Ah qué bien se siente no entender

La letra de una canción dice “no time to be void or save up on life” pero yo le entiendo “or save upon words” , algo que quizás no tiene mucho sentido en inglés pero que me obliga a venir aquí, específicamente a no ahorrar palabras.

Las veces que nos hemos malentendido tu y yo, las veces que he considerado lo que dices y que al final decías otra cosa.

No importa.

¿Qué sería de la academia si, por ejemplo, los ensayos se hicieran a partir de lo que realmente quiso decir el autor? Nos interpretamos, nos utilizamos para obtener respuestas. Sólo obtenemos aquellas para las que estamos preparados.

Es decir: nos leemos en un espejo.

Ayer un amigo me platicó su opinión sobre la película Boyhood, esa maravilla donde Richard Linklater, el director, se toma en serio aquella frase de Tarkovsky, “el cine es esculpir en el tiempo”. No sé qué película vio, pero  encuentro en deliciosa la diferencia: yo caminaba con el protagonista hacia el despeñadero de la adolescencia mientras él, mi amigo, leía un panfleto político del capitalismo.

Es curioso, quizás desesperante, pensar que mi boca tiene algo que decirte pero tu cristal no lo permitirá. Tu opinión,  tu experiencia, tus ganas son la tela finísima por donde no pasan mis palabras.

A veces los ojos. Y eso es lo malo: envejecer es ocultar también. Convertirse en el actor de tus propias historias.

No queda más que disfrutar los malentendidos, que, bien vistos, son una manera de autoconocimiento.

En fin.

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Música política

Debido a un bache de tiempo en el que se le salió el aceite de la dirección a mi vida (calculo unos 8 años perdidos entre corazones rotos, duelos varios y solipsismo desmedido) a pesar de que intuyo muchas cosas, casi nunca puedo articular metódica y racionalmente lo que pienso.

El hecho es que lo pienso y voy a intentar lanzar una hipótesis: que los grupitos de estudiantes acostados en los jardines de la UNAM sigan escuchando  a los Fabulosos Cadillacs, Molotov y Los Héroes del Silencio es síntoma de un rezago socioeconómico, una avenida de ida y vuelta hacia un menor acceso a la información, incluso en esta supuesta democracia del MP3 downloadeable y el disco pirata.

Mentimos al generalizar ‘¡pero si ahora todo el mundo oye lo que quiere por internet!’

¿Qué hacen estos niños oyendo eso tan viejo? Si se tratara de una moda revisionista podrían igual estar interesados, qué sé yo, en los Beach Boys o en Agustín Lara.

No es eso. No oyen cualquier cosa. Oyen bandas semi-rockeras, pseudo contestatarias (algunos hasta trova, pues, que ya es exceso), grupos de hace 15 o 20 años que nunca fueron muy buenos pero que hace 15 años al menos eran la novedá.

Mientras tanto, los hijos de los empresarios y políticos se atiborran de indie en Ibero90.9 y ‘descubren’ un grupo nuevo cada tres días (no se pierden Jobo Novo, pues). “Escucha esto, es súper desconocido güey, son como TV on the Radio cuando todavía eran buenos güeeeey” …es decir hace dos meses.

Este es justo el vicio contrario, insulsos ambos, casi se tocan de tan similares.

El caso es que los dos fenómenos -el de la nostalgia sensiblera que no cambia de grupo favorito y el de ‘todo debe ser nuevo y medio desconocido o ya no es cool- responden a roles sociales opuestos.

Aventuro: el empleado y el empleador.

¿Los gustos en la música marcarán diferencias cuando ambos estudiantes quieran acceder a un puesto de trabajo?

Después de todo, arte también es información.

Y ya embarrándome bien, (por qué no chingao, si el derecho que mejor ejerzo es el derecho a cagarla), ¿no será que ningún gusto es inocente? ¿No será que algunas obras de arte que apreciamos, no todas, vamos, pero algunas, no serán inducidas también, copiadas, aspiracionales, vehículos para perpetuar el status quo, vehículos de poder?

No sé si estoy observando de más o haciéndome demasiadas preguntas.

It’s a dirty job, but someone’s gotta do it.

