Peatones

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Hablar de amor apesta. Es como si el amor fuera en jet y nuestra plática a pura pata. Es más, es como si nuestro amor estuviera en Marte, cómodamente sentado, esperando, igual que aquella roca-humanoide que descubrió el Spirit rover de la NASA hace poco, mientras nuestra plática se llevara a cabo en una sala de espera de hospital barato.

Somos tan pedestres.

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Cosas que nunca hago

Nomás para desempolvar mi frágil punketez, hoy quiero hacer dos cosas que nunca hago:

1. Publicar aquí lo que publico en las revistas. El número de enero de la revista donde trabajo trae 10 reseñas de películas ‘de viaje’. Aquí reproduzco la reseña de una peli (The Painted Veil) que me dejó pensando varios días (esto de tener pareja es trabajo de tiempo completo):
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El viaje más memorable de tu vida es el que realizas para llegar a otra persona. En la tercera adaptación cinematográfica de la novela de W. Somerset Maugham, la afirmación toma vigencia, sobre todo por la química que logran en pantalla Naomi Watts y Edward Norton. Se trata de dos personas del siglo pasado que parecen de este: no saben lo que tienen enfrente hasta que lo pierden. Lo mejor es que el director John Curran utilizó la profunda belleza de los paisajes rurales de China como un elemento narrativo más — habría resultado poco creíble que la pareja se enamorara con todas las distracciones de una gran ciudad –. Los arrozales chinos son aquí un templo silencioso, uno templo en el que Watts tiene que dejar del lado su caprichos y mirar de frente al hombre que duerme junto a ella. “Y vivieron felices para siempre” suele ser la frase para cerrar una historia de amor, si bien la menos apropiada para lo que ocurre después de que pastel de boda se ha terminado, como bien lo prueba esta fantástica cinta.

2. Otra cosa que nunca hago es confesar que me gusta la onda Jota. Ser joto o jota poco tiene que ver con tu preferencia sexual o con el género. Es una actitud que otros llaman ‘forever’ y antes no sé cómo le decían. Combina ñoñez, idealismo, infantilismo, ganas de unirse a una secta, estupidez, ingenuidad, cursilería, sheer joy, pero también tiene algo de malicia Polanskiana (y ese algo es lo que me engancha).

Vestirse de blanco, emocionarse porque te cantó un pajarito en tu ventana, porque salió el pinche sol que sale diario pero ay no mames qué chingón que salga diario o porque pu, ser feliz es la neta y ser feliz es ser el nuevo friki y ser feliz es bien difícil y como es tan difícil entonces las expresiones de felicidad son pura pinche melancolía babosa de aquella vez que nos acordamos que fuimos bien felices.
Entonces los jotos y las jotas somos en realidad bien darkies, pues.

Es bien joto que te guste The Polyphonic Spree, por ejemplo.

Hold me now.
Don’t start shaking.
You keep me safe.
Don’t ever think you’re the only one
when times are tough in your new age.

o ésta que me emocionó en el coche esta mañana y por la que un tipo se me quedó mirando y tuvo que reírse porque yo levantaba los brazos como si estuviera en este concierto:

Just follow the day and reach for the sun!

Qué jota soy chingá.

Tres días

El jueves me levanté a la mitad de la noche al baño. Iba casi en estado de REM o MOR, es decir jetoncísima y queriendo abrir la puerta me di un ‘tope chancho’ hijoeputa. Olvidé que le había puesto la calza la noche anterior. ¡Qué madrazo!

Ouch.

Pero esa no es la razón por la que llevo tres días con jaqueca.

Tal vez sea ésta:

El miércoles por la tarde manejé una hora hasta el Vips de las Antorchas que ya ni sé si tiene antorchas o no pero solía ser un punto de encuentro para bikers de los 80s. Cuando llegamos se fue tres veces la luz. A la cuarta se echó a andar la planta y llegó la luz pero no los ventiladores.

Me sentí como en aquella película en Marte de Paul Verhoeven (basada por cierto en una historia de nuestro Philip Kindred Dick) donde justo les apagan los ventiladores a los mutantes para dejarlos morir. Siempre pienso en esa chica de la variedad con cuatro tetas y la enanita puta con las medias de red.

