Gran (gran gran) Torino

No quiero psicologizar el cine, pero a partir de que entré a psicoanálisis algunas cosas se ven diferentes.

El orden sexual, por ejemplo.

Lo femenino, lo masculino y cómo se manifiesta en mis frustraciones, en mis deseos, en mis sueños.

Ayer le decía a un par de entrañables newfoundfriends que Gran Torino además de una bellísima película, me parece un justo adiós a nuestro orden simbólico sexual de occidente, en cierta medida modelado por el primer siglo de cine gringo.

(Seríamos unos idiotas si no supiéramos que al cine, como a la música, también vamos por nuestra lección sentimental. Por eso y no por prejuiciosos está cabrón relacionarse con alguien de referentes culturales distantes: me atraen más los hombres que fueron enseñados a ser hombres –todas las gamas de hombre– por Morrisey y por Clint Eastwood, que aquellos que sólo aprendieron de su papá.)

Eastwood recuerda con una enorme carga melancólica aquellas pelis donde lo rico era sentir que el muchacho chicho se echaba a la damita en cuestión, que mataba impunemente al criminal, que hacía justicia por su propia mano. El hombre que las podía. El hombre.

Ahora las películas que rifan en taquilla tratan la perenne tensión sexual adolescente, lo no realizado, el deseo reprimido, el ‘ya merito se besan pero nel’…desde Crepúsculo, hasta Harry Potter pasando por la nueva lección femenina para encontrar marido A él no le gustas tanto, El señor de los Anillos, e incluso nuestra queridísima Batman: The Dark Night, donde la tensión sexual ocurre entre dos hombres, basically. El adolescente que adolesce, que quiere quiere pero ahhh ya se vino, el que no se conoce, al que el inconsciente lo tiene supervigilado, que no las puede ni las podrá nunca. El hombre MADREAdo, en toda la extensión de la palabra.

Gran Torino se despide simbólicamente del enorme y poderoso pito extendido (jeje) que son los coches para los hombres, del enorme pito que significa haber industrializado el automóvil para los estadounidenses, de los autos fuertes, de la Ford Motor Company, de cuando fueron la tribu de los hombres viejos, el imperio único, el policía, el benefactor, el proveedor. Se despide del hombre como lo conocíamos.

Es curioso que el personaje que interpreta Eastwood (en una posmoderna caricatura de sí mismo, además) se relaciona de forma horizontal solamente con las mujeres Hmong, la abuela y la hermana de su entenado: en esa familia (como en muchísismas otras) ellas son las que mandan y a ellas se les reporta uno, pos qué chingaos.

Un amigo me dijo que Gran Torino era como Karate Kid, en cuanto a relación sensei-alumno, pero difiero: Eastwood no le enseña a patear niños para ganar el amor de una güerita fresa (que equivale a decir: el karate sirve también para subir peldaños en la escala social). Aquí, el veterano de guerra Kowalski (¿qué tendrán los polacos? Rorschach/Kovacs también era, ¿que no?) le enseña al entenado a sobrevivir en un mundo de mariquitas sin calzones, de maricas con pistola, de putines que se esconden bajo el virginal manto de la velocidad de la bala.

Nada que ver con Pat Morita, creo.

Como decía Chuch Palahniuk en boca de Tyler Durden: somos una generación de niñitos críados por nuestra mamá, me pregunto si es otra mujer lo que realmente necesitamos.

No sé.

Siendo mujer heterosexual, tal parece que diciendo esto escupo al cielo.

Mmm, tal vez estoy igual de confundida que todos los demás.

Lo que quiero decir es que al terminar de ver Gran Torino salí agradeciendo que exista el mundo de los hombres.

Agradeciendo que yo no tengo cabida allí (porque parezca lo que parezca, I’m not one of the guys); que yo, por más poderosa o desmadrosa, bebedora, aventurera o malhablada sigo admirando la masculinidad en su más cruda potencia.

Son guapísimos pinches hombres y contemplarlos es uno de mis mayores placeres.

