo que contestar por género.

4. Pinche cierre de dos revistas me tiene ocupada hasta el cogote.

5. Actualizar tus links es a veces la única forma posible de bloguear. Reconocer que existen los otros, que son mejores que tú, que a veces hay que callar.

6. Los cuerpos de las mujeres desnudas son increíbles. Estoy empezando mis mañanas en un gimnasio y veo nalgas y tetas todos los días. Nunca había vista tantas en realidad. Mi condición hetero no me lo facilita.
Nunca imaginé tanta variedad.
Pezones por aquí, chaparreras por allá. Tetas como torpedos, como mangueritas, como vasos de miel, como preludio, interludio ¿afterludio? al sexo. Amamantadoras, egoístas, solitarias, ‘peleadas’ una con la otra. Las tetas, reitero, son la neta.

Crueldad

Pocas cosas tan crueles como una noche poblada de mosquitos.

Debe haber al menos igual número de textos dedicados al tormento-mosquito que a las guerras. Sobre el desvelo-por-animal-zumbante se me ocurren al menos dos:

El buenísimaonda… /Pican, pican los mosquitos, / pican con gran disimulo, /unos pican en la cara /y otros pican en el cu… hasta Mosquitoes, la segunda novela de Faulkner.

Creo que nunca terminaremos de preguntar exactamente qué parte del plan maestro universal cumplen los cabrones moscos. Para esto está la literatura, creo. Para saber qué parte del plan maestro cumplimos todos o qué parte pensamos que cumplimos, porque, después de muchos libros, uno acaba por preguntarse ¿cuál plan maestro? ¡He sido engañado como un chino!

Y como mosquito zumbante que ya picó, el pensamiento vuelve a detenerse, da una vuelta con la panza cargada de sangre, ¿y si los dichos contra chinos forman parte de ese plan maestro? ¿Y si el mosquito me fue enviado por el hacedor del plan maestro para escribir sobre él?

En fin.  Algún sesudo estudiante de letras ya habrá hecho una antología. Seguro Harold Bloom le dedicó un año a este tema, suena probable.

***
Por la mañana escuché en el radio a una pobre chamaca de 19 años a la que el novio había botado el día anterior, tenía gripa y para colmo, los pinches moscos le habían picado toda la cara.

Hinchada, botada, cuerpo cortado, desvelada, triste y mocosita. Mendigando canciones a los locutores más mamones que ha dado este país.

¡No sean manchados, pónganle su canción de Porter!

Me dieron ganas de abrazarla fuerte.

Furia

Esta es una de mis fotos favoritas en los últimos días. La tomó mi novio.
Me gusta porque la foto es infinitamente más interesante que el objeto real (una escultura olvidada fuera del museo Dolores Olmedo).
Me gusta porque la única manera de ser libres es reventarle el sentido a lo “real”.

Esta sería la imagen perfecta para ilustrar cómo me siento hoy –después de darme cuenta que llevo un mes furiosamente triste–.

***

What’s in a name?

En la tribu espinosa de los monteros les parece que el apellido connota cierta “realeza” y que yo debería utilizarlo para firmar.

Les digo que me gusta así, Ira Franco, que no empezaría a firmar con el apellido de mi mamá aunque me lo pidiera ella misma.

Ira Franco es un nombre corto, como yo, chiquito, como yo. Fuerte, plantado, sonoro. Hasta ahora sigo tratando de llenar ese nombre que me gusta tanto.

Ira quiere decir furia y furia es lo que necesitaríamos todos para encabronarnos con Telmex, con los obispos pedófilos, con los cínicos de la Condesa, con la pobreza de espíritu propia.

Furia es también mi tabla de surf.

Además está la onda de que Ira es nombre de hombre.

Habría que explorar nuestra dualidad, digo yo.