***

Si aceptamos la hipótesis anterior (o su espíritu, vamos) tenemos como corolario 1 que:

Aquellos exquisitos que juzgan a los otros por sus gustos, que se la pasan gritando a los cuatro vientos cuán malos son todos los grupos y que maten a los fans de no-sé-quién y que prohiban los discos de no-sé-qué, no son más que unos inseguros ham-burguesitos come-uñas queriendo reivindicar/inflar/esconder la clase sociocultural a la que pertenecen desde que nacieron.

SOMOS, quise decir.

***

No tiene que ver con nada, pero creo que mis caminatas por los jardines de la Facultad son el medicamento que tomo ahora en dosis pequeñas y constantes para apartarme de los baches de tiempo.

Es un medicamento lento, pero eficaz.

Cociendo habas globales

Presos de la estupidez, la desinformación y el mal gusto hay en todos lados.

Ahí están los egipcios que matarán a 300 mil animales sanos por nada. Puerquicidio masivo solapado por la soberanía de los pueblos. “Pus son sus puercos. Ni modo”. Ni modo de organizar firmas internacionales por los cerdos inocentes. Alguien tiene que pagar los platos rotos de la psicosis mundial. Ahora le tocó a la tribu porcina, cuyos gritos cuando los deshollan solo parecen de seres humanos. Temo pensar lo que se ha hecho en la historia del mundo bajo razonamientos similares.

Esta fiebre de pánico ya duró mucho y está teniendo sus consecuencias. La humanidad, como cualquier organismo con una enfermedad preexistente (en este caso la banalidad y el egoísmo en sus más variadas formas),  ya empieza a enloquecer. Decía yo antes, al principio de todo este desmadre: me da risa porque en este mundo nomás necesitamos una justificación para expresar el odio que ya traemos dentro; de inmediato nos dan ganas de estrenar la sierra eléctrica.

A los mexicanos en el mundo ya los empiezan a tratar de apestados.

“¿Hace cuánto que vives aquí, tú, eh?” Desconfianza asegún de la gripe porcina, pretexto extraodinario y políticamente correcto  para expresar mi verdadera opinión de ti. “Te recuerdo que eres extranjero, que eres perico-perro, que no perteneces, que ya quisieras mano”.

***

Otro organismo con enfermedad preexistente son los medios. Cualquier gripa los desnuda.

En las últimas conferencias de prensa para reportar el estado de la influenza porcina en cadena nacional me he podido percatar de que:

-las autoridades sanitarias no son autoridad en el ámbito sanitario. Es decir, expertos no hay en las sillas burocráticas. Están allí porque son primos amigos cuñados del delegado. Seguro llegan a su casa pensando “chingá, ¿pero yo por qué?”.

-los periodistas le tienen miedo al micrófono.

-los periodistas tampoco son autoridad ni conocen a fondo el tema que los han mandado a cubrir. Están allí porque son muy feos y no han conseguido un puesto de presentador de espectáculos.

-los periodistas le tienen miedo a saber qué chingados quieren preguntar. Dan rodeos, no llevan preparada la pregunta, piensan que el sentido común es una nimiedad y entonces rebuscan la cuestión hasta que acaban por hacer una sentencia retórica. Por supuesto, el que contesta está feliz, pues hará exactamente lo mismo cuando le llegue su turno.

-lamentablemente, la diferencia entre un periodista gringo de CNN con todo y su acento mamón contra un reporterito mexicano es dolorosa.

-las autoridades mexicanas llevan dos días dando palos de ciego. Lo que sigue es un espectáculo donde se gastará mucho dinero innecesario para justificar el despliegue de fuerza de los días anteriores.

-los medios empezarán muy pronto a olvidar el asunto y nosotros también. La próxima pelea será por saber ‘quién fue el primero en decir que todo esto era una farza’. Quizás nos volvamos a acordar en diciembre, cuando (dicen) podría recrudecer el fenómeno.

-los demás nos dejaremos de cuidar muy pronto. Volveremos a darnos besos, a expresar nuestro cariño abiertamente al de al lado, pues, hay que decirlo, aparte de odio, también guardamos eso y buscamos cualquier pretexto para expresarlo.

Acá una entrevista con Marc Siegel del periódico español La Vanguardia, que supongo mucho ya habrán leído, el primero de los expertos en decir sin pelos en la lengua que “esta gripe durará lo que dure en los informativos”.

