Seleccionar personas

Todo lo que tu mamá te dijo que no hicieras cuando conoces a alguien, eso es un casting.

Antes de fijarse en su tono de voz o en la manera como pronuncia su apellido (que a mi particularmente me “pone” de la gente) hay que ver su estatura, su color de piel y si no tiene barros. Lueguito se nota quien está hambriento y de qué. No le ves a los ojos, estás mirando su “registro” (híjole, la palabrita), el rango de gestos y sensaciones que pueden aflorar en su cara bajo tus malévolas y siempre ilógicas órdenes .

No es que me las dé de profunda, a mi también me encanta verle las nalgas a cada ser humano que me cruza por la vida. La diferencia es que en el trabajo de casting se busca ante todo, una característica descalificadora, con la que se haga sencillo graznar “next”.

Estoy convencida de que los actores son una raza demasiado sensible que se vuelve loca de tanto rechazo. Los escritores cuando entran a un concurso por ejemplo,  tienen la bondad del anonimato. Presentarse a un casting es bajarse los calzones y expresar un deseo vivo. 

Tampoco puedo negar que mi Freud Bettelheimaniano se divirtió mucho.   

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How do you make art a team sport?

En la Wired de junio viene un fantástico reportaje sobre Pixar escrito por Austin Bunn. Como en un buen documental, la historia se cuenta en torno a una hipótesis difícil de contestar: ¿cómo hacer del arte un deporte de equipo? La traducción me elude porque en inglés, “art” también se refiere al departamento de arte en un proyecto cinematográfico.

No me dejarán mentir, para ustedes “arte” siempre significa algo distinto, pero nunca un trabajo en equipo.

Una peli, por más “de autor” que sea, necesita la intervención de un cúmulo de talentos coordinados. Es más, si los talentositos no se llevan bien, por más talentositos la peli no sale ni a patadas.

El asunto de llevarse bien equivale a tener buen sexo. Dos buenos amantes no necesariamente aman bien juntos.

Lo único parecido a una respuesta la da el propio Brad Bird (ex Simpsons 1a. temporada y responsable de “The Iron Giant”): “People here love the characters, and they are aware that films, if done correctly, are living things”.

Igualito que el sexo, si se hace correctamente, se producen cosas llenas de vida.

La duda ataca

Ya decía yo que no era tan fácil. Los gustos lo traicionan a uno. Me explico: Me gusta el guión del cortometraje que estoy a punto de dirigir, me gusta tal como está y luego escucho la opinión de alguien en quien confío y me gusta pero ya no igual.

Luego, me gusta un hombre pero me hablan bien de él y ya no me gusta igual.

La luz de la opinión ajena alumbra el otro lado de la luna y uno, de pronto, ya no encuentra su conejo.

Los Elizondos

Una amiga me presentó al hijo de Salvador Elizondo, Pablo. No tengo nada contra los pintores mediocres, pero la reiterada presencia de “mi papá” y aquello de “mi autor favorito es T.S. Eliot” y “yo he leído todo, nací rodeado de libros” me hacen sospechar. 

¿Tener un padre talentoso disminuye la oportunidad de los hijos o al revés? 

Pablo es bastante joven aunque lo traicione su incipiente calvicie. Es el hijo de un poeta que supo ganarse todas las becas posibles y logró hacerse de un patrimonio respetable. Su madre le “dejó” ya la casa en la del Valle para que la convirtiera en “Estudio”. Allí lo conocí, en un reventón junto a sus pobrecitos lienzos. Nos platicó que se va a ir a estudiar a Londres, en una de las escuelas más caras “y de las mejorcitas”.

Pienso que en Londres no serán capaces de dar lo que natura negó. Por otro lado, sé que con su apellido, el morro puede regresar y fácilmente conseguir una exposición y hasta la venta de varios de sus cuadros.

Lo más seguro es que en uno o dos años le canse la pintura y decida que siempre quiso dedicarse al cine.  A cualquiera le pasa.

Todo viene a cuento porque Ernesto Priego (el del link a la derecha) ilustra su blog con un exctracto del diario de Salvador y me pregunto si Pablo, antes de leer a T.S. Eliot alguna vez también dijo que su autor favorito era su papá o nada más aceptó esa casa de dos pisos (la envidia me corroe) en la colonia que ya mencioné porque piensa que se lo merece. 

 

El gran Rob

Zombie. Dice Stephen King que es sabio respetar a cualquiera que se apellide así. (Es como no hablarle bonito al taquero cuando sostiene un cuchillote en la derecha y mete la izquierda al aceite hirviendo). Así que me uno a King pero por razones estéticas: Rob Zombie es un cineasta decente y sincero.

Yo lo tenía por un roquero inteligente, compositor de rolas en las que el “punch” y la burla se confundían con la distorsión. Pasado de moda, un poco plano, pero siempre divertido.

Resulta que su “House of a 1000 corpses” es un deleite. El señor escribió una esquemática historia de horror adolescente, con todos los lugares comunes posibles que sin embargo, habita en los detalles.

