Fantocheland

La Ciudad de México está llena de farsantes. Empezando por mí, supongo, aunque hoy es viernes y que chingue a su madre Freud.

-Farsantes los tarados que hablan a Reactor (105.7 de FM) para reclamar que una canción es malísima porque se parece a las que ponen en La Zeta. Como si la rola esa de Panda que piden dieciochomil veces al día estuviera tan lejos. Como si cuando están hasta la madre no se pusieran a bailar cumbias. Como si nunca hubieran coreado una de José José. Ah pinches dobletes.

-Farsante la chava que entrevisté ayer, “encargada” de un antrito de mezcales en la Condesa (de lo más in, chingao). Estaba bien emocionada contándome sobre “el Proyecto” (¿desde cuando un pinche antro es un proyecto?) y yo le preguntaba si era socia del negocio o le pasaban una lanita por decir tanta cosa. Nada, un sueldo pitero y horario laboral indecente , pero ella se sentía cancerbero del mejor culo del mundo.
Su constante interjección “¿Sabes?”, pronunciada justamente de la misma forma en que lo hace un subnormal de 14 años en el estado de Ohio, era increíblemente molesta. Pa’ mearla, carajo.

-Farsante un maestro que se queja de la DESINDIANIZACIÓN de los pobrecitos mexicanos. Allí sentado, casi fumándose un puro el muy mamón, con su cara tan blanca que parece espejito. Idéntico seguramente a su abuela que bajó de un galeón español para instalarse en Jalisco o en Puebla. Una vida dedicada a la fundación de capillas y salas de juego. La abuela que antes mataba a una de sus hijas antes que permitir que se cogieran al jardinerito, por bueno que estuviera. Cómo ¿y arriesgarnos a joder la raza? ¡Ni madres!

Farsante cuando lloriquea sobre la espeluznante conquista del pueblo azteca. (Que por cierto, breaking news: no somos “nosotros”). “Nos conquistaron”. NOS Kemosabe?
Un caso de melodrama para la Araña.
TODAS las conquistas son sangrientas. TODAS injustas, todas una hijo de putez.
No existe un solo pueblo que no haya sido esclavo en un punto u otro de la historia.
Ni uno. No somos tan especiales. La cosa es qué chingados vamos a hacer con eso.
Lloriquetas.

-Farsante el imbécil que tiene una novia en otra ciudad o en otro planeta (llámese trabajo, religión, amigas o simplemente no coge bien con ella) y te llama de vez en cuando para “saludarte”, esperando, desde luego, que algún día prestes tus nalguitas. Cuando por fin sucede, ya sea porque te aburrió la insistencia o porque te agarra en tus tres minutos de pendeja, el tipo deja de llamarte por un tiempo, no sea que te vayas a enamorar de él, no sea que le causes un problema con su noviecita. Hablará más tarde, cuando se entere de que su noviecita le puso el cuerno con su mejor amigo o cuando se acuerde de que tiene pito. Ah pero siempre blandirá una frase precautoria. “Es que yo soy bien fiel”.
Farsantes todos los que se esconden en su superioridad moral.
Farsantes todos los que no pueden vivir a la altura de sus palabras.

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Extracto

No conozco las leyes del agandalle electrónico en materia editorial, pero intuyo que si me cachan subiéndolo completito me corren . Por eso nomás va un extracto del artículo firmado por yours truly a publicarse en septiembre en la revista CinePremiere.

Esta es pa’ cinéfilos atascados como yo.

(Lo bonito de publicarlo aquí es que le pongo el título que me da la real gana… Ah, olvidaba dar un dato importante para el curioso del medio revistero. Este aquí publicado es el original y de mi ronco pecho, el otro tendrá dedotes comerciosos de, al menos, tres editores que tratarán de hacerlo más atractivo por medio de: añadidos de su propia inspiración, cambios de palabras, puntuación y orden de los párrafos. A veces lo logran, hay que decirlo, aunque a veces el pobrecito texto queda irreconocible. Compare usté.)

