Genéricas intercambiables

Es una de mis obsesiones y lo discuto conmigo cada vez que puedo: ¿realmente es productivo hacer análisis de género?

Hoy encontré que no estoy afiliada a ningún sitio oficial o amistoso que tenga que ver sólo con mujeres.

Mañoso que es uno, pensé que debería, pues suelen ser organizaciones que te aceptan por default, nomás presenta uno las tetas como credencial. De hecho, me acaban de hacer una invitación.

Podría incluso publicar un libro con ellas. Se llaman de mil maneras y aunque son más listas que otras; de entrada lo que necesitas para caerles bien me puede cagar. La última parte de ética que me queda me detiene: el día que haya Instituto de los Hombres, ése día estaremos hablando de la misma sin razón y entonces me sentiré menos idiota apegándome por filiación tetavaginomística.

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Escenas de setso

En The Guardian, Nerve y el Independent Film Channel proponen recordar las mejores escenas de sexo de la historia del cine.

Lo mejor no es calentarse ante el teclado, sino pensar ¿exactamente qué hace buena una escena de sexo?

¿La edición, el contexto, la credibilidad de los actores, lo buenos que están, la música, la literalidad, la expresión llana de material inconsciente que no deberíamos estar mirando, la represión, nuestros propios espejos, nuestras propias perversiones, la habilidad del director para recordarnos cómo se siente ser animal?

Creo que ya escribí de la vez que fui con mi noviecito de la secu a ver Dirty Dancing, cuando la hormona me atrapó y casi me quito lo virgen nomás que el mentado bato era del Opus Dei (no exagero) y no quiso. Supongo que esos bailes serían mis prepúberes mejores escenas sexuales.

En mi top está  Monster’s Ball, de Marc Forster con Billy Bob Thorton y Halle Berry. Putísima qué cogida se ponen esos dos en la sala de la casa, junto a la mesita de centro.  Esa tiene el mérito de hacerme sentir toda una voyeur. La recuerdo con vergüenza, creo que hasta la boca me tapé en el cine para que no me vieran morderme los labios.

Con el magnífico Billy Bob Thorton está también Bad Santa de Terry Zwigoff (director de la versión cinematográfica de Ghost World) en donde Lauren Graham, la mamá joven en Gilmore Girls, me acaba de caer poca madre: “Fuck me Santa, Fuck me Santa, Fuck me Santa, Fuck me Santa”.

Pues eso, si se acuerdan diuna, ahí avisan.

El apellido

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Chicago me recibió nevado. Blanco. Blanqui. blanqui. Hacía frío pero dejó de importarme en menos de diez minutos.

Entendí que un viaje a los 15 ocurre en lo físico. Es que uno apenas está aprendiendo a usar el cuerpo.

(Hace ya tanto… veo mis manos, como quien se graba a sí mismo en película Super 8. Veo mis pies con zapatos inadecuados. La cocina de mi prima Laura. El vagón de tren abandonado en que nos subimos a tomar chela. Recuerdo el vértigo. Nunca fui avezada en lo físico).

Ahora los viajes me ocurren como piezas sueltas. Son accidentes, intermitencias, excepciones. Me interrumpen como interrumpe el sonido de un avión en la Jardín Balbuena.

No quiero decir que no me guste. Hasta Buñuel usó un avión para interrumpirse.

Quiero decir que interrumpir es tan interesante como continuar.

Se me ocurre que:

La interrupción es masculina.

La continuidad es femenina.

Masculino es enseñar tu pasaporte, poner tu dedo índice y tu cara de no-quiero-quedarme-en-tu-país-ni-que-estuvieran-tan-buenos-hijo-de-puta a la hora de cruzar la aduana.

Femenino es caminar con una sonrisa por el aeropuerto, jalando tu maleta lentamente mientras esperas al familiar que no has visto en 20 años.

Fue chistoso: nos vimos pero no nos reconocimos. Supongo que la sangre se tarda en llamar.

Así que di tres vueltas y cuando ya empezaba a desesperarme vi un hombre que me miraba las tetas.

¡Irita! Me abrazó.

-No te reconocí, hasta que revisé de qué tamaño tenías ‘el apellido’. Jaja.

(Nomás imagínense a todas mis tías tetonas juntas)

Chequé que tuviera un lunar verde en la mejilla derecha. Un lunar que según cuentan las fábulas, se lo hizo una de sus hermanas al encajarle una pluma fuente.

-¡Primo! Ehhhhhh, cuánto tiempo, eee, si, si, ya estoy grande ¿erdá? si caray, ya no soy una niña, mm, si, je, hola, je, mm, ¿qué decir? Chale. ¿Qué decir en estos casos primo?

-Pues no sé, prima. Podríamos empezar por ‘mucho gusto’ soy el hijo de tu tía.

-Si, eso.

-Y luego me puedes empezar a contar los chismes familiares. ¿Supiste que tu sobrina se casa…con tu sobrino?

Lunar o no lunar, pensé, éste seguro es de mi familia.