Simplista

Mensa que soy estoy haciendo una lista de cosas sobre las que mi cottagecheesebrain aún no puede hacerse una opinión. Aquí hay 5:

-si el voto anulado es más inteligente que la abstención. Con cuál de estas dos opciones se van a limpiar mejor la cola los políticos mexicanos. Para mí, votar por alguien simplemente (y lo siento en serio) no es opción.

-si debería referirme al auditorio de la FFyL como el Justo Sierra o como El Che. Y no creo que el nombre sea un asunto menor, por eso lo medito tanto.

-si todavía la gente debería usar el ‘usted’ para referirse a otro. Igual que el ‘mande’ me parece servil y medio retrasado.

-si el fenómeno Metallica-vino-México-dios-mío-nos-venimos-todos me caga por los fans o por la banda.

-si sirve de algo escribirles a las cadenas exhibidoras de cine para quejarse:

…de los putos 15 minutos que me aguanto sin chistar de puros comerciales antes de ver una película y que dado el tamaño de mi vicio cinéfilo significa la peor dilapidación de tiempo en mi vida.

…si sirve de algo decirles que muchos de esos comerciales son despreciables, pero que en nada demuestran más su total falta de madre que al pasar ese del Partido Verde donde venden la pena de muerte.

…para saber si algún directivo (vamos, alguno de los que venden palomitas, quien sea) leyó mi queja en el sitio web de Cinemex:

“Me parece una de las peores decisiones que han tomado a la fecha la de terminar con el programa de membresías. ¿No es suficiente con el altísimo precio de los artículos de dulcería? ¿No hay forma de que entiendan que además de un negocio, son un medio para difundir cultura? ¿No hay manera de que entiendan que todos vamos en el mismo barco y que los mismos mexicanos que secuestran, asaltan, matan, venden mota (aquí debí añadir “y los que escriben blogs y tienen columnas de cine”) son los que ven cada vez más difícil salir a divertirse o pagar un boleto de cine?”

Creo que me excedí y me vi super ingenua, pero ni modo.

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Deleuze

No sé cuánto no sé de filosofía.

Mejor.

Estoy buscando nuevas formas de acercarme a todo. Rindiéndome ante la posibilidad de no saber, por ejemplo, o de quedar mal o de lucir idiota. Total, para búsqueda de amor incondicional están mis gatos.

Lo que quería decir es que estoy leyendo a Gilles Deleuze como se bebe de una tetilla con leche caliente.

Rizoma, la introducción a Mil Mesetas en colaboración con Félix Guattari, es enorme, pero también lo que escribe sobre Kafka, sobre Alfred Jarry, y sobre el cine en La imagen en movimiento.

Hoy, en mi segunda lectura de Rizoma, me jalaron un par de ideas que pensé compartir aquí, ya que tengo medio seco el seso bloguero. (Quizás el Twitter sea una especie de rapidísimo popper contra este blog que solía ser un largo fix de heroína, ya me desintoxicaré).

“La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa, ese es su devenir-mundo para devenir imperceptible, asignificante, trazar su ruptura, su propia línea de fuga, llevar hasta el final su “evolución paralela”. Sabiduría de las plantas: incluso cuando tienen raíces, siempre hay un afuera en el que hacen rizoma con algo: con el viento, con un animal, con el hombre (y también un aspecto por el que los animales hacen rizoma, y los hombres, etc.) “La embriaguez como irrupción triunfal de la planta en nostros”.

Válgame jesucristo-redentor. Qué manera ponerme a pensar este inchi parisino. ¿Alguien sabe de una chamba en donde paguen por leer cosas así? Yo la quiero.

Los días, los motivos

Ahora debo escribir una carta de motivos. Redactar bien, enganchar al académico que leerá las primeras dos líneas, un par de enmedio, las del final. Hacerle una especie de ‘cht, cht’ en la voluntad, ‘ei, acá, acá fíjate en mí, soy elegible, soy lo que buscas’…zip zap zoe, sea el alma de las fiestas, decía la Pantera Rosa.