EL EFECTO GILLIAM

Por Ira Franco (aka Yours Truly)

Terry Gilliam tiene la mirada de un niño que se sabe dueño del parque de diversiones. Lleva más de 20 años criticando al sistema con dinero del propio sistema, o cómo diría él mismo, “getting away with murder” (impune del asesinato). La cara grotesca de este crimen es, sin duda, la cantidad de proyectos que Gilliam ha dejado truncos porque alguien, de pronto, lo “cacha” saliéndose con la suya.

Su filmografía completa es, digamos, un “pastel” de controversias, y la última cerecita acaba de colocarse con el anuncio —con un año de retraso— del lanzamiento de su más reciente película, a estrenarse (ahora sí) el próximo 26 de agosto en los Estados Unidos: Los hermanos Grimm.

La versión oficial indica que la demora corresponde a problemas de dinero, pero hay quienes afirman que se trata de una lucha de egos entre el propio Gilliam y Harvey Weinstein, director de Miramax.

(ESE ES M’IJO…) La verdad es que estas luchas intestinas son moneda corriente en la carrera del ex cartonista de la serie inglesa Monty Python.

Solo hay que recordar aquella página completa en la revista Variety que rezaba: “Querido Sid Sheinberg (jefe de los Estudios Universal en 1985), ¿cuándo vas a exhibir mi película? Firma: Terry”.

Gilliam se refería a su primer filme de presupuesto millonario, Brasil, que tardó nueve meses en filmarse, sólo para que la Universal se negara a distribuirlo, alegando que no era suficientemente comercial.

Eran los años 80 y nadie se ponía con Sansón a las patadas.

Nadie, salvo Terry Gilliam.

La paradoja no podía ser más amarga: este die hard fan de Fellini odia la burocracia de los estudios hollywoodenses, su falta de visión para escoger proyectos arriesgados; pero tiene una imaginación tan fecunda, que necesita las cantidades de dinero que solo un gran estudio puede juntar.

Por diferencias con sus productoras, Gilliam ha tenido que abortar al menos 15 proyectos cinematográficos durante los últimos veinte años, entre los que se encuentran Gormenghast, The Crowded Room, Godzilla, The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, Watchmen, Time Bandits 2, A Scanner Darkly (adaptación de un cuento de Philip K Dick), Theseus and The Minotaur, The Defective Detective, Good Omens, y el último, (The Man Who Killed) Don Quixote, que resultó en un excelente documental llamado Lost in La Mancha, donde se narran las fatalidades de una producción detenida a sólo dos semanas de iniciar el rodaje.

Como Dylan

Contaba un locutor que a finales de los 60, Bob Dylan llegó a Paris con una sola consigna: conocer a Brigitte Bardot.
En un ser normal, la estrategia habría sido utilizar sus conectes hasta propiciar el encuentro en un restaurante de lujo junto al Sena. O bien, ir a tocar su puerta mostrando su narizota y simplemente decir “Hola, soy Dylan, Bob Dylan, es posible que hayas oído hablar de mí”, a lo que ella reaccionaría con una enorme sonrisa y lo invitaría a pasar.
La cosa es que Dylan era quien era y adoptó una actitud un tanto dadá. En cuanto Bob descendió del avión dejó clarísimo que sería imposible transigir con él.
“¿Mr. Dylan, qué opina de su primer concierto en tierras francesas?”
“Brigitte Bardot”
“Se esperan algunas manifestaciones en contra de la guerrra durante su tocada, ¿cuál es su postura al respecto?
“Brigitte Bardot”
“Si claro, es nuestro orgullo nacional, pero ¿qué le podría decir a sus fans ahora que tenemos la fortuna de tenerlo con nosotros?”
“Brigitte Bardot”
“¿Es que Mr. Dylan no quiere contestar a sus aficionados franceses?
“Brigitte Bardot”
“¿Usted la conoce, viene hacia acá, tienen algo que ver?
“Brigitte Bardot”
¿Es que no dará ninguna otra respuesta?
“Brigitte Bardot”
Así, hasta que los periodistas e incluso su manager pensaron que había perdido la razón. Así, hasta que la conoció.

Hay dos o tres personas y unas quince películas que me han llevado a estos extremos.