***

Acá y acá hay dos amigos más listos que yo haciendo otro tipo de análisis crítico y político a la peli.

gran-torino

*Además, y esta ya es onda de regodeo, mi papá manejaba una de estas camionetas, con la misma cara enjuta, así como Clint.

Saludos jefetrónico, wherever you may be.

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Falta algo

Ella pregunta ¿qué falta? Ya dijimos las palabras en portugués para pelo, cachetes, ojos, nariz (niños es ‘el’ nariz, no ‘la’ nariz, acuérdense) y es el tobillo pero es también el talón, no parece haber dos palabras que separen esas partes del cuerpo.

Y nos dice que un ser cachetoncito es ‘bochechudo’ y que alguien que tiene la cara alargada la tiene ‘comprida’ y nos dice cómo se dicen los ojos, los dientes, la boca, el cuello (que en realidad suena a pezcuezo o pezcoso or something, a lo que todos respondemos con un jijiji medio idiota) y pregunta si falta algo. ¿Falta algo? Ah sí, y escribe en el pizarrón algo de los pies, las rodillas y hasta los codos.

Quiero interrumpir: ¿qué nadie se da cuenta de lo que falta?

¿Qué nadie quiere saber cómo se llama eso tienen entre las piernas; la única parte del cuerpo que nos hace vivir en el presente porque sólo en el presente se le puede hacer el amor a alguien? Todo lo demás (que si me rompí la uña, el tabique, la nariz, me depilé, me quemé la mano, me la corté aquella vez, que si comí de más tomé de menos, vi mucha tele) vale para pura factura pasada.

Mi sexo es presente, quizás futuro, nunca pasado.

Quiero saber cómo se dice presente (y urgente) en portugués.

Y estoy a punto de preguntar pero ya antes fui víctima del escrutinio porque dije que no era católica y que mis padres habían tenido el enorme buen gusto de no bautizarme ni nada.

Todo mundo me había mirado medio feyo. (Low profile Ira, low profile, just once, just one fucking time in your life). Preguntar cómo se decían ‘las cositas felices de uno’, bueno, hubiera sido un exceso.

Viaje de placer

Este es el primer viaje ‘de placer’ que hago en dos años.  Cuando uno (se) viaja para vivir, el placer es quedarte en tu cuarto, bañarte y mientras todavía estás en batita urgar hurgar 🙂 en las recónditas fisuras del cuerpo.

Por primera vez en mucho tiempo soy una de esas ronchas que le salen a los aeropuertos: soy turista. No tengo nada que apuntar, nada que recordar, nada que declarar. Mi gran trabajo hoy será dejarme tocar por la arena en la playa, leerle un poco a mis sobrinos, tratar de compartirles estos placeres que tantas veces me han salvado la vida: los rayos del sol que te cierran los ojos y los libros.

Les compré un par de supesoakers, de esas pistolas de agua para que mojen a discreción cualquier cosa que no ‘deba’ humedecerse.

Que el agua se lleve mi gripa distímica, que mis niños abran la pausa en el tiempo, el tiempo entre lo que quiero y lo que tengo que hacer.

Suena como un buen deseo.

Madera vieja

Como dice Paz que dijo Basho que dijo un comerciante de la provincia de Mino:

Nido del águila

amores que no alcanzan

los oleajes.

***

O como dijo Basho que diría Paz que dirían algunos siglos después que él mismo dijo:

Ando y ando.

Si he de caer, que sea

entre los árboles.

Y su consecuente respuesta:

Hoy el rocío

borrará lo escrito

en mi sombrero.

This time tomorrow, where will we be

Por eso digo que uno debería enmarcar sus planes y dejarlos de recuerdo en la sala. Si acaso sirven para adornar, nada más.

Ayer un par de hospitales y como 10 horas de pensar que a uno se le va la vida esperando. Esperé a Godot ayer, pero nunca llegó. (Tiene esa manía el cabrón). Entonces, como un Beckettsito aprendiz de la vida, a mí también (como supongo ya les pasó, pues casi todos son más listos que yo) me cayó el veinte de que la vida ES la espera.