Por cierto, sostengo mi felicidad. Por fortuna tengo muchos planes para el futuro: a mí no me desilusiona que el mundo siga su curso ni me siento defraudada porque esto no se parezca a una película de zombies come carne; es una extraordinaria noticia.

***

Mañana: dos leyes (o tres, las que encuentre) pasadas mientras estábamos en la pendeja metidos en casa.

El día que los mexicanos nos percatamos de nuestro mal aliento

No sé los demás, pero eso es lo que me ha enseñado el tapabocas. ¿Te cae que así me huele la boca? Mis amigos dicen que no, que tienes estar muy cerca para oler tanto, pero por si las dudas me fui de inmediato a comprar un simi-bote de clorofila líquida y muchos chiclitos de yerbabuena, después de hacerme un profuso enjuague bucal.  Aún siento que huele raro.

(Por si a alguien le interesa, creo firmemente que hay que quitarnos el cubrebocas ya. Nos vemos medio idiotas, como posando para la foto internacional y nomás le damos negocio a los viene-viene convertidos en agentes de salud. Es obvio que no podremos mantener esta anomalía todo el año. Le encuentro una utilidad apenas: te recuerda no llevarte las manos a la cara, pero lavarse las manos constantemente reduce de modo más certero la posibilidad de contagios).

***

Gracias a todos los que ayer y hoy hicieron que este blog llegara a un pico insospechado de visitas. Gracias sinceras. Lo único malo (totalmente cosa mía) es que hoy en la mañana me disponía a postear flojita, con lagaña y todo cuando…madres… me asomé de bestia a revisar las estadísticas. De inmediato se apoderó de mí ese viejo estado de inadecuación, la idea de que no importa cuánto lo intente, empezaré a echarlo todo a perder. De ahí el repentino silencio.

***

Bueno y por lo demás, estoy exhausta. Si algo me está enseñando esta crisis es que el miedo es una pulsión extraordinaria, pura, intensa, demoledora y harto interesante (¿había dicho que me meto a las pelis de terror sola para retorcerme de miedo?) aunque tremendamente agotadora.

Ayer busqué las riendas de mis pensamientos en un libro y las encontré. Como soy yo, lo mejor era una terapia de choque: The Road de Cormac McCarthy me regresó a mis cabales…piensa, siente mucho mucho mucho miedo y contrólalo.

Ya estuvo.

Ahora sí estoy lista para regresar a mentárles la madre a las farmacéuticas, que ya sabían que esto podía ocurrir y vinieron a poner un laboratorio hace unos meses ;a los panistas, que están usando esto para ganar terreno en el control de la vida privada y ya le midieron el agua a los tamales en cuanto a reacción-miedo de las personas (ahora saben que with fear dances the people); a los diputados y senadores que están aprovechando para pasar leyes fastrack en el momento en que todos andamos en la pendeja; a los tapaboqueros clandestinos, que hicieron de un pinchi trapo un artículo de primera necesidad que se cotiza hasta en 100 pesos; a los blogueros y famositos de espíritu condesero que ni en un momento así dejan de ser aspiracionales; y sobre todo a mí que la curiosidad no fue suficiente para obligarme a salir a VER lo que estaba ocurriendo y por un momento me quedé pasmada frente a una ventana tan parcial de la realidad como es el Internet.

No mames Ira.

***

Acá una foto que me cedió Dante de cómo sigue la ciudad estos días.  Me gusta por sutil.

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Y esta es una foto mía sobre la ausencia en Av. Insurgentes. ¿Imaginan qué difícil no ver ni una sola persona sobre una avenida principal a las 9 pm en una ciudad con 20 millones de cabrones? El miedo nos la puso melancólica.

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***

Do you remember that little boy, Papa?

Yes. I remember him.

Do you think that he’s all right that little boy?

Oh yes. I think he’s all right.

Do you think he was lost?

No. I don’t think he was lost.

I’m scared that he was lost.

I think he’s all right.

But who will find him if he’s lost? Who will find the little boy?

Goodness will find the little boy. It always has. It will again.

The Road by Cormac McCarthy, 2006.

Corte de caja

Creo que ya tenemos una masa crítica de la primera oleada de información para hacer un corte de caja sobre la influenza.

