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Ha llegado el momento de cerrar este blog.

Otro vendrá, seguramente, pero el tiempo de este ha terminado. Lo empecé cuando era otra Ira y la nueva está pidiendo a gritos cerrar algunos círculos inconclusos. Mmmmh, miento….en realidad lo que pide es abrir espirales ascendentes, rizomas, síntomas de que el tiempo existe y que no es sólo el viento que mueve el pelo.

Y aunque El Taza es la neta, ahora mismo no siento que pueda hacerlo desde aquí.

Aún no sé si cerrarlo por completo, es decir, no sé si levantar el changarro o dejarlo como un atrapa moscas electrónico. Como decía mi papá que decía Miguel Ángel, lo decidiré cuando lo haga.

No me quiero ir sin hacer una pequeña fiesta coctelera (tomen por ahí sus whiskeys, hay uno para cada quien) para sus mercedes (si es que aún quedan algunas mercedes lectoras por ahí) y bueno, qué digo que digo que digo…

-Mi memoria de los datos duros es un queso cottage. Soy una bestia para las matemáticas que nunca aprendió a resolver quebrados y que pasó Cálculo Diferencial por el milagro de que el maestro era además dramaturgo y me aceptó una obra corta a cambio del examen final. Cualquiera que me conozca en persona sabe que 1) jamás me acuerdo de los nombres de nadie hasta por ahí de los seis meses de conocerlo 2) tendrá que recordarme el lugar, la hora y la fecha de nuestra cita cien o doscientas veces (y cien veces le llamaré por teléfono para que me la recuerde)… pero nunca me olvido de lo que sentí. Esa es la única razón por la que puedo escribir de viajes. Sólo tengo que cerrar los ojos y repetir como en un mapa las sensaciones, los colores, los ensayos espaciales que realicé en cada lugar. Para mí son caminos recorridos y puedo regresar a ellos las veces que lo necesite. Uno de esos pocos talentos con los que nací. Los lectores de este blog (¡mamá, prende la tele, Ira tuvo lectores!) me hicieron chirriar como un gis en pizarrón nuevo, todas y cada una de las veces que comentaron. Para bien y para mal. No tengo con qué agradecer.

-Aun en los silencios (sobre todo en los silencios) este blog es una bitácora del miedo y la bravura, de la soledad, del deseo, de las ganas de que todo cambie, desde la rotura de mi pensamiento hasta la política de este país. Si pudiera aspirar a algo, es a que este blog haya servido para algunos como una colección de posts arrancables que deberían poderse pegar en el refri. Quizás algo que les hizo la vida más extraña, algo que pudiera acompañarlos en sus propias historias del miedo y la bravura, de la soledad, el deseo y las ganas de que todo cambie.

-Que quede clarísimo: no cierro mi blog porque tenga la peregrina y vertical idea de que “publicar en línea no es publicar” JA. Por supuesto que lo es. Esto no es un género menor –yo sostengo que esto es un género– y nadie tiene por qué venir a quitarnos dignidad. Que digan misa las editoriales: los libros no son los únicos donde se hace literatura. Es más, en muchísimos libros la literatura brilla por su ausencia. La dignidad (no hablo de si es bueno o malo, sino de ser digno) está en que al autor se le vaya la vida en cada capítulo. Quizás no lo crean, pero muchas veces dejé de dormir o llegué tarde a algún lado o cuestioné mi ética o tuve una acalorada discusión en la vida real por lo que había posteado. Respeto mucho el tiempo de la gente.  Aquí nunca perdí el tiempo y espero nunca haber perdido el tuyo, el tuyo y mucho menos el tuyo.

Así que ¡salud!

God bless you Mr. Rosewater…and thanks for all the fish!

Qué desmadre. El aliento es otro cuando hay que abstraerse tanto. La ciudad se oye. Acallarla es un acto de concentración titánico. El teclado querty de a dos dedos no le alcanza al post. Todo tiene puntos suspensivos o puntos y pinche aparte. Como si uno pudiera ir pensando en tuits en la vida. La ciudad suena como sillas de metal superpuestas y te interrumpe cerrando puertas, rechinando balatas, gritando nombres. Ahora mismo hay un padrastro tratando de ganar el derecho de cama con la madre “y como vas en la escuela?” y el niño contesta que “bien,puro ochos nueves y dieces” pero en realidad quiere decir: “como si te importara mamón”.