***
Sin City
Sin City
Sin City
Sin City
Sin City

***

Ayer grité muchísimo con Land of the Dead. Estaba junto a unas vestidas que apenas me ganaban en aspavientos.
Grité como una chiquilla pesadillienta. Sobre todo cuando salió un niño zombie. George A. Romero lo metió en intercortes, un regalito para el ojo entrenado en el género gore. La opresión en el estómago ocurrió cuando unos segundos después, me di cuenta de que el niño venía acompañado de un payaso. Juntos devoraban el brazo de un soldado.
Ay güey.
Creo que a mucha gente le molestó la peli, pero yo obtuve mi cuota anual de saaangreeeee y vísceras.
Gracias por los gritos George.

Herencias

En otra era, mi casa estaba llena de jóvenes de voluntad punzante, con ganas de cambiar su pequeño mundito, que para ellos significaba estar pendientes de la sublevación de “el campesinado”, subsanar “el sufragio efectivo”, y ponerles en la madre a “los malditos pequeño burgueses”.
A las primeras de cambio, mis hermanos olvidaron a Engels en la casa materna y tuvieron excelsas bodas ritualísticas judeocristianas. Todos han firmado papelitos para validarse y todos tienen un auto, cocina integral y seguro de vida.
Lo bueno es toparse con sus joyitas literarias:
La resistencia indígena, Breve historia del movimiento obrero mexicano, Dos tácticas de las socialdemocracia.
Me intriga qué estarían pensando cuando leían estos libros. Imagino el sentimiento enardecido y la urgencia de “hacer algo” por una realidad que los rebasaba. Imagino también el instante en que todo dejó de ser urgente y abrió paso al cinismo que nos embota hoy.

“Ei, está cabrón pero está más cabrón hacer algo”.

To do or not to do.

De esas joyitas rescato El pequeño libro rojo de la escuela, un manual para púberes anárquicos, en dónde se les explica que los adultos son (somos… chale) tigres de papel:

“Inspiran miedo, pero no pueden devorar a nadie”.
En sus páginas desgastadas, olorosas a humedad –donde encontré un par de viejos boletos del Sistema de Transporte Colectivo Metro, ¿alguien se acuerda de cuando todavía eran ROSAS?– se pueden leer subtítulos de este calibre:
También los maestros son perros con correa”
“¿Qué significa “estar en onda?”
“Hacer trampa o cooperar”
“Resulta difícil influir sobre alguien que tiene miedo”
“Sé tú mismo”
“¿Qué es la cruda?”
Y otro más ( my personal favourite):

“Otras actividades durante las horas de recreo“, donde se sugiere que la escuela secundaria cuente con un vestíbulo con “música rock” para bailar, jugar náipes o besuquearse.

this might not be a crime


this might not be a crime, originally uploaded by el taza.

Este sábado 23 de julio nos vemos en

El “OTel Studio” / e21 Arte Contemporáneo,a las 18:00 hrs.

Calle José Ceballos 42, Col. San Miguel Chapultepec.

Venta y exposición de Rodrigo Priego, un bato que pinta de miedo y vive en Cuernavaca porque dice que allá viven con un mes de retraso y cuando viene aquí siente otra vez la sorpresa del niño que regresa de la vacación.

Ex patineto, ex chilango, ex rubio, ex punk de a devis, aunque pensándolo bien esos males no se quitan.

Es hijo de los Señores Priego, un par excepcional, y hermano de Ernesto (mismo apellido), otro al que habría que amarrarle las manos o nos va a dejar a todos bien atrás.

Me tiene requete emocionada el evento. ¡Tienen que ir, caray!

Tiempo de alacranes, 2a. parte

Miércoles 9:10

Eso es, tárdate, tárdate más. Una frase tan sexual convertida en plegaria. Siempre sueño que se hace tarde. A veces es una pesadilla, otras un alivio.
Si no llegas, podré irme a mi casa y terminar mi libro y sentarme a tocarlo y…
Allí estás. Hecho una sopa, por cierto. Qué inclemente el cielo cayéndose a pedazos. Para los perros callejeros, para la ropa limpia y para ti. Qué dulce corre en cambio sobre mi ventana. Otra vez la lluvia negra.
Me doy cuenta de que he tenido el auto encendido todo este tiempo. No podría sino interpretarlo sino como un acto fallido. Nunca tuve intención de quedarme.
Meto reversa y empiezo a circular hacia la salida del estacionamiento de la Cineteca. Te veo en ese pedacito de tierra seca y la luz azul de tu celular te alumbra los pelillos ensopados. Se enciende la pantalla del mío. Decido no contestar y mientras paso junto a ti, veo cómo cierras los ojos, tratando de checar ¿las placas? de ese auto que tu inconsciente interpreta —a pesar del aguacero cegador— sospechosamente parecido al mío.
“Con todo respeto, Señor, qué pinche sentido del humor”, dice el libro de Bef.
Concuerdo por completo.