Según la mayoría de mis fuentes –tanto las escépticas y conservadoras como las alarmantes–, esto es un problema real y no un invento de los partidos políticos. (Para esta sesuda conclusión nomás falta conocer el sistema político mexicano, digo yo, pero bueno. Personalmente, no creo que ningún político mexicano sea tan inteligente para orquestar algo de esta magnitud. Sería otorgarles un poder y un beneficio extraordinarios).

Según el Dr. Gustavo Reyes Terán, Jefe del laboratorio del Centro de Investigación en Enfermedades Infecciosas del INER, los epidemiólogos llevan esperando esto hace muchos años. De eso se tratan los congresos mundiales de epidemiólogos, pues. Se sabe que las epidemias son cíclicas, después de la de 1918 y la de 1968 se esperaban otras de igual magnitud. Se pensó que en 2003 iba a ocurrir en Asia y por eso se hicieron planes nacionales de contingencia, pero no fue así.

Ayer lo oímos decir: “finalmente ocurrió y nos tocó a nosotros”.

Claro, a nosotros nos agarró sin plan nacional de contingencia, uno que bien diseñado habría evitado, entre otras cosas, el pánico.

El asunto aún preocupante, más allá de la cantidad de muertos, es que se trata de un virus que nadie conoce y para el que no hay vacunas existentes. Estas llegarán en seis meses aprox. Aquí es donde la puerca realidad tuerce el rabo: en las películas las curas se hacen en diez minutos.  (Llegarán las vacunas, claro, con toda la mala leche que SIEMPRE han tenido los  laboratorios, por supuesto. De que alguien ganará montones de dinero con esto, no me queda la menor duda).

Mientras tanto no queda más que andarse con cuidado. Los antivirales parece que solo funcionan en las primeras 24 a 48 horas de síntomas, aún en dosis muy altas y si el cuerpo tiene una condición preexistente la cosa se pone pior.

Reyes explicó ayer que las epidemias vienen en oleadas y se tardan meses entre una y otra. En el mejor de los casos, decía, esto se volverá una meseta (ay Deleuze) más constante, sin picos repentinos de enfermos (ni muertos) que poco a poco dará su virulento brazo a torcer.

Si esto tiene bases en la realidad, entonces estaremos viviendo tan solo el principio de algo que nos acompañará durante el resto del año. Eso quiere decir que aún con el miedo, tendremos que quitarnos los tapabocas eventualmente y  volver a las calles, a los antros y a los besos. Creo que nos espera un año probatorio para la prudencia, el respeto recíproco y el sentido común mexicanos. Maldita la hora.

Las compras de pánico o irse a vivir a Alaska son medidas un poco desproporcionadas y habría que pensarlas otra vez. Está bien el miedo inicial (tenías que ser de hule para no sentirlo) pero es hora de recomponernos y pensar más a largo plazo.

Aunque me estoy adelantando: esta primera etapa de emergencia continuará inestable unos 10 días más. Como no conocen bien el virus, no saben qué pueda ocurrir. Supongo que es como tener un perro nuevo. Te puede salir una lacra o no. Todos tenemos la esperanza de que este pinche perro ladre más de lo que muerda.  (Aquellos que secretamente quieren que realmente ‘pase algo’ supérenlo no mamen, busquen qué les aburre tanto de sus vidas).

Estos 10 días recomiendan mantenerse en estado precautorio y tratar de no enfermarse.

Ok, tú puedes enfermarte, porque pues eres muy chingón y dices que la enfermedad es curable y no tienes miedo ni nada, pero acuérdate que hay un chinguero de gente con diabetes en esta ciudad del sobrepeso (una enfermedad crónica que complica las cosas), que hay asmáticos, gente con enfisema, con lupus, con SIDA, con otras enfermedades inmunodepresoras y sobre todo, hay un chingo de pobres. En muchos casos la pobreza viene con desinformación y aunque tú tengas internet en tu casa, hasta en tu cama, hay mucha gente que no tiene agua corriente (Ajá, sí, en eeeesta ciudad, cómo ves)  se automedica o que le tiene miedo a los hospitales. Es decir, nos importa que TÚ no te enfermes no por ti, chamaco pendejo, sino porque no andes regando la miel por todos lados.

Lo único cierto es que el miedo es agotador. De antier a hoy parece que nos pasó un tren de confusión encima.