¿Cómo era?

Me intriga cómo se hacen los amigos. Las filias, cómo empiezan, qué vemos en el otro que no podemos resistirlo.

Hablo del otro amor, el que no tiene que ver necesariamente con sexo.

Los laboratorios del amor son las fiestas y las reuniones. En cada mesa un matraz, un mechero de Bunsen, una caja de Petri. Listos para la alquimia: nuestra intención siempre es buena.

Pero rara vez resulta.

De mis mejores amigos como de mis amores recuerdo la primera vez que hablé con ellos. Un chiste bobo. Los zapatos que traían puestos. Más de una vez me ha ocurrido que identifico la prenda antes que al amigo. Digo yo podría ser amiga de esos tenis, claro que sí. Mi amigo, el único que tiene pase directo vitalicio a mi departamento de la risa, fue primero una camiseta. yo podría ser amiga de esa camiseta, claro que sí. Me tardé un par de días en reconocerle la cara a la camiseta, que luego me aclaró “era prestada”. Chale. Y yo ya no podía echar para atrás lo de darle el pase vitalicio.

Otro amigo, el del pase vitalicio a la emoción onírica, fue primero unas mangas. Tuvimos muchas peleas al principio, nos veíamos en eterno conflicto, pero siempre supe que esas mangas ya no me iban a dejar. Las tendría cerca de mí toda la vida.

Lo que quiero decir es que lo supe desde el primer día.

Antes de que la música o los libros o el cine o las tardes de confesiones nos hicieran verdaderos amigos.

Lo que quiero saber es cómo le hace uno para saberlo tan temprano. Te da un gran golpe en la cabeza. No importa que luego vayas inventando los caminitos, ya sabes que por allí hay un sendero y como si fueras en un trance, lo empiezas a recorrer.

Luego digo que no creo en el destino porque el destino siempre es presente, no futuro. Pero existe, pues en este presente eterno las cosas tenían que ocurrir así y no de otra manera.

“There are paths outside this book, you know” le decía el Delirio al Destino.

Y el Destino, con su capa cubriéndole los ojos ciegos sólo acierta a leer una línea de aquél libro donde todo está escrito: “and suddenly, as if in some kind of trance, she goes on and says  there are paths outside this book, you know“.

Nine Lives

No sé cómo empezar este post sin contradecirme.

Siempre digo que el género (masculino o femenino) no debería fijar nociones a priori sobre una obra pues hombre mujer o quimera, a todos nos hieren y herimos, nos desean y deseamos.

La tradición que pesa sobre la crítica literaria hace que al hablar de un escritor con pene y pelos por todos lados, el crítico se clave un poco más en el texto, su propuesta formal, su inserción en la historia de LA literatura (de hombres), etc. En cambio, cuando hablan de una escritorA invariablemente empiezan por la persona.

Cuando se trata de una mujer al volante de un texto parece que debemos avisar; hablamos de una sensibilidad, de su actuar “como mujer”, de su punto de vista grafológicamente vaginal.

Lo odio.

Me gustaría que esas mismas cosas que se dicen de una mujer “es más profunda, más sensible, menos concentrada en la trama y más en las emociones de los personajes” se avisara cuando escribe un hombre. Nomás para que vean lo que se siente. Se me ocurre que podríamos notar cosas como: “es obvio que este tipo lo tiene difícil para hablar de lo que siente y no sólo de lo que piensa; el sentido de competencia exaltado es evidente y también el miedo a la castración”. Jejeje. Ok, no. Pero es horrible que sí se haga con las que portamos una par de tetas.

Todo este choro porque me parece que leer a Ursula K. Le Guin es indispensable y no quiero hablar de que es mujer, pero no puedo eludirlo.

Leer su novella Nine Lives es absolutamente sanador, del modo en que solo una mujer (Freud, ahí te voy) puede sanar. (Escuché hace poco que la gente que no puede calmarse sola es porque su madre nunca le mostró cómo. Para los bebés el asunto de aliviar la angustia es nuevo, alguien tiene que enseñarles cómo serenarse y esas cosas las enseña una mujer).