Casi hay que darle gracias a quien te deja esperando. Propongo que las salas de espera se conviertan en altares paganos, donde todos demos vueltas con el celular en la mano, incapaces de provocar el abrazo del médico o al abrazo telefónico que necesitas. Mientras esperas, la vida no se te va, se te queda.

Los hermanos Davies, dueños de un grupo sesentero (Los Kinks) lo dijeron mejor que yo y lo dijeron antes de que yo naciera.

Amo esta canción, me hace sentir acompañada. Un poco triste, pero mucho menos sola.

This time tomorrow where will we be
On a spaceship somewhere sailing across an empty sea
This time tomorrow what will we know
Well we still be here watching an in-flight movie show
Ill leave the sun behind me and watch the clouds as they sadly pass me by
Seven miles below me I can see the world and it aint so big at all

For today I am a boy

Anthony (el de los Johnsons) piensa lo mismo que yo; a veces uno tiene cosas que hacer de hombre y a veces de mujer.

El otro día me soñé como hombre, protegiendo a una mujer (que era yo misma, of course). La abrazaba, como me abrazaba mi papá y le decía que todo iba a estar bien.

Luego pensé que proteger en femenino es diferente que en masculino. En mi experiencia lo femenino odia y araña y grita para proteger. Lo masculino aguanta vara y embiste sólo cuando está dispuesto a que lo maten.

No sé qué me da que me obsesiona ese hombre en mí.

Ayer oía a los Emos en el Canal Once. Le decían al entrevistador, un tal Ricardo Raphael (del que jamás había escuchado una palabra, pero que se parece sospechosamente a Héctor de Mauleón) que había otras formas de sentirse hombre. “A lo mejor a nosotros nos gusta sentir, antes que otra cosa”, dijo el Sugu (¿qué no era el Sugus?). “Nos gusta sentir como sólo se les permite sentir a las mujeres y eso no tiene nada que ver con nuestra preferencia sexual”. Tómela.

Yépez dice que los Emos nacieron sin agenda política y a pesar de mi profunda admiración a Yépez permítome diSENTIR: creo que tienen una que nunca se revisó en el pasado: ¿qué es ser hombre/mujer? ¿cómo vamos a vivir ahora lo femenino/masculino? Porque ya nos desclosetamos de con quién cogemos –ser gay ya no es un crimen tan grande– ahora queremos desclosetarnos de nuestras propias imposiciones: yo soy niño, tú eres niña y se acabó.

Pos nel. Ahí no se acaba nunca.

Ahí en medio del deseo y la eterna pregunta de quién chingados soy, ahí está la pregunta que nos hacen los Emos. (No UN emo, sino todos juntos. Entre todos saben todo).

Por eso mi nuevo motto es: ¿semos o no semos emos? (gracias Andrei).

One day I’ll grow up and be a beautiful woman…
One day I’ll grow up and be a beautiful girl…
For today I am a child
For today I am a boy

One day I’ll grow up and feel the power in me…
For today I am a child
For today I am a boy

No me quiero descoser…

…pero estar en mi casa me hace bloguear ‘como hilo de media’.

Ah cómo los extrañaba. Me di un paseo de dos horas por mis blogs favoritos.

La semana pasada trabajé de 9 am a 10 pm (dominguito incluído, pos qué chingaos, al fin, no tengo vida fuera y ni quería, pinchis batos).

En el blog del querido Rafa Saavedra me encontré su ‘Crossfader version’ de los siete pecados sociales , a propósito de los nuevos pesscados católicos rat-zingerianos.

Al leer a Rafa, me dieron ganas de intentarlo, así que aquí va mi propuesta de pecados sociales:

1. La falta de malicia. El otro día le conté a un tipo que de niña, a los ocho años, la imagen de Cristo en la cruz me prendía. Me respondió que ‘a los niños no les prenden esas cosas y que verdaderamente estaba yo un poco zafada’. (No sé si esto califica como falta de malicia o falta de cultura: basta leer de forma somera –literatura, poesía, a Freud– para saber que a los ocho años uno está perfectamente capacitado para desear a quien se deje, Cristo incluído).