Miércoles 10:30

La televisión y la competencia ritual de estupidez nocturna entre mi hermana y yo me ha servido para serenarme. Los libros “urgentes” se deben comer como la venganza: fríos.
Espero a que todo esté apagado, me pongo la pijama (uno no puede acostarse siempre encuerada) y vuelvo a empezar:
“Tiempo de Alacranes. Maïakovski. Primera Caída. Al frente, la carretera serpenteaba…”
Chale, qué desalmada. Cómo pude dejar a una persona a la mitad de la lluvia. Puf.
Y el Güero que va a matar a alguien. El Güero del libro de Bef, al que no le dicen así por sus pelos de elote, sino por alacrán hijo de puta.“Una chucha cuerera bien mascada”. Y a mí, que todo mundo, tarde o temprano acaba nombrándome “güera”, ¿será por el cabello?
Hace poco, una mujer celosa me jaloneó el cabello en un bar. Como salida de la estación Pino Suárez, peleando su “asiento”. Llegó a mí de repente, como guerrero un mohicano, al grito de “¡Pinche Güera, qué te traes!”. Claro que fue una escena deplorable, claro que no tuve respuesta física posible (de haberlo deseado, me hubiera puesto una verdadera madriza), pero el resentimiento social estaba planteado.
Recuerdo y sonrío. O sea que uno puede inflingir dolor únicamente con su color de piel o de cabello. Maldita Güera, te jalo el cabello, soy más fuerte, más ágil, pero tú sigues siendo güera.
No puedo más que sonreír ante mi ventaja.
Soy horrible. Peor que el matón de Bef.

Miércoles 11:30

Pince Güero, qué bien me cae, sobre todo en ese magnífico capítulo titulado “Poesía para mecánicos”. Uno se rinde por completo ante un matón que reconoce la majestuosidad en ése auto: un Impala 70 de color negro.
Imposible no doblar las manitas y pensar “qué maestría para usar los clichés, dónde aprendió éste a escribir así, carajo”.
Otros dos matones, Tamés y el Gordo también perfilan como dos estupendos personajes, de esos que uno extraña cuando ya terminó el libro. Por un momento me recuerdan a un par de ángeles en una novela de Neil Gaiman, pero no estoy segura si es Good Omens o American Gods. Tendría que volver a leerlas. Lo cierto es que Gaiman tiene esta misma maña para dotar a los arquetipos de nuevos bríos. La tenía Dante, que pone a Virgilio a caminar entre un mar de muertos famosos, previendo la tradición romántica del siglo XIX.
Tamés y el Gordo son también Vincent Vega y Jules, Butch Cassidy y el Sundance Kid. Son necesarios, como un bote de leche en el refrigerador de un condenado a muerte, aunque se trate de uno intolerante a la lactosa.
“¿Qué no ha oído eso de acompáñalos con leche?”. Ay Bef, qué línea.

Miércoles 12:30

Ya ni me hablaste. Me quedé con la duda. ¿Habrás visto mi coche largándose de ti? Tal vez regresaste a tu casa sin cine, sin grasa de palomitas en los dedos, con el cabello más limpio que de costumbre. Pensaste “cómo odio a esa mujer” mientras te metías a la cama.
Si estuviera contigo en este momento me dirías “apaga esa luz, yaaaa”. Yo haría como que la virgen me habla, –como hago con pasmosa regularidad– para luego reírme como si se tratara de un partido de futbol a las las tres de la tarde. Siempre acabo despertándote con algún comentario trivial sobre mi lectura.
Es decir, habrías tardado al menos dos horas más para llegar a la misma conclusión: “cómo odio
a esa mujer”.
Es como Obrad, un latveriano que conoce al Santo y está enamorado de Lizzie. Ella también lo quiere, digo yo, pero Bef no la deja. Un desalmado ese autor. Le retuerce la herida al pobre extranjero cuando la pone a coger en el asiento trasero. Un retrovisor maldito aquel que te muestra al amor de tu vida follando con otro.
Tampoco que uno lo resienta mucho. Obrad(or) es un tipo medio mamila. Desde que su referencia sobre México es el Santo. El Santo, un lugar comunazo si te diste permiso de que te gustara hace menos de cinco años; tema de innumerables tesis de sociología; ídolo sobado; siquiatra de las mujeres vampiro.
Y en Latveria “una pequeña nación en los Balcanes, al lado de Croacia” hay un cabrón que se identifica con él. Mmmh. Sospecho.