Qué buenos detalles, qué película tan irregular.

Bien, pues siempre que me apagan los ventiladores me siento como la enanita o como la chava de las cuatro cosas esas…siento que me dejan morir.

Y si aparte estoy en la sección de ‘fume usted sin pudor, al cabo qu’el cancer lo regalan’ de un Vips encerrado, me siento pior.

Fue el día en que esta ciudad supo lo que eran 80 kilómetros por hora por otra cosa que no fueran las olvidadas señales de máxima velocidad en el periférico. El día que algunos capitalinos murieron trágicamente, el día en que se los llevó el viento, que se cayeron techos, espectaculares y muchos árboles, incluyendo el arbolito de mi casa.

Pero esa no es la razón por la que llevo tres días con jaqueca.

Tal vez sea ésta otra:

Hace dos semanas alguien me dijo que se hacía tarde para mí y me dio estrés y dije ‘újule ya me empiezo a morir’, aunque como siempre luego se me olvidó y pensé que el muerto era otro.

Pero esa no es la razón por la que llevo tres días con jaqueca.

Tal vez sea que no ví la fecha de caducidad de la operación de los ojos y ya necesito lentes o que las sesiones de terapia están muy perras o que tengo un tumor trepidante y moriré pronto.

(En cuyo caso me convertiré en la Dama de las Camelias y todos tendrán material para escribir un buen melodrama).
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Ouch, mi choyita. Me sigue doliendo.

Combustible

Una vez me dijeron que la adolescencia es justo el periodo de tu vida donde se hacen los grandes cambios cerebrales que nos separan de otros mamíferos.

Dicen que la infancia, con todo el desarrollo psicomotor y esas ondas, se queda imbécil frente a la adolescencia.

O sea que uno es quien es después del adolescente que es/fue.

Yo sostengo la teoría de que es allí cuando uno se llena del mejor combustible para la vida: la furia.

Es triste ver cómo hubo quienes no alcanzaron a llenar el tanque. Son treintañeros domados, vegetales prematuros que se tragan lo que les dan de comer.

Yo conozco dos.

Yo sí soy leyenda

…al menos me digné leer el libro de Richard Matheson.

Lo que no entiendo es para qué se molestaron en pagar los derechos para ponerle el mismo título.

Tampoco me esperaba gran cosa. Digo, sale Will Smith.

Fue raro porque además me tocó sentarme junto a Lyn May. 051222_lyn_3.jpg

Me hizo la noche. Esa señora de pómulos como una telera hablaba bajito y preguntaba todo el plot. Que por qué hizo esto y por qué no hizo aquello. Ayyy qué tonto.

Soy leyenda, soy leyenda. Voy al cine con pura celebridá.

De la peli lo único interesante fue comprobar el predecible resultado del viejo experimento (no sé si tan posmoderno), ese que que tanto éxito le ha cosechado a directores como Tarantino: la copia de la copia de la copia de un original del que ya no queda nada.

Como estudio semiótico es una joyita.

Como estudio del la correcta factura de un guión cinematográfico también resulta ejemplar…

Ayer aprendí por ejemplo:

-que no importa cuántas personas YA NO existan en el mundo, la electricidad la genera dios, chingao, y dios pus ni modo que no trabaje.
-que cuando las dos llantas traseras de tu troca ya tocan el aire en un precipicio todavía es posible jugar arrancones.
-que una mujer sola de 50 kilos puede burlar a 20 zombies rabiosos y sacar a Will Smith (que debe andar por los 2 metros y los 90 kilos) de un auto volcado en menos de dos segundos.
-que cuando llevas tres años sin ver un alma te preocupa muchísimo que toda tu ropa combine, esté planchadita y limpia, pus ni modos de tirarse al caño.
-que Mustang paga muy bien el product placement.
-que seguramente Blockbuster no invierte en esas tarugadas.
-que cuando el mundo se termine y nomás queden los gringos previsores, en el ‘fuerte’ (una especie de comunidad “Volvamos a empezar”) te vas a soplar, quieras o no, la santísima trinidad: un par de soldados cuidando las fronteras, una bandera gringa y una pinches campanas de iglesia protestante anglicana al mediodía.