2. Y en este coincido con Rafa: La corrección política en las pláticas de oficina. Ok, yo sé que me paso de lanza, ¿pero a poco no es un poquitito gracioso que hayamos mandado a una colaboradora apellidada Kaiser a entrevistar a una chava ultrajudía? Casi mandamos le mandamos a Pepe Goebbels. Es natural que se haya sacado un poco de onda y no haya querido posar para la foto. (Bueno, a mí me dio risa, pues).

3. La self-righteousness en todas sus modalidades. Que yo soy mejor que tú porque sí existo (y está impreso) en donde tengo que existir. Que yo nunca te habría hecho algo así. Que yo no tengo de qué avergonzarme. Buuu. (En mi libro, aquél que no tenga de qué avergonzarse es medio idiota).

4. El cinismo ramplón. “Pues leve eh, no creas que mucho. Aquí estamos en un glaciar de miles de años y pus leve eh, no te creas que es la gran cosa”.

5. La práctica del mal beso. Rest my case.

6. La imposición del miedo (como dice Rafa) y que yo completo con lo que me toca vivir ocho horas diarias: la imposición del miedo al ridículo como método de control social, en el que estar passé –por hablar de política, por ejemplo, por discutir si lo que hacemos es periodismo, si en esa cuna de lobos existe o no la ética, por discutir, pues– es arriesgarse a ser el outcast, el “d”, el menos propenso a un aumento. Añado otro subproducto del miedo al ridículo: nadie en el medio ‘periodista de entretenimiento/creativo” se viste realmente como le da la gana, nada más gastan una fortuna en que así parezca.

7. El abuso de ciertos conceptos a los que otorgamos una cualidad positiva por default: la circularidad (cuando hablamos de una obra de arte, por ejemplo o filosofamos de la vida), ‘la cultura de…’ (de servicio cuando hablamos de por qué los españoles avientan el dinero), la buena educación (cuando hablamos de por qué decimos ‘provecho’ al salir de un restaurante), la honestidad…

Exciting times

Qué simpática la vida cuando uno puede decir: están pasando cosas en mi computadora.

O en mi cuarto.

Hay días que me sorprendo ganándole la partida a Pascal:

“La infelicidad humana proviene de no poder estar inactivo dentro de una habitación” (Mil veces citada en la red y ahora se la encuentra con tantos añadidos que ya no se sabe qué chingados dijo realmente Pascal. Para joderla no tengo el libro.)

Bien, lo que hayas dicho Pascal, te reto a verme ahora mismo que blogueo desde mi casa, que me encuentro con mis libros y, ja, ¡casi siento ganas de comérmelos o de invitarles unas chelas!

Abro el archivo de mi novela (esa que, efectivamente, publicaré algún día) y quisiera abrazarlo. Le pregunto a Pascal que cómo se abraza un archivo de Word, pero no me contesta.

(Qué bueno. La pregunta tendría que derivar en cómo se coge con un MP3 y ahí si, para que le andamos tentando las nalguitas al demonio…son un chingo y a todos me los echaba).

Las zapatillas Mi Alegría

Cuando estoy de malas en el trabajo me pongo a hablar. Antes que todos se muestren cansados de mis cuitas, allá voy yo mera, a odiarme solita, pero de parar ni madres…antes muerta que callada, chingado.

Es como si no pudiera detener la boca. Libero las múltiples angustias; por ejemplo, de la supuesta lucha de los sexos. “Los hombres son (llene usted aquí con cualquier frasecita hecha), en cambio, las mujeres todo lo hacemos para (igual que la anterior)”.

Lo peor es que todos traemos la misma angustia y el tema prende como chispita en polvorín. Al rato ya no sé cómo decir que los hombres son fantásticos, un misterio eterno y una fuente de verdad. Al rato ya no puedo decir que la regué y que ni madre que me compro eso de la lucha de los sexos, tema sólo fabricado para vender revistas de corazón disfrazadas de posmodernidad.

No señor, ninguna lucha. Puro dolor de no ser capaz de meterme en la piel del otro.