Jueves 1:00 a.m.

No falta la referencia al joven tampiqueño. Un tal Sifuentes. Un personaje incidental que resulta el dueño primigenio del Impala 70. “Andaría huyendo el cabrón”, dice Bef de su amigo.

Aquí en mi casa, el tal Sifuentes es mejor conocido como el “papá” literario de La Kekis. Una adolescente simpatiquísima cuya reacción cuando va a dar a una fiesta de transplante clandestino de órganos se reduce a un “¡Ándale!”. Mataría por dirigir ese guión. Me gusta tanto que cuando puedo se lo cuento a mis amigos.
“¿Cuál Gerardo?” Me pregunta mi hermana cuando oye la referencia. El que tralalalalalalala. Mmmh, no lo conozco. Claro que sabes quién es, ese que estuvo en la cárcel, el que no se qué. Mmmh… no. ¡El papá de La Kekis! Ahhhh, ése, ¡haberlo dicho antes!

Jueves 2:30 a.m.


No lo quiero acabar. Lo dejo en la mesita como un chocolate culpígeno.
Para mañana o me empacho.
Yaaaa, no leas necia…
…¡cómo madres no!

Jueves 3:00 a.m.

Sólo me quedan veinte páginas. Estoy allí en donde un ex matón se vuelve varonil, deseable y galante. ¿Guau o wow? Guaaau.
Qué guapo se ve el Güero hablándole a su comadre. Tensión sexual desde que abre la puerta, en un gesto que el lector, o sea yo, adivina como una rebuscada metáfora de abrir las piernas. La Lola es una mujer “entrada en carnes” que gana la partida contra una niña flaca. Poco probable, pero para qué lee uno sino para sorprenderse.

Jueves 3:30 a.m.

Chale, traía el celular en silent y no escuché tus mensajitos.
“¿Onde andas?”, “Estoy en bululú”, “Te espero o me meto?”, “Ya llegué a mi casa”, “Contesta, cochina, ya me priocupastes”, “Ni modos”. El último llegó hace unas dos horas.
Mientras el Güero resuelve la nostalgia de su Colt perdida con unas pinzas de electricista, a mí se me ocurre llamarte. No contestas.
Te mando mensajito: “Ni modos”.
Así, a secas, sin explicaciones ni rumores de culpa.
Tanto matón arrepentido, me volvieron a dar ganas de ser una hija de puta.

Tiempo de alacranes, 1a. parte

Sábado.

Que si puedo dejar mi agua allí, en el mostrador. Me pregunto si no le tomará ese poli de mi botella mientras me inclino sobre la mesa de novedades. Diez, quince por ciento de descuento perenne. La palabra pierde sentido cuando se pone dentro de una mica, tanto como si se labrara en piedra, pienso.
Un gordito me atiende. Me habla de “tú”. Menos mal, hoy no me vestí de ñora.
“Tiempos, verdá”. No, tiempos no, Tiempo. Ah, ha de ser nueva ¿ajá?. Si, Joaquín Mortiz, ganó un premio. ¿Ganó un premio? Y a éste gordito qué chingados le importa, chingá, te sale lo nerda. Bueno, igual las tienen en pilas de las que sacaron premios, las que no entraron a ningún concurso, las de los cuates de los editores, las recicladas, las que nadie quiere, de las que ya nadie se acuerda, etc.
“Mmh, no, todavía no sale” Ahí va mi necia. Si ya salió, oiga, no manche, si todo mundo la ha reseñado, todos mis cuates la tienen, yo soy la única indigente que no la había comprado, no se pase, que onda con esta tienda, ¿pus dónde estoy? Claro, el Parnaso, ok, ya entendí, si si, me voy.
“No, péreme, (¿no que de tú?) déjeme le llamo a nuestra sucursal hermana”. Ah chis, sucursal her… bueno. Ok.
En la caja hay unos separadores re feos. El único que me gusta tiene un gato y eso me caga de mí. Si ya tengo gatos vivos, cuál es la pinche necesidá de que me gusten las figuras de gatos. Peor. Mi colección de cerditos. He bajoneado a más de uno. Ya en mi cuarto, no importa si las sábanas son de algodón satinado verde olivo, preciosas, suavecitas y mi ropita interior chiquitita, que cosa…
“No. No tampoco lo tienen allá ¿eh? Quién sabe, yo creo que no ha salido. Igual se va a tardar, si gusta venir la próxima semana.”
Cállate necia. Cállate.