Yo por ejemplo, le bajaré a mi repentina amargura. Ya ya, no me vuelvo a quejar de que alguien haga bromas.

En su lugar pongo algo que me dijo ayer un amigo (conste que yo no fui): “creo que los mexicanos, en algún punto, deberíamos empezar a superar ese Nelson que todos traemos dentro” (Nelson el de los Simpsons, cuya expresión peyorativa “Ha-Ha” es absolutamente identificable).

Lo que me molesta del escepticismo mexicano es que se trata de la misma fe ciega cristiana pero en negativo. Es un acto de fe en sentido contrario  y no un cuestionamiento real. Es negación y no pregunta.

Ok, busquemos pruebas de que las farmacéuticas son unas hijas de puta (ejem, ya tenemos varias) y entendamos cómo y con cuánto se beneficiarán, oh sí señor muchísimo; hagamos un escándalo contra ellas y contra todos los demás cabrones que nos pusieron en este estado…pero imaginemos que nos somos la única circunstancia existente y juzguemos desde el piso, no desde el púlpito.

Deténganse

Ora que Banksy ya no está hot:

“One of those magical media transmutations has taken place. Banksy is no longer hot. Only six months ago it was the bane of a critic’s life to be asked to comment on Banksy every couple of days. Now it’s hard to persuade editors to let me mention him. You live by the media, you die by the media”.

Jonathan Jones, The Guardian, 15 abril 2009.

Hace 6 meses sí, ora no. Ay yaaa, por favor, ¿hasta dónde podemos estirar esta manía del mundo por lo nuevo? Nos hemos vuelto y convertimos todo lo que nos rodea en moscas de la fruta, hemos perdido las ganas de tener memoria.

Los blogs son oh-so-very-2004, el facebook oh-so-very-2007 y el boom del Twitter nos llegó (atrasado) en el 2008. Estoy un poco harta de aburrirme de todo tan pronto.

Por ejemplo, acabo de descubrir una banda que me gusta mucho, se llama Tune-Yards y el rarísimo disco se puede bajar acá. Lo que me encabrona es pensar que será una cosa de una tarde, que en tres minutos podría llegar a ser una banda muy famosa, en cuatro decadente y en cinco, sólo cinco minutos los batos tendrán que dedicarse a otra cosa porque ya nadie los pela.

Me preocupa porque al rato la gente va a pensar que así son también los amigos y los estudios y los libros y las enfermedades y las felicidades. Todas estas cosas están hechas de tiempo, no hay fórmulas inmediatas y uno paga muy caro pensar que son mágicas. Y si el siglo XX nos enseñó algo es que nosotros no vamos tan rápido como nuestros inventos.

Un pequeño manifiesto: démosle a lo nuevo un poco más de tiempo.

***

Aparte y ya en terrenos del “self-righteous prick” quiero expresar mi total desacuerdo con este miembro del jurado de premio Turner (el que se da a artistas británicos) que escribe en The Guardian:

…I believe in education. The reason I don’t like street art is that it’s not aesthetic, it’s social. To celebrate it is to celebrate ignorance, aggression, all the things our society excels at. For middle class people to find artistic excitement in something that scares old people on estates is a bit sick.

Que no mame.

Grimoire

La hermosísima palabra grimoire (grimorio en español) designa un libro de magia, el recipiente de los secretos más preciados del hechicero.

Existen, no los invento. Un rápido y somero wikichapuzón puede hablarles de San Cipriano, que era todo un coleccionista de estas ondas egipcias y del enorme Aleister Crowley, escritor británico loquísimo que además fue master ocultista, satanista y hasta yogi del siglo XIX. (Además, creo, tenía un nombre estupendo).

La cosa es que Alan Moore, una especie de Crowley moderno, lleva años de investigación sobre misticismo, buscando desde los orígenes pitagóricos de la Cábala hasta la verdadera historia del Dr. Faustus. El autor de Watchmen está a punto de convertirlo en un comprehensive grimoire, que espera tener listo en dos años. Moore being Moore, quiere que el libro sea, además, divertido:

We want this thing to have a lot of really fun inserts, fun features. Something that would delight a child. We want to make this not only a perfectly lucid and accurate book about magic, but we really want to make it a book about magic that would not disappoint an 8-year-old child if they came across it.