De modo que Nine Lives es una mujer contándote cómo le hace un clon para encontrar su triste identidad. Explicándote con una elegancia fuera de lo común que perder es elegir /es encontrar/ es ser.  En la pérdida hay tantas ganancias.

¿Tiene algún sentido lo que digo?

En fin. Ella lo dice mejor que yo, ya van a ver. La noveleta no habla sólo de eso, pues, tiene muchas otras capitas, como una cebolla morada de Marte. Es un prodigio el texto, vamos.

Por eso, aunque nunca hago esto de linkear archivos, hoy quiero que lean a doña Ursula. Me pasé la tarde buscándolo y finalmente lo encontré. Aquí pueden bajar el libro completo “Las doce moradas del viento” (en español), antología de historias de ciencia ficción de doña Le Guin. Allí le pican a Nine Lives y no se paran del asiento hasta que la terminen.

Y ya. Lo que hagan después no me incumbe.

‘La’ realidad

El otro día disgusté a mi primo preferido porque le dije que no creía en LA realidad.

Mi primo es periodista de a devis, de esos para los que la guerra no es algo que ocurre en la televisión; él ha estado allí (cuando la ex Yugoslavia se suicidó y cuando El Salvador se acabó de romper).

Dile a un hombre de esta integridad que la realidad no existe y te va a mirar con mucha lástima. Tendrá razón, pues desde su trinchera, algunas cosas son verdad, algunos datos no son intercambiables. La realidad es todo lo que no eres tú.

En este momento histórico donde el ego electrónico exalta el ego del mundo, donde todos publican una parte de ‘su’ realidad como si nada, como si fuera importante, es fácil perderse en este argumento. “LA” realidad, como la contaban antes, vía un periódico oficial o un discurso oficial (académico o político, da lo mismo) ya no existe, al menos para mí y las personas que conozco –informados, letrados, electronicoletrados, pues.

Lo mío no es un argumento solipsista. Aunque parece.

Cuando se lo refuté pensaba en la historia y la forma de contarla. La HHHistoria. La que se enseña en la prepa, pues, y en la primaria. Pensaba también en que, al menos de mi generación para abajo, aprehendemos esa Historia a través de la ficción.

Pensaba: la ficción también es Historia, es la historia romantizada de la humanidad, quizás la única que permanece. Por tanto, eso que tú llamas realidad es efímero; habrá elaboraciones de ella y cuando se acaben de elaborar se hará un libro, una película, un post y eso es lo único que quedará.

También es la historia editorializada. Aquello que permanece es la visión del vencedor (casi siempre). Los gitanos, los indios, los negros, los chaparros, los feos, los gordos, los idiotas, los pobres; de esos se hacen películas, pero desde el punto de vista blanco, alto, guapo, occidental, millonario, dizque inteligente. O mejor dicho, desde lo que nos han dicho que es lo blanco, lo alto, lo guapo y lo inteligente.

Así es la cosa, qué le va uno a hacer. (A menos que estemos frente a un milagro, que los hay por supuesto que los hay, y entonces nos maravillamos ante el prodigio, lo celebramos, cómo no, bebemos por la excepción…y ya. Regresamos a nuestra vida natural).

Salvo raras excepciones, nuestro conocimiento de un hecho histórico viene de la ficción. O mejor dicho: salvo raras excepciones todos tenemos al menos UN hecho histórico que sólo conocemos a través de la ficción.

El ejemplo clásico es  el exterminio ocurrido en los campos de concentración alemanes. Auschwitz es un lugar que conocemos bien porque lo hemos visto. Trivia mental: diga tres características de aquél campo sin pensarlas mucho. ¿Ya? Bueno. ¿De qué película las sacó? NO importa. Usted sabe que había pilas de zapatos (zapatos muertos), que la gente dormía en una especie de gallineros, que los prisioneros andaban descalzos, que hacía frío, que era un lugar gris plomizo.

Todo eso lo sacó usted de una película. Quizás incluso haya llorado por esas personas y recuerde vagamente a una niña güerita de abrigo rojo en una pila de muertos encima de una carretilla. Una niña muy muerta, una niña que no le permite dejar de sentirse indignado por lo que pasó en aquella guerra.

