Deleuze

No sé cuánto no sé de filosofía.

Mejor.

Estoy buscando nuevas formas de acercarme a todo. Rindiéndome ante la posibilidad de no saber, por ejemplo, o de quedar mal o de lucir idiota. Total, para búsqueda de amor incondicional están mis gatos.

Lo que quería decir es que estoy leyendo a Gilles Deleuze como se bebe de una tetilla con leche caliente.

Rizoma, la introducción a Mil Mesetas en colaboración con Félix Guattari, es enorme, pero también lo que escribe sobre Kafka, sobre Alfred Jarry, y sobre el cine en La imagen en movimiento.

Hoy, en mi segunda lectura de Rizoma, me jalaron un par de ideas que pensé compartir aquí, ya que tengo medio seco el seso bloguero. (Quizás el Twitter sea una especie de rapidísimo popper contra este blog que solía ser un largo fix de heroína, ya me desintoxicaré).

“La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa, ese es su devenir-mundo para devenir imperceptible, asignificante, trazar su ruptura, su propia línea de fuga, llevar hasta el final su “evolución paralela”. Sabiduría de las plantas: incluso cuando tienen raíces, siempre hay un afuera en el que hacen rizoma con algo: con el viento, con un animal, con el hombre (y también un aspecto por el que los animales hacen rizoma, y los hombres, etc.) “La embriaguez como irrupción triunfal de la planta en nostros”.

Válgame jesucristo-redentor. Qué manera ponerme a pensar este inchi parisino. ¿Alguien sabe de una chamba en donde paguen por leer cosas así? Yo la quiero.

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