Aquél que pueda escribir una buena carta de motivos, creo que puede con una novela. Es el mismo principio, nomás que las nachas duelen más.

***

Dice Vila-Matas en una entrada de su Dietario Voluble: “A veces, el humor se revela como el único sentido del universo”.

El universo hace cosas graciosas como dejarte sin dinero para comprar pan mientras te asigna un trabajo de reportar el estado de los pastelitos de frambuesa.

O te da una intuición de miedo para casi todo pero no te da disciplina para ejecutar.

Sentidazo del humor, pues.

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DC, as in DC Washington, as in DC Comics, as in Batman, as in I’m Batman, as in I miss my happy self, as in I have a mask that covers up my ophanhood, as in I miss you bastards a lot, as in don’t you think it’s been enough? DC as in Driving Cars, as in Dying Cars, as in Dios Castiga, as in Damage Control, as in Don’t Care, as in Dionisios Celebra, as in one of these days I’ll just be Bruce Wayne and leave everything behind me.

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This time tomorrow. Qué sanquintín esto de viajar. A esta hora mañana ya estaré sentada en las piernas de Lincoln, como la Lisa Simpson que siempre quise ser.

Vanity

En la Vanity Fair España de octubre sale un artículo de Marin Amis que toca el tema de la vanidad de refilón, mientras trata de explicarse por qué el número de atentados terroristas suicidas ha crecido de manera tan exhorbitante.

Amis advierte que en la mayoría de los casos, se trata de jovencitos-borrego y no de verdaderos fanáticos rabiosos.

Jovencitos que harían cualquier cosa por ser famosos, aun explotar.

No es igual pero se parece a lo que les ocurre a muchos miembros de la clase media mexicana, algunos de los cuales eligen el arte para llegar a tan preciado destino.

“La necesidad de causar una impresión es abrumadora, y una impresión negativa es mucho más fácil de conseguir que una positiva. En nuestra época, esto se traduce a la sed de fama. Probablemente, nadie menor de 30 años pueda comprenderlo totalmente, pero la fama se ha convertido en un tipo de religión, de opio, y ahora en el “polvo de ángel” del individuo en masa”.

…en su lectura de la psique terrorista Joseph Conrad (en El agente secreto) enfatiza persistentemente las cualidades de la vanidad y la pereza, esto es, del deseo de la máxima distinción con el mínimo esfuerzo”.

Quizás por eso hay ahora tantos libros de publicación reciente que prefiero saltarme. Siento que no son recíprocos: no se exponen, no echan carne al asador, no arriesgan piel, puro perfume. Y cuando yo leo creo estar haciendo todo eso.

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Lo que quise articular ayer con un amigo, se encuentra escondido en alguna interlínea de este artículo. Pasa que soy bien burra para hablar (siempre me consuela ganarme la vida de escribir y no de hacer locución), así que luego llego a mi casa y me doy de topes en las paredes porque sé que no pude comunicar lo que pensaba realmente.

Sobre Rimbaud y los rants: por fin, ¿semos o no semos?

Rimbaud es el poeta del que siempre me quedo con hambre.

Es un cabrón que me saca, que me exprime antes de ponerme en un estado de cinismo triste.

Pobre Verlaine. Nunca supo qué le pegó.

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Me gusta que los blogs sean diálogo. Dearest Ernesto lanzó uno de sus rants acá. Es curioso pero aquellos que lo conocen al menos un poco (myself included) sabrán que se trata de un rant bastante contenido, incluso cordial. Su capacidad para aborrecer la fealdad o la estupidez es casi mítica.

De la rabia ocasional, lo que importa es el sedimento. De las respuestas a ese rant le sobrevino a Ernesto un post en español (con eñe), que sobrepasa, creo, la temporalidad: se trata de una de las declaraciones más hermosas de amor a la escritura que he leído nunca.