Esa imagen la tiene usted porque la guerra terminó y los alemanes perdieron. Nada tiene que ver con la realidad, aunque quizás haya ocurrido (así o de cualquier otra forma).

Pocas personas de este siglo o del pasado tienen la paciencia para ir directamente a buscar un libro escrito por un investigador, con bases históricas y reales. Habiendo tantos recursos visuales, económicos en términos temporales y entretenidísimos para asirse de una idea…uno no es tarugo.

A eso me refería. Entiendo los ojos llenos de lástima de mi primo. Entiendo que el solipsismo facilón enfade a cualquiera que se haya puesto a trabajar 20 o 30 años para hacerle ver a la gente (en el caso de mi primo, los lectores de la sección internacional) que allá afuera están ocurriendo cosas que modifican el curso de la humanidad cada vez.

Lo que pasa es que la gente debería discutir conmigo por carta o por mail. A veces necesito escribir para acabar de pensar.

(Hoy me toca ponerme de odiosa y que todos los hombres con fervores en la entrepierna por Zooey Deschanel me aborrezcan. Ni modo).

3 postulados estúpidos de 500 days of Summer, una verdadera chaquetita fílmica para hombres solteros y cursis equivalente a las comedias románticas (como de Meg Ryan) por las que tanto se critica a las mujeres cursis :

-Si le gusta la música que a mí me gusta, entonces es cool.

Postulado 1: En realidad, con quien quiero es andar conmigo. Estoy convencido de que las relaciones de pareja deberían ser como las que tengo con mis amiguitos hiper complacientes que todo me celebran. Desde mis gustos musicales hasta mis pedorreos.

-Al enterarse de que Zooey no está buscando una relación –a diferencia de toooooodas las mujeres ¿a poco no las han visto? ¡si lo único que quieren pinches viejas es casarse!–, el amigo del protagonista le dice “No eres normal, si no crees en las relaciones de pareja, eres un hombre”. Y pum, el protagonista termina de caer rendido a los pies de la Zooey.

Postulado 2: En realidad, lo que busco es un hombre en el cuerpo de una mujer.

-Cuando el protagonista golpea a otro patán en el bar, Zooey le reclama agriamente “¿Quién te dijo que necesitaba alguien que me protegiera?”

Postulado 3: En realidad, lo que quiero es un macho con falda que ni siquiera sienta un poco de dolor cuando a mí me golpean. Una mujer bien hombrecito, con testosterona de sobra para ambos en la pareja (ya que yo soy medio desgüevado, vamos).

Al hombre que se crea que esta película es ‘de amor’ le recomiendo ampliamente sentarse dos o tres años en el diván de un psicoanalista. Quizás todavía pueden ahorrarse el  divorcio.

Poooooostea!

Rápido rápido postea para que no se te olvide, postea postitea post-it-tea.

(Recomendaciones para mí, que siento urgencia de apuntar en algún lado)

Forget not my young padawan que:

-sólo a los hombres tarados les gustan las mujeres por sus atributos ‘masculinos’.

-sólo las mujeres taradas exhiben sus atributos masculinos para gustarle a los hombres.

-sólo la gente tarada piensa que los atributos per se tienen género.

-sobrecargarse de información es como llenar un patio con periódicos y dejar que venga la lluvia.

-leer un buen cuento, una tarde y disfrutarlo y no querer hacer más esa tarde no debe hacerte sentir culpa. Leer una sola buena cosa al día es hacer algo.

-cuando uno estudia, leer un cuento es como romper la dieta. Riquísimo.

-cuando uno escribe guiones-cuentos-novelas, leer papers académicos es como ponerse a dieta (mucho esfuerzo que acaba valiendo la pena).

-Vonnegut aprendió a reírse mientras escribía. (Tal vez la risa fue cómplice de su larga y provechosa vida. Si cuatro décadas de una cajetilla diaria de Pall Malls no lo mataron, no entiendo qué más necesitas para ponerte a escribir. Casi por prescripción médica, pues).

-Esta(s) novelas no se acaban solas.

-Escribir también es ordenar el mundo. Ya que el orden de tu recámara te elude, intenta con la novela.

-El tiempo no es tiempo: es un gran helado de blueberry en canastilla.

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