Back when I was a child and I first heard about magic, then I kind of knew instinctively what a book of magic would be. It would be unimaginably wonderful. It would have fantastic things in it. It would be much better than the children’s comics annuals I got at Christmas, and they were pretty wonderful.

El hecho de que Moore vea el paralelismo entre recibir esos comics para navidad y un libro de magia es absolutamente entrañable.

Estoy segura de que si a más gente le enseñaran el placer de leer cómics, este sería un mundo donde la magia iría caminando por las calles como si nada.

La entrevista completa con Moore está acá. Está buenísima, por cierto.

***

rorschach

Claro que vimos Watchmen en Imax (acompañantes de lujo, por cierto) y claro que me divertí y amé el momento y me emborraché un poco a la salud de una película que, sin embargo, sigo pensando que no tenía ningún sentido de ser realizada. Dinero mal gastado, que como dice el propio Moore, serviría más en un rescate a víctimas de algún desastre natural.

Zack Snyder, pobre fan deshuevado, respetó tanto que se diluyó en un megamultimillonario tributo a Moore. Un Moore que no necesita ni quiere ni entiende por qué diablos alguien querría hacerle un tributo así, quitándole la oportunidad a tanta gente de interesarse y leer la novela. Ok, ahora todo el mundo sabe de qué se trata Watchmen, en qué acaba y cómo se ve…¿y? Después de verla nadie va a sentirse ni más subversivo ni más disgustado con nada. Puro empacho palomero y a casa a querer comprar más.

Parece mentira que haciendo un filme político (por que eso es Watchmen, aunque al director se le escape) Snyder no se preguntó por qué madres era relevante hoy. No tiene ni un sólo comentario, ni un solo ensayo sobre lo que pasa ahora…me atrevo a decir que a quienes nacieron después del 90 (quienes ya tienen casi 20 años, god I’m old) van a salir pensando que en los 80 teníamos un gusto malísimo para la ropa y nada más.

Perdió la oportunidad Snyder de enfurecer a los fans (me hubiera encantado salir furiosa del cine), perdió la oportunidad de volverse autor y se quedó en maquilador de páneles directamente sacados de los dibujos de Gibbons. Las mejores líneas de la película por cierto, también son de Moore.

Fue lindo recordar algunas:

Night Owl (tratando de evitar un muerto más): What’s happened to America? What’s happened to the American dream?


The Comedian (después de disparar a un civil): It came true. You’re lookin’ at it!

Y ésta, que hizo particular mella en mi cansada memoria amorosa:

Rorschach: Used to come here often, back when we were partners.

Dan Dreiberg/Night Owl: Oh. Uh, yeah… yeah, those were great times, Rorschach. Great times. Whatever happened to them?


Rorschach: You quit.

***

Eso sí, la veré tres o cuatro veces más: porque para mí es relevante, porque quiero volver a llorar la (spoiler…) muerte de Rorschach, porque no mamen, ¡dónde encontraron ese actor! Es más Rorschach que Rorschach himself, porque The Comedian está increíblemente quesito (se parece a Robert Downey pero en mamado), porque la cogida es hiper ochentera y extrañaba esa estética de 9 1/2 semanas cursi-caliente, porque nomás en la secuencia inicial Snyder, tan estupendamente pop él, hace un video extraordinario á la MTV-1986, porque el cabrón  la hizo para complacernos y, masturbatoriamente, tristemente, lo logró.

Seems ages

Ages since I was here. Hambre de bloguear, de volver a verte acá sentado, mirando cómo escribo.  Hambre hambre hambre.

***

México está hecho un estúpido. Calderón dice “son ellos o nosotros” (refiérese al narco y al NarcoEstado) y yo llevo tres días rechinando los dientes, gritándole a todo el mundo que este señor parece creer que somos pendejos y que no sabemos que “ellos” y “nosotros” son los mismos, nomás se cambian de cachucha.

***

Ya vengo.

Seriously dude

Chale, postear triste es durísimo.

Salió la noticia de un argelino que puede comer bombillas, aserrín, uñas y más de 1,000 huevos cocidos a la vez y yo iba a decir que lo difícil no es comer eso sino darse cuenta de que lo puedes hacer.

Algo así como: Mira, me voy a comer un foco, Ah, qué padre… ¿No te pasó nada? No, creo que no. Oye ¿y por qué no pruebas con otro foco? Igual en el que sigue sí te mueres… mmhh…no, fíjate, qué chistoso, no me pasó nada, ¿probamos con aserrín?