Para mí es una cuestión ¿Qué se siente mear parado; ser capaz (sin entrenamiento previo) de golpear a alguien en un bar; hacerse más guapo mientras se envejece; no poderse embarazar?

Platicaba con Dante sobre los juguetes Mi Alegría cuando vi una luz al final del pasillo: con razón somos distintos, tú querías un juego de química y yo pedía a grito pelado unas zapatillas rojas de plástico.

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Tal vez ahí empezaron nuestros problemas, los problemas entre un hombre y una mujer:

Secretamente ambos deseabamos desear lo otro, tú mis zapatillas y yo tu juego de química (o tal vez lo hicimos, siempre secretamente) y aún cuando obtuvimos lo que deseábamos (tú el juego de química, yo las zapatillas), cuando abrimos la caja entendimos que los comerciales nos engañaban y que

1. no venía el ácido clorhídrico con el que íbas a quemar a esos insectos muertos que guardabas en aquellos tuppers

2. la bata se vendía por separado

3. el humo también

o que

1. las princesas tenían el pie mucho más grande que el tuyo

2. las princesas no querían correr por las calles de Lindavista como tú o no tenían chorreadas las pantorrillas de lodo (como tú) así que las zapatillas les duraban sin romperse más de 10 minutos (no como a tí)

3. las princesas se vendían por separado

I’m running away with you…

Escribo un guión sobre el amor. Llevo aquí sentada unas cinco horas, escribiendo en silencio, mientras esta ciudad de lluvia regresa a sus orígenes y se convierte en un lago hediondo y se inunda de ilusiones ópticas en los charcos, efectos mágicos del aceite de motor.

En mi guión hay dos hombres que se aman y una mujer que ama a uno de esos dos hombres. De hecho está casado con él.

Los tres saben de la existencia del otro.

La cuestión es que escribir escenas de amor me hace sentir totalmente despojada de inteligencia. ¿Cómo se hace para retratar los juegos de cama sin acabar en la cogidita violenta que a nadie evoca nada? ¿Cómo escribe uno de algo que todos sabemos hacer por instinto, algo que sabemos que es verdad siempre, algo que es verdad aunque se trate de una asquerosa mentira?

No puedo. Es inútil.

Piensa Don Gato, piensa.
Entonces pido ayuda a mis dioses, particularme el de la música y tecleo “love” en mi iTunes. Aparece un extraño soundtrack aleatorio.

I’m running away with you, that’s all I ever do, that’s all we ever mean, I forgive you everything…

Pete Doherty empieza a llamar, la sirena me seduce, ¿qué otras canciones de amor tengo en mi iTunes?

Puf. Y yo que pensé que no existía aún un mejor título para mi guión. Lástima que no puedo changanearme Bizarre Love Triangle.

Un sonido que me regresa a la sensación primaria: ¿exactamente cómo se siente el cuerpo cuando el corazón está a punto de romperse por completo? If the walls in the room could talk, I wonder to myself would they lie…Please, do not let me go!

¿Cómo se mueven las tripas cuando te escapas con alguien por primera vez, cuando le miras el brillo de los ojos y sabes que te corresponde? All I’m saying, pretty baby, la la love ya…

o cuando ya sabes que te va a dejar? They say it fades if you let it, love was made to forget it, I carved your name through my eyelids, you pray for rain, I pray for blindness…If you still want me…

…sabiendo que por supuesto, you don’t want me anymore, obviously.

Puf.

Además de esas, con la palabra ‘love’ salió una enorme lista que incluía entre otras linduras:

Love will tear us apart, Joy Division
Tainted love, Soft cell
Wonderwall, Ryan Adams
No I in Threesome, Interpol
Don’t love you, Tv on the radio

De lo que infiero que hasta el iTunes sabe más que yo de eso que le llaman mal de amores.

Puf.

***

Estuve de viaje en un sitio sin interné.

Sorry la demora. Ya regresé. Besos.

Ah y perdón por sólo poner links de las letras de las canciones y no de las canciones en YouTube o algo. Sucede que tengo que regresar a mi guión.