Ernesto propone que la escritura no sea un medio, sino un fin. “…no un proceso para lograr una meta (un libro, un concurso, un premio, un dinero, algún tipo de reconocimiento público), sino un destino aparentemente incambiable, el devenir mismo.”

Me permito quitarme el sombrero además ante una suerte de declaración de principios:
“En mi escritura mediocre, diletante, nunca terminada, revelo y me revelo partes de mí mismo.”

Puf. Eso dice el escritor.

Como cuate, además le da comezón en lugares donde yo me estoy rascando:

“Sería trabajo de psicoanálisis extenso descubrir por qué un par de libros, que podrían considerarse listos para ser publicados, siguen inéditos en un oscuro lugar de mi computadora.”

Mariana, la maravilla de analista que tengo (quien además de tener una maestría en corchoanálisis winicottiano es guionista y cineasta porque según sus propias palabras “una sola cosa, a veces no es suficiente”) me pregunta muy seguido por qué escribo.

Cuando uno se quiere adornar es más fácil contestar esta pregunta.

Cuando se ve al techo en un pinche diván y no hay ni pa dónde hacerse (porque hacerse para otro lado sería producto del improductivo autoengaño) la respuesta se tropieza donde una vez los dedos sintieron un teclado (casi no escribo a mano) o por donde a uno le gustan los hombres o por donde a uno le duele la muerte de la madre.

La respuesta más torpe que le he dado a Mariana, si bien la menos tramposa es la siguiente: “Escribo para descubrir lo que realmente pienso”.

Así que publicar, entrarle al circuito comercial, seguir las recomendaciones de Sada de ‘mantenerse en el circuito comercial’ (whatever the fuck that is supposed to imply) o del bienintencionado Bef, son recomendaciones muy útiles (sin ánimo mamón o suficiente) pero a la luz de lo otro, parecen en todo caso, secundarias.

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Antes hablaba de Rimbaud porque ahora mismo leo su biografía. Hoy por la mañana, antes de echar a andar la máquina de ‘me tengo que ir a trabajar’, me quedé acostada, sintiendo una admiración y una envidia inmensa hacia el niño prodigio, ese cabrón cínico punk de mierda que entendió cosas a los 19 años que yo sigo sin comprender del todo (aunque la envidia viene precisamente del atisbo, eso que uno intuye: “todavía no entiendo, pero el muy cabrón tiene verdad”).

Pinchi Rimbaud odioso.

Pienso también en el Rimbaud que dejó de escribir. En el que sólo publicó un libro que costaba ‘un franc’, de cómo las cosas eran distintas antes de la Segunda Guerra Mundial.

O cómo escribir siempre ha sido lo mismo: amigos que te leen, amigos que te aman o te odian, fantasmas que nunca se van. Soledades compartidas y suerte. Mucha suerte.

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A la pregunta del título respondo con cinismo triste, prestado del gran Arthur: a güevo que semos ¿o qué chingados?

Chau, mis calzones

Spoiler: el que ya pagó su boleto para Soda Stereo ni se acerque.

Es la primera vez que me salgo de un concierto.

Qué manera de timarnos. No sólo eligieron con las patas el playlist, tocaron con güeva, condescendientes, con el varo por delante y todavía se le ocurrió a Ceratti aventarse la de la noche: ‘Por Tabasco’. ¿Eehh? ¿Por Tabasco? Put your money where your mouth is fucking rock star!

Lo único bueno de ir al concierto más aburrido de la historia concertística en esta ciudad fue lo que me dijo Dante mientras caminábamos de regreso al coche: “¿Nostalgia ochentera? ¿Pero cómo puedes tener nostalgia de algo que oyes todos los fines de semana en toooodos los antros del D.F.?”

Prometo escribir unas cuantas planas:

“No debo asistir a los reencuentros de bandas ochenteras” “No debo asistir a los reencuentros de bandas ochenteras””No debo asistir a los reencuentros de bandas ochenteras””No debo asistir a los reencuentros de bandas ochenteras””No debo asistir a los reencuentros de bandas ochenteras”