Igual te valía más quedarte a probar suerte con los zombies.

En fin.

Mejor dirija usted sus esfuerzos cinematográficos en ver El Orfanato que es la neta.

***
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Ahora bien, si su onda es el revisionismo, hay que ver The Omega Man y Last Man on Earth, nomás para clavarnos en eso de la copia de la copia de la copia de la copia que ya nada tiene que ver con esa bellísima novela originaria.

Dias de cierre

Estos días son los más intensos en cualquier redacción.

Hoy, de esa intensidad salió una linda frase dicha con toda seriedad:

“Mientras más chelas tomemos, mejor saldrá la revista”.

¡Salud por mis compañeros de la oficina chingado, qué haría yo sin ellos!

Tuvimos visitas

Hijoles, hace ya rato postié algo sobre el concierto de Morrisey en México en el que hacía gala de mi peladez y mi mal gusto expresándome de alguien que habla en la radio como ‘si lo conociera’ (Rulo). El caso es que hoy pasó por aquí y dejó un comentario.

Como toda hija de vecina que se siente menos, dije ah chingá y este cómo llegó acá.

Un minuto después dejó de importarme cómo llegó acá y volví a leer el post. Me di cuenta de que a veces uno (o sea yo) abre el hocico nomás porque lo tiene muy grande.

A mí qué chingaos si Rulo está de malas o no, si tiene panza y le gusta comer o no.

Yo también tengo panza y me gusta comer y cuando estoy de malas soy insoportable.

Así que si Rulo viene otra vez por acá, sin ánimo de pedir permisos ni perdones, le deseamos muchas buenas mañanas.
Ni peiper.

***

Por otro lado, sí que lo conocemos.

No hablo de oírlo en la radio la mitad de mi vida sino de aquella vez que tuvimos una charla de casi una hora.

Le pedí una entrevista y desde que me vió de arriba a abajo supe que iba a salir mal.  No sé. Esas cosas de la química.

Luego, a la mitad de la super professional interview se me salió decirle que mi hermana decía que era un amarguete y me preguntó que cuantos años tenía mi hermana y se sorprendió mucho  de lo ‘fuera del target’ que estábamos ambas. (No voy a decir cuántos años tenemos, no por mí, sino porque mi hermana me asesina con todo y calzones pintos si revelo su edad).

El caso es que lo de ‘fuera del target’ me caló, sobre todo porque Rulo y yo tenemos casi la misma edad. De allí en adelante ya ni cómo hacerle para avanzar en la entrevista. Debo haber dicho pura tarugada.
Luego le llevé el texto al editor con quien lo había pactado y no prosperó. Decidieron meter otro reportaje, qué se yo.

Me dijo un par de cosas inteligentes eso sí, porque es un tipo brillante aunque le cague a tanta gente que conozco.

Entre otras cosas se preguntaba algo que todavía me retumba cuando veo al típico escuincle menso con gustos viejos adquiridos: ¿Porque en este país nadie cree que los Beach Boys son una banda trascendente y en cambio se arrodillan como si vieran a la virgen cuando ponen a Pink Floyd?

El día que se responda a esa pregunta con claridad sabremos más de los mexicanos.

Una pelea

Tengo muchos años peléandome y todavía no lo sé hacer. Esto está mal, porque aunque todo el mundo diga que pelearse es una pérdida de tiempo, a mí me parece tan inevitable que ni siquiera es importante si se pierde o no el tiempo. Hay que aprender a hacerlo correctamente. (Digo, ya está uno aquí).

Enumero aquí algunas cosas que después de tantos años, comienzo a intuir sobre una pelea:

-muchas de las cosas que se dicen se dicen para establecer superioridad. El juego del poder es muy sutil en las relaciones diarias, pero en una pelea se hace clarísimo.

-el tono, los gritos o los silencios son armas para distraer al enemigo y asestarle la frase-espada que no olvidará jamás.

-cuando uno golpea cosas casi siempre sublima un golpe al otro. (Mejor así, que quede claro)
-dejar al otro con la palabra en la boca es uno de los triunfos más viejos pero más efectivos.