Y así, ad nauseam, literal.

Yo pensé que eso era bien tarugo y me iba a quitar el estado de ánimo de muerto viviente que traigo pero ni madres.

Me queda gritar fuerte fuerte y decir aaaaaauuuuuch me duelechingadamadre.

O no…no decir nada.

La verdad es que hay días que uno quizás no debería postear.

Cosas pequeñas, mientras más pequeñas mejor

Deseo hablar de cosas chiquititas que no cambien nada, como Onetti cuando desde su cama decía “pensar en cosas que no importen, cuando ya no importe”.

***

Oí por ahí que las obras de arte, como las personas, se conocen mejor cuando las echas a pelear.

***

Quiero tejer algunas líneas de sutiles de pensamiento, pienso que harían un suéter estupendo: la película de ayer, un momentito de la película de ayer, con un hilo delgado de otro color, del color de Watchmen.frostnixonmovieimages

Watchmen en realidad no existiría sin Nixon. Entre otras miles de sutilezas, de eso habla Watchmen (la novela, of course).

El mal “necesario”, aquello que no es ilegal si lo hace mr. president o el decadente superhéroe en turno.

Por eso pide Rorschach que lo maten: nomás un loco no entiende que en el narcocapitalismo rampante es indispensable vivir en constante estado de excepción. Nuestro querido Dick –the biggest dick ever– Nixon inmortalizó el cinismo y alguien, Peter Morgan, escritor de Frost/Nixon supo que ahí estaba ese germen de la crisis que ahora nos tiene estornudando.

Nixon es Bush es Ozymandias es Fox.

Vicente Fox, ese que empezó el conteo de “miles de muertos mexicanos presas de la gran epidemia de estupidez”, los 9 mil y los demás que nadie cuenta en estos dos años y cachito de Calderón; que aún no se acercan a los 2 millones de Vientam pero sobrepasan por muchos los 3,500 totales de Irlanda del Norte en 1969 por ejemplo.

***

Él lleva unos 10 años diciendo cosas interesantes de Watchmen (tiene una tesis de eso forgodsakes!), en caso de que alguien quiera ir a la peli con un contexto más amplio aún si haber leído la novela.

***

Dolió hablar de Watchmen como una película de Zach Snyder en la columna de Chilango de este mes. No me quejo, es increíble ser requerida para hacerlo , pero fue como hablar de un pariente muerto. (Algo así como un pariente que escribió una novela magnífica y del que hay que hablar porque alguien sacó una línea de calzones con su nombre).

(Je…Tener tan poco espacio por ejemplo para la futilidad, no poder celebrar/lamentar la idea de que muchos millones de personas se obligarán a pronunciar “Rorschach” o se inventarán una manera chistosa de hacerlo).

***

Salí contenta de Frost/Nixon pues el guionista hizo el trabajo más duro: picó piedra desde su mesita solitaria y dejó, como debe un buen escritor, que todos se lucieran más que él: sus personajes, sus detalles, sus líneas, el director (un Ron Howard a quien, por cierto, no soporto).

***

En lugar de decir cosas semi-inteligentes de Watchmen (la muva) como intenté en la columna para  Chilango, sólo quiero decir que me gustaría sentarme junto a Moore el día del estreno a no verla. Esa es una cosa suficientemente pequeña, el acto de sentarse a no hacer algo.

(Aunque sé que pasadas las doce de la noche, al día siguiente no voy a resistir y la voy a ver contra todos mis principios).

***

El trabajo, los reportajes parecen pequeñamente importantes, las lecturas y la FFyL también. Saber que en portugués la palabra ‘apelido’ significa apodo y no ‘apellido’ también pareció pequeñamente grande, importante.

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Esta foto mía (gracias Pedro Miguel) en La Jornada de antier lucía así, peque-importante, blanco y negro, papel periódico, penúltima página. Qué pequegrande verse allí.

Una foto que me recuerda a mí haciéndome chiquita, foto de celular que tomé punto-de-vista-gato, ras del suelo, mirando en contrapicado a la que bailaba en aquella tarima.

El hecho de que haya nuevos lectores aquí por esa foto, qué peque-importante, qué momento.