Miércoles 4 p.m.

Pero ¿dónde nos vemos? Pus en Gandhi. Nombre, estás loca. Está lejísimos de donde yo estoy. Si pero a mí me urge un libro. Te urge, ¿pa la escuela? Naaa. Nomás me urge. Chale Ira, eres bien rarita. Oooo. Pues en Gandhi a las 7. Ah qué mal me cae este tipo.

Miércoles 6 p.m.


Llego temprano. Primero las revistas.
Efectivamente, ya me ganaron el tema de música en DF por Travesías. O sea que Chilango se la peló. Claro que no es lo mismo, si estos escriben para los güeyes que me dicen rarita.
La Tempestad y sus especiales de foto. Todas se ven “artísticas”, todas en blanco y negro, todas igualitas.
Ok, a lo que te truje, un libro que acaba de salir, si si, ganó un premio, y me urge, me urge leerlo. Aquí enfrentito, mírelo nomás: Tiempo de alacranes tenía su propio mostrador de acrílico y estaba tan a la vista que “me hubiera picado”, como decía mi mamá cuando me mandaba a buscar las cosas y yo nunca encontraba nada.

Miércole 7:15 p.m.


¿Qué, encontraste tu libro? Si, y de puro gusto me compré otros dos. Ahí luego me los prestas.
Si ajá, bueno, toma esta madre que querías. Cuídate. Adiós. (O no te cuides, tampoco hace falta).

Miércoles 8:45 pm

Hoy cae lluvia negra. Te espero dentro del auto, en el estacionamiento. Ojalá no hubiera quedado de ir al cine contigo. Tengo tres libros nuevecitos y uno me urge. Ya le quité el celofán. Pinche Bef, todo lo que he leído de él, El Llanto de los Niños Muertos, Pulpo Cómics, hasta el libro que me regaló aquel día, todos se sienten lisitos. Me gusta tocar ese tipo de libros hasta que me da algo así como vértigo en las manos. Maldito, que buena portada. Bachan, sin duda. Bef debería hacer cine. Más que cualquier otra persona que yo conozca. Si Bef hiciera una película, lo más seguro es que inventara boletos especiales, con una ilustración poca madre y agradables al tacto.
Me late que no llegas para la función de las 9. No va a quedar de otra que ir a un cine comercial y tendré que negar mis dos veces de Batman y lo odiosa que me pareció La Guerra de los Mundos. Y todo por ir al cine. Pinches vicios.

Miércoles 9:00 pm.

Muevo mi carro para ver si estás agazapado en uno de los techitos cercanos. Nada. Ya no entramos a la de las 9. Joder, porqué nunca llegas temprano. El agua está arreciando. Parece que golpeara mi cabeza, en lugar del toldo. Salgo a buscarte, entre tanta agua ya no sé si eres tú el que está sentado junto a la maceta. Me quedo a medio camino. No, no eres tú. Ay ay, que madriza me pusieron las gotas. Lluvia negra y madreadora.
“Ay Milonga de amor”, canta Gotan Proyect.
A través de mi ventana se refleja la luz de un espectacular, ni tan espectacular, pienso siempre que los veo. El tono ambarino del foco es suficiente para reconocer las letras.