-no todo es malo cuando te haces de palabras: a veces, después de la madriza, recuerdas cuántas cosas NO dijiste para no herir al otro. ESO que lograste contener, allí es donde vive el amor.

Qué violencia, chingá.

¿Empezó ya el año?

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Notas mentales para no olvidar el principio del fin de la primera década del milenio:

-Corrieron a Carmen Aristegui de Televisa y qué bueno. Me ponía de mal humor que la empresa se pusiera el manto del ‘buen periodismo’ nomás porque tenía entre sus filas un verdadero garbanzo de a libra. Estoy segura de que a Carmen no le faltará trabajo ni propuestas. Para mi W Radio simplemente desapareció del cuadrante: tranquiliza saber quién es el contrincante. Creo que por eso me encantan las películas de la guerra fría.

-Hablando de eso, acabo de ver This Gun for Hire. Alan Ladd nació para el papel de Philip Raven. Busqué en Wikipedia y dicen que en Suecia existe una expresión, “Spela Allan” (actuar como Alan), que se refiere a aquél que hace de chico malo pero melancólico. No había visto esta película pero de ahora en adelante, cuando me pregunten mi tipo de hombre tendré que contestar: una especie de spela allans altamente sexoso.

-Este 2008 empieza con cierta imaginería chambona: amo por sobre todas las cosas fútiles a este niño que se pegó, literalmente, a la cama para no ir a la escuela. Tardaron dos horas en despegarlo los paramédicos.

¡Qué niño tan simpático!

Si yo pudiera haría lo mismo de vez en vez.

(Jesús qué enferma estoy. Pinche gripa de enero, es la pior).

Regalo 6. Para Felipe, mi incrédulo editor favorito

Este será el regalo más impúdico del año. No puedo revelar la identidad del protagonista, pero eso es lo de menos.

Ante un atributo de ese tamaño, cualquier cosa es lo de menos.

Teníamos onda y yo podía platicar horas con él. Era un tipo cultísimo, simpático y con un sentido del humor de otro planeta.

De pronto sus bromas se convertían en verdaderos happenings y yo estaba fascinada. Cuando miraba a sus ojos me parecía intuir un alma vieja.

Además, encuerado era un dios fálico.

Muy a mi pesar, el hecho de ser compatibles en la conversación, gustarnos lo suficiente para besuquearnos y su mmmh, enooorme peculiaridad física, el viejo adagio resultó totalmente cierto: ‘el tamaño no importa’. Cuando algo no hace click, nomás no hace y no hay explicación.

(Aunque el adagio tiene sus asegunes…Quiero decir, es cierto, aunque le hace falta una frase aclaratoria: ‘no importa, pero qué maña se da para entretener’.

Así que un periodo de mi vida, un dios de ese tipo me tuvo entretenida muchos meses.

Cuando el furor del gigantismo pasó, la cama se empezó a enfríar y empezamos a hablar más que lo que echábamos patín. Después de un par de semanas de conversación postcoital nos quitamos las verdaderas ropas: le pregunté cómo había sido la historia de sus relaciones sexuales, tomando en cuenta su voluminosa y excepcional particularidad.

‘Pues no a todo mundo le gusta. A algunas les lastima’.

True.

-‘¿Y qué es lo más divertido que te ha pasado?’
-‘Pues cuando estaba más chavo me podía mmm, auto felar’.
-‘Noooooooooooo!’
-‘Si, si.’
-‘Ahhhhhhhh ver?’
-‘No, pues hace mucho que ya no lo intento. Antes estaba más flaco y hacía ejercicio y bueno, ya tampoco se me antoja’
-‘Porfi porfi porfi porfi, ¿por mí? ¡Áaaaaaaaaandale!’
-‘Bueno, pero no te vayas a reír’
-‘Jamás’

Y se puso en posición semi fetal, se quitó los chones y me enseñó. Todavía era capaz…muy capaz.

Claro que no me causó risa. Me pareció una de las cosas más sexys que he visto en mi vida.

Es muy extraño cómo funciona el gusto por alguien. A pesar de eso, nunca sentí total compatibilidad sexual con él.

Vaya usté a saber.

Feliz año incrédulo!