Elías Canetti dijo que todo lo que no es tradición es plagio. Hasta ahora me queda clara la sentencia. Rob tiene la destreza de un viejo lobo para hacer el tiempo cinematográfico su aliado…Espera, espera, hasta que te das cuenta de que debes sentir miedo. Una toma cenital dura lo que el apego del espectador al corte directo. Es la ejecución de un policía de pueblo gringo. Una parodia contundente del poder. No apela al más fuerte, sino al más enfermo. Aquél que tiene, en consecuencia, la lógica más simple.

Tienen que verla. El espectáculo es completo. El público sale molesto, pensando que pagó 45 pesos por un bodrio que lo mantendrá turbado toda la semana.

Un elemento se extraña en la trama. La falta de sexo. Supongo que al director le movió el puritanismo estadounidense que censura una teta al aire en el SuperBowl (Benjamin Torres dixit) pero que puede dejar que sus adolescentes conozcan de cerca a un hombre que come hígados humanos.

Lo más divertido del asunto es que cuando los críticos en los periódicos quieran reseñar esta película se verán en la necesidad de decir:

“La casa de los mil cuerpos (ZOMBIE, 2000)”. Wow. El privilegio de pensar bien tu apellido.

Escuela de escritores

Echarse mierda es deporte nacional. Ahi va el tipo a decir que no tiene nada que comentar sobre otro tipo y al final dice más de lo que hubiera dicho de haber contestado ¨Odio a ese escritor¨.

Voy a poner una mesita afuera de Sogem:

¨Se ponchan egos¨

Naturalmente los que se acerquen serán los únicos que no lo necesiten.

Educación

Confieso que me he hecho bolas muchas veces, pero nunca lo uso como remedio para la abulia.

¿Qué pasa con los legisladores mexicanos que ni lo hijo de puta se les concreta?

Ya no sé si tiene algún sentido reflexionar sobre aquella propuesta para disminuír las horas de estudio de la Historia de México, pero igual me encontré un texto de Vargas Llosa que desenmascara la hasta ahora fallida intención.

(Dice así porque no encuentro cómo ponerle las cursivas):

¨La mejor manera de definir a una sociedad cerrada será que en ella la ficción y la historia han dejado de ser cosas distintas y pasado a confundirse y suplantarse la uno a la otra cambiando constantemente identidades con en un baile de máscaras.

En una sociedad cerrada el poder no sólo se arroga el privilegio de controlar las acciones de los hombrs -lo que hacen y lo que dicen-; aspira también a gobernar su fantasía, sus sueños y, por supuesto, su memoria. En una sociedad cerrada el pasado es, tarde o temprano, objeto de una manipulación encaminada a justificar el presente.¨

(Y he aquí lo más bonito y la razón por la que voy a pedir chamba como maestra de historia próximamente):

¨En una sociedad cerrada la historia se impregna de ficción, pasa a ser ficción, pues se inventa y reinventa en función de la ortodoxia religiosa o política contemporánea, o, más rústicamente, de acuerdo a los caprichos del dueño del poder.¨

Nomás imagínense, usen el pequeño dictador que todos traemos dentro. Contar la historia como me late que fue, como me gusta contar las historias.

A mi la parte que menos me gusta de la historia es cuando se muere Juárez, el periodo de Lerdo de Tejada, un pobre tipo gris que se me figura mucho a Santiago Creel.

L.H. Crosthwaite

Su blog es sensacional y nadie se despide como él:

bla bla bla …

Love and rockets.

Me vale un poco madres si a estos autores (también acabo de añadir a H. Yépez) les gusta o no tener un link en mi blog. A mí me gusta ver sus nombres a la derecha.

And like that, it s gone

MI amiga se va. Estuvo aquí seis meses y nunca la asaltaron. Nunca la tortearon en el pesero. Cuando mucho le gritaron mamacita (que a decir verdad es un poco edípico pero bien decente). Todo México y anexas la trató como un huésped honorable. Las calles se portaron húmedas y rasposas, como lenguas de gato. Le agradecimos que viniera a estudiar cómo se relacionan los mexicanos con el poder.

Yo no sé cómo despedirme de ella. ¿Ya saben cómo llega alguien y ya no se puede ir nunca? Así es mi amiga.

Me siento en una página azul verdoso de Ghost World. Mis líneas las escribió misteriosamente Daniel Clowes hace ya varios años, hizo un viaje al futuro el desgraciado y me robó una parte de mi historia.

Estoy a punto de tomar un camión a otro lugar que geográficamente seguirá siendo el mismo. A la chingada de aquí. Como cuando uno llega al mismo cuarto, a la misma cama y por primera vez la siente incómoda.

Tengo ganas de pintar un muro con una consigna estúpida que no signifique nada a nadie más que a mi. Tengo ganas de aplastar un insecto tornasol bellísimo y disfrutar el crunch.

No quiero despedirme.