Necia, espérate. Dicen que si lees con esta luz te quedas ciega.
Nomás el principio, unos parrafitos y ya.
Mira ahí está el Bef en la foto con su sudadera blanca de Venezia. ¿Con z? Lo de atrás debe ser un estudio, está recargado en una silla de oficina. Debe ser reciente o el Bernardo tiene pacto como Dorian Grey.
Mi libro está goteando. Las pintitas que se le hacen a mi ventana se reflejan en la página que dice “A la memoria de Gabriel Tort Fernández”, fecha de nacimiento y defunción. ¿Quién será?
Otra página. Frenen, frenen todo. Paren las prensas. Abre con una cita. Yo dije que vería con recelo eso de abrir con citas. Y luego de Maïakovsky, por favor, por favor, que la cita no me eche a perder la imaginación.
Siguiente página. Primera caída. Quiero revisar, seguro son tres caídas. Esto de la lucha, bueno, no hay como escapar.
Todo está en cómo se use. Todo está en cómo se use.

Miércoles 9:04 pm
“Al frente la carretera serpenteaba…” Ay, la verdad mejor si no llegas. Esto de empezar un libro es como echar a andar un tren. Ya quiero llegar a mi casa.
“para recuperar de inmediato su forma de reptil perezoso. Comenzaba a amanecer…”
Perezoso sosoamanecer serpenteaba. Ssss. Este libro va sonar a eeesses. Hasta cosquillas me hizo en los dientes.
Va a tener efectos especiales. Primero las gotas de lluvia proyectadas en la página, como dulcecitos pegostéandose en mis dedos y la seguridad de que estoy siendo observada. Soy la protagonista de una película y los espectadores se compadecen. “Mira, pobre, espera al tipo a que llegue, pero él no va a llegar, y ella espera en la lluvia, haciendo como que lee”.
El Gotan, con su ritmo de tango como soundtrack y una voz off, el timbre muy parecido al de Bef, que sentencia:

“Me estaba haciendo viejo; en este trabajo no hay lugar para los rucos”.

Please don’t put your life in the hands of a rock and roll band

Disfruté a Gilmour fraseando de perfil junto a Waters aquello de “We’re just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year”, las eternas manifestaciones de candidez de la gente que en verdad tiene ganas (efímeras, claro) de ayudar y los pantaloncitos negros de Miamor Billie Joe, el cantante de Green Day.
Pero cada vez que pasaban uno de sus promos con chasquidos dizque dolorosos, creados por un pinche publicista mamón, me arqueaba.
Hay algo asqueroso en la mera base del Live8. Algo que Susanita definió muy bien (de la frase se acordó mi amigo Ricardo):
“Cuando sea grande voy a organizar grandes cenas de caridad en las que ofreceré langosta y caviar y juntaremos dinero para comprar arroz, sémola y esas porquerías que comen los pobres”

***
Dios, me matan de risa las rolas de Rata Blanca.

Más y más y más

Como hoy no se me hincha trabajar, llevo todo el día “hojeando” blogs.

Este post está bueno http://luzdefosfeno.blogspot.com/
Aquí me quedé un rato http://www.revistareplicante.com/indicepensamiento.html, llegué después de revisar http://neverneutral.blogspot.com/
Chimal, como siempre, hace que los monitos tengan sentido http://albertochimal.blogsome.com/
(y hablando de Chimal, ¿qué pasa que todos se cambian de servidor/proveedor? También Marcos Caballero hizo lo propio http://mgcaballero.myblogsite.com/ Raros los formatos de sus blogs.
Sigo sin lograr entrar a su prosa http://www.cristinariveragarza.blogspot.com/
Este está interesante, pero largo e incómodo como Metrobús http://www.pedropalou.blogspot.com/
Este señor se despide y es igual de melodramático que yo. Me cae re bien. http://www.tellezpon.blogspot.com/ Nació en los 80.
Este otro va a ser mi maestro el semestre que empieza. Hasta ahora me he limitado a chocar cervezas con él. Conoce a dos o tres personas http://miniaforismos.blogspot.com/

Seguiré escribiendo aquí hasta que me dé la gana. Hasta que no me quede otra que ponerme a escribir sobre las empresa más poderosa del mundo para la revista Expansión. Me mato de güeva.